martes, 17 de abril de 2012

El Hombre Manipulador




Hace muchos años atrás conocí a un chico guapo en mi trabajo.  En apariencia era amable, respetuoso, jovial, gracioso, encantador.  Me gustó mucho y de inmediato nos empatamos.  Como trabajábamos en el mismo lugar yo sentía que sus llamadas frecuentes y las visitas a mi oficina (todavía más frecuentes) eran halagadoras. 

En el trabajo se usaba uniforme pero fuera de él yo me vestía como cualquier chica en sus veintes: Sexi y atractiva.  Empezó a decirme cosas como que mis piernas eran demasiado flacas para estarlas exhibiendo así que no debería usar faldas tan cortas.  O que los pantalones demasiado apretados me hacían ver como un hombre.  Por las noches me decía que me iba a llamar antes de acostarme y lo hacía más o menos a la misma hora. A veces me llamaba de nuevo bastante entrada la noche y me decía: “quería asegurarme que no habías salido”.

Mi mundo se empezó a reducir cuando decidimos irnos a vivir juntos.  No me dejaba salir con mis amigos. Los domingos, que era los días que yo ocupaba para visitar a mi familia, me decía que no fuera porque él se iba a sentir muy sólo sin mí y nos poníamos a ver una maratón de fútbol que duraba toda la tarde.  Jamás salíamos al cine o a comer en esos días.  Si me gustaba el fútbol lo terminé de odiar después de varios domingos así. 

Me decía cosas como: “Que flaca eres.  Pareces una calavera.  Come más”.   Y si comía mucho me decía “Oye, deja de comer que te vas a poner como un globo”.   Me celaba hasta la sombra y me hacía escenas si algún amigo o conocido varón me hablaba.  En el trabajo si llegaba a verme un cliente varón, me llamaba y hostigaba durante la visita del cliente hasta ponerme muy nerviosa y hacia que me viera como una novata.  Si el cliente era importante, descolgaba el teléfono para asegurarme que no me llamara.  Como no le contestaba el teléfono pasaba frente a la puerta de mi oficina mil veces cual león acechando a su presa. 

Cuando salíamos con amigos tampoco era agradable.  Se la pasaba haciendo bromas a mis expensas.  Se burlaba de cosas que yo había dicho o hecho y me hacía sentir que yo no valía.

Perdí mi autoestima, perdí la alegría de vivir y perdí contacto con mis amigos y familia. Me sentía como un pájaro desplumado en una jaula de oro.

Con el tiempo el renunció y se fue a trabajar a otro lado y fue cuando empecé a sentirme más tranquila y relajada.

Tenía un amigo llamado Steve que también trabajaba conmigo y había visto las manipulaciones que mi ex me hacia.  Steve siempre me decía que debía de dejarlo y nunca le hice caso.   Y no era el único que me lo decía.  Yo en el fondo sabía que estaba mal, pero no tenía fuerzas como para dejarlo.  Siempre estaba intentando complacerlo y no importaba lo que yo hiciera, siempre hacía las cosas mal ante sus ojos.

En su nuevo trabajo mi ex tenía que trabajar de noche así que casi no nos veíamos.  Yo venía a casa a las 8 de la noche y él se iba a esa hora a trabajar. Se llevaba mi carro para asegurarse que yo no saliera.  Luego él regresaba como a las 7 de la mañana y a esa hora yo ya me estaba arreglando para irme a trabajar. 

Un día llegó Steve a mi casa como a las ocho y media de la noche y me exigió que fuera con él.  Me negué y me dijo: “Tienes que ver a tu novio y lo que está haciendo”.

No me explicó más pero yo intuía lo que iba a ver.  Me llevó a un centro comercial a la par de donde mi ex trabajaba.  Fuimos directo a los juegos mecánicos y ahí estaba mi ex con una chica gorda besándola y abrazándola.   Me dio tanta cólera que fui a pedirle las llaves de mi carro.  Steve se quedó discretamente viendo sin que mi ex lo viera.  A la chica no le dirigí la palabra pero a él le dije: “¿Y con “esta” me engaña? Si quería engañarme lo hubiera hecho con alguien que fuera más bonita y tuviera mejor cuerpo que yo.  No con esto.”

Salí de ahí con las llaves de mi carro y llorando de la cólera.  Steve me ayudó a sacar mis cosas de la casa esa misma noche y me llevó a la casa de una amiga.  Siempre le estaré agradecida a Steve por haberme abierto los ojos.

Mi ex me rogó regresar.  Me lloró, me escribió miles de cartas, recibí miles de llamadas.  Recuerdo en especial una ocasión en la que yo no había encontrado parqueo cerca de mi trabajo y había dejado mi carro a tres cuadras en una zona donde jamás lo dejaba.  Ese día había llovido y cuando llegué a mi carro, encontré una carta entre el parabrisas metida en una bolsa de plástico para que no se mojara. 

Cometí el error de regresar con él un par de meses después pero sólo fue para que la cosa se pusiera peor.  Terminamos muy mal después de eso y hasta ahora no quiero verlo ni en pintura.    

Esta es tan solo una historia de tantas en las cuales las mujeres caemos víctimas de la manipulación.  Hay varias formas de manipulación pero todas tienen un común denominador:  el manipulador es una persona encantadora, que al principio de la relación te baja las estrellas del cielo y te dice lo hermosa que estás para ganarse tu cariño.  Poco a poquito empieza a decirte cosas que debes de cambiar, a veces de una manera muy amable y sutil y otras un tanto pesado como para hacerte sentir mal.  A veces hasta pone la voz de niño o te hace ojitos para lograr sus propósitos.  Como estás enamorada te dejas seducir por ello.

Otra cosa muy común es que te hace sentir culpable.  Y lo peor es que es de sus propias faltas.  Un ejemplo: “Por tu culpa no voy a poder comprarte el regalo que había pensado para tu cumpleaños. Haz aumentado de peso y no creo que te vaya a quedar” OJO!  Que acá no sólo te está diciendo que no te va a dar nada para tu cumpleaños sino que encima te está llamado gorda.

Otra arma muy poderosa es el enfado.   “No te quedó bien la cena.  Que feo el sabor.  ¿Sabes que?, no me comeré esta asquerosidad. ¿Te das cuenta que estaré sin comer por tu culpa?” OJO!  Te está llamando mala cocinera y te deja dudando si de verdad lo eres o si solo te quiere hacer sentir mal.  Luego te dice de que se quedará sin cenar por tu culpa ¿No sabe el número de la pizzería?  Y si esta escena se repite seguido: ¿Por qué no cocina él?

Otra arma poderosa es crear una situación de desesperación.  Te grita, te dice palabras feas y en el peor de los casos hasta te puede levantar una mano.  Luego te llora, te suplica y te pide que lo perdones.   Un ejemplo típico es el de una vez en que íbamos a una fiesta con mi ex.  A él no le gustó el vestido que me puse y me hizo cambiarme como tres veces.  Cuando al fin me vestí como él quería empezó a gritarme diciéndome que ya íbamos tarde que era mejor no ir.  Se fue de la habitación dando un portazo.  Normalmente mi reacción era ir tras de él y suplicarle pero ese día no me apetecía.  Estaba cansada y honestamente después de tanto cambio de ropa no quería ir más.  Regresó a la habitación, me gritó de nuevo y yo no reaccioné.  Me tumbé en la cama y me quité los zapatos.  Volvió a irse y regresó otra vez más sereno.  Me abrazó, lloró y me dijo que había tenido un mal día y me rogó que fuéramos.  Al final fuimos pero me la pasé fatal.  Cada vez que tenía una de estas escenas sentía que me quedaba sin energía porque requiere mucha energía tener este tipo de pleitos y más si son todos los días.

El arma letal es el pedirte perdón.  Cuando ya has aguantado miles de sus arranques de furia, de sus ojitos de perrito, de hacerte sentir culpable, de enfados, lloriqueos, reproches, etc.  Llegas a cansarte y decides que es mejor dejar las cosas.  Se lo dices y él cambia de estrategia.  Ahora no te culpara a ti sino que se culpará a él por todo lo que hizo mal, lo que te dijo, te da la razón, ahora quiere cambiar todo lo que por años le has pedido que cambiara.  Quiere que lo perdones por todo el daño que te ha hecho y te promete que tendrán el mejor de los futuros si juntos trabajan para ello. 

El grave error que cometemos las mujeres es que nos dejamos seducir por el encanto y por las bellas palabras del manipulador.  Queremos creer de que realmente las cosas van a cambiar.  Queremos creer de que realmente él es sincero y vamos a ser felices juntos y para siempre.  Pero no es así, esta es solo un arma para retenerte, para seguirte controlando y para seguirte manipulando.  Tarde o temprano volverá a lo mismo y el círculo vicioso se volverá a repetir.

Es difícil para una mujer no caer en la trampa de un manipulador, pero más difícil es salir de ella.  Requiere una fuerza de voluntad inmensa y si tu autoestima está por los suelos ¿De dónde la sacas?  Pero las mujeres somos seres maravillosos que podemos encontrar fuerzas de donde no las hay.  La clave en todo esto es que tienes que pensar en tres prioridades: Primero tú, segundo tú y tercero tú.   Analizar si tú eres feliz, si es realmente como quieres vivir el resto de tu vida, si esa persona es realmente la que quieres para que sea el padre de tus hijos. 


También existe la manipulación de la mujer hacia el hombre.  Pero esa… será otra entrada en mi blog. 

Links de interés:







miércoles, 11 de abril de 2012

Mi papá, el cometa



El día de mañana mi padre cumple sesenta años.   Otra vez no puedo localizarlo.  No me aflijo mucho porque sé que es  algo usual.  Se pierde por temporadas y uno se preocupa mucho para luego aparecer como que si nada y al escuchar mis reclamos me dice: ¿Qué?  ¿ De qué te enojas?  Yo estoy bien. 

El siempre ha sido así.  Sino que lo testimonien sus dos ex mujeres.   Decidió no casarse de nuevo para no tener que lidiar más con esos pleitos.  Dice que conmigo tiene suficiente ya que yo actúo más como su mamá o mujer que como su hija.

Desde niña mi mamá evitó a toda costa que yo tuviera trato alguno con mi papá. Ellos se separaron cuando yo tenía apenas 5 años.  Me lo pintó como un hombre perverso, irresponsable, drogadicto, soñador, loco, malvado, mentiroso, embustero, bohemio y  alcohólico.   He de decir que algunos de los adjetivos fueron exagerados y otros no.  Cada vez que lo veía, que eran dos veces al año, mi mamá se moría de los nervios de que yo iba a adoptar su forma de ser y  a ser como él.  Ella no quería que yo me “contagiara” de su horrenda forma de ser y sus malas actitudes y costumbres.  Cada vez que yo regresaba de una de esas visitas me estresaba dándome un sermón y tratando de sacar información de lo que me había dicho por si me había mal aconsejado.  El nunca hizo nada de lo que mi mamá temía pero eso era lo que ella creía ciegamente. Cuando cumplí los 16 años tuve un pleito tan grande con mi mamá después de haberlo visto, que voluntariamente decidí dejar de verlo a él y a toda su familia bajo la amenaza que al cumplir los 18 años yo ya era una adulta y si quería buscarlo, lo iba a hacer.  Al menos estuve tranquila por 2 años de mi vida sin pelearme con mi mamá por ello.

Se llegaron los 18 años y no lo busqué.    Se llegaron los 20 y luego los 22.  A los 22 ya no podía vivir más sin mi otra familia, así que decidí tomar acción.  A los primeros que busqué fueron a mis abuelos paternos y a través de ellos supe de mi papá.   Vivía en esa época en South Lancaster, Massachusetts (cerca de Boston) y seguía viviendo con su segunda mujer e hija.   El me envió una carta para empezar la comunicación de nuevo en la cuál se leía lo siguiente:

Lo siento mucho hija, yo sé que no he sido un buen padre para ti, yo he estado pagando de una forma u otra todos los errores que yo he cometido contigo, como si tu fueras la culpable de lo que sucedió entre tu mamá y yo y hoy me doy cuenta de ello.  Ahora quiero buscar de ti, hablarte, entablar mas los hilos de comunicación y de amor y cariño que te tengo.  Pero también te lo quiero demostrar, no sólo decírte cuanto te quiero en palabras sino que también en hechos.

Por eso ahora me siento como el más grande de los villanos, pero yo le he pedido a Dios que me perdone y ahora a ti y así ahora los años que me queden de vida dedicártelos a ti y a mis posibles nietos que me des. 

Ahora bien, si tú me rechazas, no te culpo porque yo no he estado allí cuanto tu me has necesitado.  Aún así sabes que tú estás en mi corazón y en mis oraciones de todos los días.   Que Dios te bendiga!!
Con todo mi amor,  Odonel”

La carta me causó sentimientos encontrados.  La parte de: “No solo decirte cuanto te quiero en palabras sino también en hechos” me enterneció mucho y quise con todas mis fuerzas que fuera cierto.   La parte de “...y en mis oraciones todos los días” no me la creí ni de chiste.  ¡No ha orado nunca!  Y si lo habrá hecho alguna vez, fue por pura necesidad y no por convicción.  Me di cuenta que la carta la firmó con su nombre y no como papá. 

Mi alma de aventurera me llevó a un viaje de varios meses por Argentina poco después de haber recibido esa carta y estando allá, recibí la noticia de que él iba a ir a Guatemala en dos meses más.   Yo tenía en ese momento la posibilidad de quedarme en Argentina con un buen trabajo y un buen chico, pero era muy lejos de mi país y con las ganas de ver a mi papá, decidí mejor emprender el viaje de regreso y prepararme para el reencuentro.

Yo tenía muchas dudas con respecto a su persona por las cosas que mi mamá me había dicho por años.  Una de las cosas era que él no había querído que yo naciera.   Que él había faltado a propósito mi nacimiento por ello.  Esa historia me carcomeó el cerebro por años pero aún teniendo resentimiento al respecto, quería darle la oportunidad a él de que me lo dijera en la cara o que lo negara.  Yo iba a juzgar si era sincero o no.

Se llegó el día de nuestro encuentro.  Era un sábado a medio día en mi restaurante favorito.  Nos abrazamos y durante la comida nos pusimos al día en nuestras vidas.  Cuando se llegó el postre entonces comencé a hacerle preguntas.  El contestaba una a una con honestidad.  Se empezó a formar lentamente una historia diferente a la que mi mamá me había dado.    Llegó el momento esperado en el que le hice la pregunta que más me interesaba: “ ¿Es cierto que no querías que yo naciera y por eso te perdiste mi nacimiento?” Se quedó en silencio viéndome fíjamente mientras asimilaba la pregunta.  Se le llenaron los ojos de lágrimas y tomándome de la mano sin quitarme la vista me dijo: “Si su mamá le dijo eso estaba mintiendo.  Yo esperaba con ilusión el día en que usted naciera.  Lamentablemente no me pudieron localizar y me perdí su nacimiento, pero me fui esa noche a la casa y hasta que no terminé de pintar su cuna no me acosté a dormir”. 

Me dió mucha alegría su respuesta y me sentí feliz de saber la verdad después de tantos años.  Ese mismo día mi papá me dijo estas palabras: “M’ija, yo soy una persona muy irresponsable y lo sé.  No sé ser padre, nunca lo supe ser.  No puedo mantener una comunicación constante aunque quiera y no espere de mí llamadas todos los días o cartas diarias.  Pero si le ofrezco mi corazón y mi honestidad en este momento.  Espero que me acepte como soy”.

Desde entonces los lazos de padre e hija se han estrechado cuando se ha podido.  Hemos hecho un par de viajes juntos, hemos compartido varias historias y hemos hecho nuevas y buenas memorias.  No será el mejor padre del mundo pero al menos fue honesto en decírmelo y yo lo acepto como es.   Cuando se desaparece como un cometa me preocupo pero sé que estará bien porque tiene un carisma y una suerte que cualquiera envidiaría.   Siempre sale adelante aún en las situaciones más comprometedoras.

Para la mala suerte de mi mamá, hay muchas cosas que heredé de mi papá, ya que nuestros carácteres se parece mucho.  Pero no todas esas cosas son malas.  Con los años he aprendido que sí, que es bohemio, mentiroso y un poquito embustero, soñador y loco pero es un excelente artista, tiene un carisma y un don de liderazgo capaz de mover montañas.   Tiene un gran corazón y muchos de sus defectos son opacados por sus virtudes.    Es un espirítu libre y un irresponsable aventurero.  Pero así lo quiero. 


Papa:  ¿Será que ya te fuiste a la quinta dimensión con los mayas?  Te deseo un feliz cumpleaños en donde estés y recuerda que te quiero muchísimo.   ¡Y comunicate o atenete a las consecuencias!  

lunes, 2 de abril de 2012

Esa noche...



No recuerdo todos los detalles de aquella noche ya que estábamos intoxicados de tanto alcohol.  Lo que recuerdo con claridad es que mientras más bebíamos más ganas nos daban de sentirnos, de amarnos y de estar juntos.

Entre mis recuerdos rotos encuentro un beso robado, una caricia escondida, una conversación profunda que no comprendo cómo se dió, algunas risas y palabras que se llevó el viento.

Estuvimos acechándonos  mútuamente como felinos a su presa hasta que nuestros deseos tomaron posesión de nuestros sentidos y nos dejamos llevar.

Salimos del bar donde estábamos y nos dirigimos a un motel.  Entre bromas y manos deslizándose en los rincones más remotos de nuestros cuerpos encontramos la habitación que buscábamos. 

Cama redonda y paredes en semicírculo tapizadas de espejos. El tapiz siniestro llegó hasta en el techo del lugar, dejándonos expuestos de una manera vulnerable.  La alfombra roja intensificaba lo seductor del lugar.

Ropa volando por la habitación, besos, caricias, suspiros, palabras de deseo entrelazadas en nuestras lenguas que se comían entre sí.

Observé a través de los espejos tu cuerpo desnudo, con todas sus virtudes y todos sus defectos mientras clavaba mis uñas en tu espalda.   Abracé esa imagen para retenerla en mi memoria y revivirla en las noches solitarias de mi existencia.

Disfruté cada uno de nuestros movimientos, cada gota de sudor, cada gemido cálido y sincero.  Nos comimos y recorrimos cada centímetro de nuestras pieles para volverlo a hacer y asegurarnos que no quedara ningún rincón sin explorar.

Por donde mis ojos se posaran estuviste presente y en mi mente se enfrentaban el morbo y el pudor en una lucha sin tregua.  Me dejé llevar por el antojo de poseerte y demostrarte lo que significabas para mi en esa noche vana.

Nos amamos hasta que llegó el alba junto con el agotamiento.  Dormimos.

Al despertar entre penumbras nos abrazamos y nos besamos como reconociéndonos o como si con ello lograríamos retener para siempre lo que había sucedido en la noche anterior. 

Ahora que ha pasado el tiempo no sé si abrazarás el mismo recuerdo que yo tratando de retener esa sensación de locura y satisfacción temporal.  No se si en tu memoria, en un rincón escondido de tu imaginación, todavía deseas mi piel tanto como yo deseo la tuya.  Lo que si sé es que no podría vivir con la ausencia de esa noche en la que logramos fundir nuestras pieles a tal grado que sentimos el cielo y el infierno en lo más profundo de nuestras almas extraviadas.   

lunes, 26 de marzo de 2012

Amor de lejos ¿Es de pendejos?

Según el diccionario de la Real Academia Española, "PENDEJO" se le dice al pelo que nace en el pubis y las ingles, pero esta acepción está totalmente en desuso. ¿Quién de nosotros ha escuchado alguna vez alguien decir que se rasuró sus pendejos púbicos?

Sin embargo, en lugares como México y Guatemala, un pendejo se define como una persona tonta, boba, estúpida o idiota.    En estos dos países tenemos el dicho:  “Amor de lejos es de pendejos” que significa:  Amor de lejos es de estúpidos, tontos, bobos o idiotas.

Nuestras abuelitas nos criaron diciéndonos eso cuando nos enamorábamos de un imposible.  Pero en ese tiempo era usado cuando el chico vivía en la provincia y la chica en la ciudad capital.   Cuando llegó el avión, entonces el amor de lejos avanzó, porque era cuando nos enamorábamos de un “gringo” de ojos azules y rubio que era un turista  americano o canadiense.   Cuando el turismo extranjero se hizo más frecuente en nuestros países, entonces ya podíamos enamorarnos de alguien europeo o inclusive australiano.

Asi que conocíamos a ese extranjero, nos enamorábamos, pasamos la semana o el mes con él y nos despedíamos con lágrimas en los ojos.  Y ¿Qué pasaba después? 

Hace veinte años recibíamos una postal o una carta por el correo.  Si esa carta era mensual entonces era realmente amor.  A veces si teníamos suerte nos enviaba un cassette con su voz, contándonos sus aventuras.  Nos podía llamar por el teléfono de casa si es que teníamos el privilegio de tenerlo. 



Hace diez años ya existía la internet.  Podíamos abrir una cuenta de correo eléctronico y escribirnos más seguido.  También existían algunos chats así que podíamos contactarnos por chat acordando el horario para la cita.  Si eramos de un estatus social alto podríamos haber tenido las primeras versiones de teléfono celular.  Esos teléfonos pesados y grandes de aquella época nos permitían escucharlo, con mucha interferencia, pero a la final, escucharlo.  Ya más personas solíamos tener teléfono en nuestro hogar.

En los tiempos de ahora, gracias a la tecnología, es mucho más fácil comunicarse cuando uno está lejos, pero también tiene su lado malo.

Ahora contamos con las redes sociales como Facebook, Twitter, Google+, etc.  donde podemos escribir lo que estamos haciendo en el momento, dónde nos encontramos, con quién, nuestros gustos, podemos poner nuestras fotos, etc.  Estas redes sociales se pueden ver y actualizar a través de una computadora de casa, laptop o teléfono móvil con internet.

También hay distintos modos de chatear con los sistemas de MSN, Whatsapp, Yahoo que cuentan con modalidades como enviar fotos, mensajes de voz o inclusive hacer un video chat.   



Hay otros sistemas que sirven para llamar gratis o hacer un video chat gratis como lo son Tango, Viber y Skype.

Por si esto no bastara también hay sistemas en la internet para llamar a teléfonos de casa o móviles a precios muy bajos.  Y todo esto se puede hacer desde un teléfono móvil con internet en cualquier lugar que nos encontremos.

Asi que si tu amor está en Holanda, en la China o en Australia tienes la oportunidad de comunicarte a toda hora.  Obviamente hay que tomar en cuenta el cambio de horario pero si uno está dispuesto a esperar por amor, también estará dispuesto a desvelarse por amor o levantarse temprano por amor.

Con la facilidad de poder comunicarse en todo momento se pueden tener conversaciones como la siguiente:

-Bueno amor, ya me voy a dormir, hablamos mañana.
-Esta bien bebé yo tengo que ir a almorzar.
-¿Me llamas cuando te vayas a dormir?
-Bueno bebé, así te despierto.
-Que tengas un buen almuerzo.
-Y tu buenas noches.
-Te amo
-Y yo más

Como escribí con anterioridad también puede tener su lado malo el estar en mucha comunicación y no estar físicamente en el lugar y con la persona.  Acá un ejemplo de ello:

-Oye, vi en tu Facebook que te divertiste mucho anoche.
-Si claro mi amor, estuvo buena la fiesta.
-¡Ya veo que buena estuvo buena!, estás bien abrazado de una tipa que se viste de lo más vulgar y se nota que está babeando por tus huesos.
-¿De qué estas hablando?
-Mira la foto en la que te etiquetó un tal Luis.  Y encima puso debajo de la foto: “Dirty Dancing”.
…..
-Ya vi la foto, es solo una compañera de trabajo ¡nada que ver!  Ella tiene novio.
-¡Hay si como no! ¡Esas son las más peligrosas!
-En serio que no mi amor, te lo prometo que solo somos amigos.
-Mmm si como no.  ¿Cómo te voy a creer ahora?
-¡Pero si no hice nada!

También hay los que exageran un poco con la información que se dan.  Por ejemplo:

-¿Qué estás haciendo?
-Estoy entrando al baño.
-Hay seguro que te bañarás.  ¿Que shampoo usas?
-¿Qué shampoo uso?  Yo no sé a ver, es Head & Shoulders
-A bueno, así cada vez que vea un Head & Shoulders me acuerdo de ti.
-Mmmm
-¿Y ahora que haces? ¿Ya te vas a duchar?
-¿En serio quieres saber que hago?
-si
-Mmmm ¡Mejor no te digo que no te va a gustar!

Siento que las telecomunicaciones han hecho más fácil la espera por el ser amado, acortando distancias y abrigando mejores esperanzas.  Se extraña la presencia física pero en lo emocional y sentimental se tiene a la mano.

Si se sabe llevar bien la distancia yo digo que si se puede tener una relación de lejos.  Ya no es de pendejos como nos decían nuestras abuelitas sino que de gente valiente que tiene la paciencia de darle tiempo al tiempo hasta cumplir el sueño de estar junto a su amado o amada, para siempre.  O talvez no.  Al menos lo intentaron.

lunes, 19 de marzo de 2012

Siendo soltera me fue (y me va) mejor


En Guatemala hubo un libro con el título “Siendo puta me fue mejor”.  El libro es malísimo a mi criterio porque al final no sé que quiso la autora -Vivian Marroquín- dar a conocer o aleccionar.  No deja ninguna moraleja mas que algunas risas y ya.  Se queda uno como pensando : “¿Qué fue?”

Pues ahora quiero cambiar ese título por “Siendo soltera me fue (y me va) mejor”. Y yo si espero explicar el por qué.

En Guatemala las mujeres se casan entre los 20 a los 25 años.  Todas de blanco (aunque lleven un hijo engendrado en el vientre), una gran fiesta, grandes festejos de despedida de soltera. Las bodas son de ensueño: video para recordarla y fotógrafo profesional, lugares caros, limosinas, vestidos de diseño.  Como dice el dicho: “Tiran la casa por la ventana”. Despues de casadas:  baby showers, bautizos, cumpleaños, etc.  Todo parece ir bien, como en un cuento de hadas.  Pero resulta que el príncipe azul no fue tan azul como lo habían soñado…

Yo siempre fuí la soltera, la que andaba “puteando” por ahí.  La que se iba de parranda cuando quería, o se iba a un viaje cuando quería, o tenía el hombre que quería.  Eso en Guatemala.  Cuando me vine a vivir a Holanda sentí como si hubiera encontrado el lugar ideal:  ¡Todo el mundo hacía lo que quería acá! En Guatemala me criticaban mucho por mi manera de ser y de actuar.  Era la que no encajaba en lo que la sociedad creía que era lo mejor.  No soñaba (ni sueño) en casarme de blanco y aunque quiera ¡no puedo casarme de blanco!  Porque según yo sé, blanco significa “castidad” y yo ya no la poseo.  Tampoco soñé con el estereotipo de la familia ideal:  esposo, hijos, trabajo, estabilidad (o a veces si lo hacía en un momento de borrachera).  Podía (y puedo) cambiar de pensar o de parecer en un abrir y cerrar los ojos y hacer lo que quiero sin que nadie me pregunte o cuestione el por qué lo hago.

Así que por eso mismo, mientras mis amigas se dedicaban a amamantar a sus hijos, a cuidar a sus esposos, a tener esa vida “perfecta” yo me dedicaba a viajar, a conocer el mundo, a fiestar, a vivir.

Hace tres años tuve por primera vez deseos de ser madre.  Mientras pasaban los años más se incrementaba el deseo hasta volverse obsesión.  Mi relación no marchaba bien y yo quería de alguna manera retener a mi pareja.  Inconscientemente creí que lo mejor era con un bebé.  ¡Gracias a Dios que no lo hice!  Porque ahora me doy cuenta que hay muchas más opciones en este mundo y no es bueno retener a un hombre con un bebé.  De todos modos esa relación terminará y te quedas conectada a esa persona para siempre (por que tienen un hijo juntos) cuando lo único que quieres es rehacer tu vida de la mejor manera.

Ahora hay miles de métodos para las mujeres como yo para tener un hijo: in vitro, inseminación artificial, banco de esperma, adopción.  En fin, no se acaba para nosotras las opciones porque no tenemos pareja o porque llegamos a los cuarenta.

Cuando estuve en Guatemala me reuní con mis amigas de juventud.  Bellas todas, regias, alegres y joviales.   De todas ellas dos están todavía casadas con su primer amor aunque más de alguna tiene sus problemillas por ahí (no entraré en detalles).  Pero la mayoría divorciada, divorciada dos veces, separada, con problemas de divorcio, vueltas a casar.  Me sorprendió mucho escucharlas.

Y después de haberlas visto regias, algunas de ellas empezaron a contar sus problemas, sus angustias y sus penas.  Algunas tienen una vida muy dura ya que están en grandes peleas con el ex, otras viviendo con sus padres que les hacen la vida imposible, otras en problemas de custodia, otras con problemas para arreglar el divorcio, otras muy dolidas por que él le fue infiel, otras con odio en su corazón hacia ese ser que le dió la vida a sus hijos y al que alguna vez amaron.

Yo las escuché a todas ellas en silencio, sin decir palabra alguna.  Me alegré de no tener que lidiar con esos problemas.  Me alegré de no haberme casado nunca, de no tener un vestido blanco guardado en el armario como recuerdo de una noche alegre que prometía un futuro lleno de felicidad pero no sucedió.

Lo que me dicen mis amigas es que están muy felices con sus hijos.  Que han sido la mayor recompensa que han tenido a tan arduo camino.  Y me imagino que ser madre ha de ser bello y algo único.  Pero también pienso que no me gustaría saber que mis hijos tienen un padre y que él no es responsable o tener que lidiar con él sabiendo que tuvimos un divorcio doloroso, o seguir a su lado únicamente por ellos, etc. etc. etc.

Al final creo que es cuestión de apreciación.  Cada persona elige la vida que cree que lo llevará a la felicidad.  Sea cual sea y como sea ese camino, nuestra meta final tiene que ser la felicidad.  Con o sin hijos, con o sin viajes, con o sin fiestas, siempre tenemos que hacer lo que más nos agrade y ser felices con las decisiones que tomamos.

Yo siento que siendo soltera me fue y me va mejor.  No me complico la vida, hago lo que quiero y vivo tranquila. 

Si algún día me la quiero complicar…me casaré de blanco.  

jueves, 15 de marzo de 2012

Descansa en paz Carlos Benedicto Sosa Pérez

Cuando estuve en Guatemala entre el 22 de febrero y el 10 de marzo, había una noticia que conmovió a toda la nación.  Un niño de 11 años llamado Carlos Benedicto Sosa Pérez murió 8 días después de que su primo y un amigo (15 y 17 años respectivamente) le hicieron un acto grotesco de bullying. Esta historia que les comparto el día de hoy está basada en la historia de su vida. 


Puedes leer la noticia en este link:  Menor abusado expira en hospital





Mi nombre era Carlos y tenía 11 años.  Decían que apenas empezaba a vivir.  Yo siento que ya había vivido demasiado para mi edad.

Mi madre se fue hace dos años de la casa dejándome a mí y a mis dos hermanos sin su cuidado.  No hubo explicación, no hubo reflexión, no hubo ni un adiós. 

Gracias a ello tuve que trasladarme a otro lugar llamado Tojocaz en el Departamento de Huehuetenango, Guatemala.  Mi familia, que era numerosa, alquiló dos habitaciones para poder vivir.  Ahí vivíamos mis hermanos, mi padre, mi tía, mis primos y yo.  Éramos de la clase pobre pero trabajadora.

Mi padre estaba trabajando todo el día y mis hermanos y yo estábamos bajo el cuidado de mi tía.

Diariamente me maltrataban, no solo una, sino varias personas.   Yo lo único que quería era ser comprendido, valorado y amado.   Me sentía muy solo, abandonado e infeliz.

Yo quería salir de donde estaba, no quería más maltratos, no quería más abandono.  Por eso prefería ir a trabajar al pinchazo (taller de llantas para carro)  con mi primo que ir a la escuela.  Sentía que en la escuela no hacia nada.  En cambio en el taller me sentía útil y así podía ganar unos mis lenes (centavos).

Yo buscaba la aceptación de la gente mayor, en especial la de mi primo.  Quería sentirme protegido y querido, aunque fuera por muy poco.

Mi primo de 15 años constantemente me molestaba pero yo sentía que realmente me apreciaba. El siempre andaba con su amigo de 17 años y hacían bromas a mis expensas.  Yo creía que era común entre primos. Pero me equivoqué.

El sábado 25 de febrero mi primo me dijo que me tenía un regalo.  Yo muy entusiasmado acudí al pinchazo (taller de llantas para carro).  Creí que era un regalo hermoso, algo que yo había soñado aunque no tenía la menor idea de qué se trataba.  Cuando entré no se quién de los dos, si mi primo o su amigo, me agarró de las manos mientras que el otro me bajo los pantalones y me introdujo una manguera de compresión por el recto.  Me inflaron los intestinos con aire hasta hacerlos explotar. Se perforaron todas mis vísceras.

El dolor fue insoportable pero la sorpresa de la situación me golpeó más.  Nunca pensé que mi primo fuera capaz de hacerme una cosa como esta. 

Me llevaron al hospital y yo tenía mucho miedo.  Temía morir por que los doctores no me dieron muchas esperanzas.  Además estaba muy confundido ¿Qué hice yo para merecerme este trato? 

Vinieron fiscales del Ministerio Público a tomar mi declaración.  Yo no quería meter en problemas a mi primo pero al mismo tiempo sentía mucho dolor y mucha rabia. 

Estuve ocho días en el hospital hasta que me sometieron a una cirugía para reconstruir mis intestinos. Mi cuerpo no soportó la operación y fallecí.  Así terminó mi vida.

Me enteré que mi primo y su amigo voluntariamente se entregaron a declarar después de haber desaparecido por algunos días.  También me enteré de que por ser ellos menores de edad, solo irán a un correccional de menores y no a la cárcel.

A raíz de mi muerte ahora está de moda llamar a ese tipo de trato “Bullying” y resulta que es más común de lo que se piensa entre la niñez guatemalteca y la del mundo.

Sólo espero que mi muerte sirva de antecedente para que se eviten este tipo de trato a otros niños inocentes que como yo solo buscan el amor, el cariño y la aceptación de los mayores.

 (¡Bullying termina aquí! si necesitas ayuda por favor no tengas miedo de decirle a alguien.)
 
Carlos:  Desde este espacio doy a conocer tu historia para que no se quede en el olvido. Tu muerte servirá de antecedente para evitar que el maltrato o bullying quede sin castigo.   

Descansa en paz Carlos Benedicto Sosa Pérez.

19 de septiembre de 2012:  Hoy amanecimos con la buena noticia de que sentenciaron a 6 años de prisión a los autores de este delito.  No nos dará de regreso a Carlos pero al menos se hizo justicia:

  
Sentencian a seis años de prisión a dos menores por niño 


Otros links de interés:






jueves, 8 de marzo de 2012

La Espera...


Esta vez fue en forma de mensaje:  “Te cuento que tu abuelo está en el hospital”.   Otra vez el suspenso, otra vez el miedo, otra vez la incertidumbre si me voy o no ahora mismo al aeropuerto y me compro un boleto de última hora a mi país.  

La vía más corta para ir a Guatemala desde Amsterdam es  Nueva York , Houston o Miami.  Y digo corta pero en realidad es larga:  Lo menos que me puedo tardar son 17 horas.  Cada vez que recibo este tipo de mensajes o llamadas lo primero que hago es ver a como están los precios del pasaje para irme inmediatamente.  También veo cuanto dinero tengo en el banco.   Si no tengo lo suficiente entonces ya sé que tengo que hablar con mi pareja en caso de emergencia.

Pero espero...pacientemente espero.  Puede ser una llamada falsa o no puede serlo.  Nunca se sabe.  Me preocupo, no me puedo concentrar en otra cosa que no sea en ello.   Y ahí van las miles de llamadas que le hago a mi familia que está en Guatemala, los miles de cafés que me tomo, las preocupaciones y pensamientos sin fin que me atacan.

Pasan las horas mientras escucho el tic tac del reloj a cada segundo.  Siento que toda mi vida estuviera en suspenso.   No puedo hacer nada más que esperar.  Ver si mi abuelo se recupera y si no, ver si tengo que partir de emergencia.

Esta experiencia me sucede unas dos o tres veces al año.   Mi mayor temor es que la cosa se agrave y cuando yo me encuentre en camino mi abuelo llegara a morir y que yo no llegue a tiempo para despedirme.   Que cuando llegue ya estén velándolo y yo no haya podido decirle lo que le amaba.  Es el sacrificio por tener que vivir estando lejos de mi tierra.  Por eso procuro decirle que le amo cada vez que hablamos por teléfono.
Estoy conciente de que mi abuelo está muy anciano.  Ochenta y cinco años. También sé que en cualquier momento puede suceder una desgracia.  Pero aunque uno sepa estas cosas jamás se puede preparar el alma para la partida de nuestros seres queridos.

La espera provoca sentimientos de impotencia, de preocupación, de desesperación, de angustia, pero sobre todo de esperanza.

Esperanza a que Dios nos dé un poco más de tiempo .  Esperanza de que lo peor no sucederá y de que todo volverá a ser normal y esa persona querida siga con vida.  O esa persona se recupere y no tenga que sufrir más. 

Despues de unas horas me entero que mi abuelo ha sido operado de emergencia.   El páncreas, el higado e intestinos también salieron involucrados.  

Me sorprendí de saber que aguantó la operación.   Hace un par de años lo ví por última vez y me preocupé por su estado físico.  Parecía una pasa: arrugadita, pequeñita y fragil.   Recuerdo aquel hombre robusto que fue en años anteriores.  Siempre contento, siempre bien vestido, con muchas historias interesantes y además muy inteligente.  Con el tiempo ha quedado ciego, muy calvo y arrugado.  Vive de mal humor y pareciera que le molesta la vida.

A veces actúa como niño:  hace berrinches, dice cosas hirientes, no quiere comer o beber algo.  Mi abuela que es una santa le tiene una paciencia eterna.  

Pero todavía conserva algunas cosas de su personalidad.  Sigue contando historias interesantes aunque ahora las repite cien veces.   En sus días buenos también está de muy buen humor y puede contar chistes divertidos.
Así que si hace dos años me preocupé por su estado físico ¿Cómo estará ahora? 

Mi sexto sentido me advierte que vaya ahora mismo a Guatemala.  Aunque lo peor ya pasó,  que era el ser operado, siento que tengo que ir inmediatamente.   Hablo con mis superiores en el trabajo y consigo permiso para irme, llamo a mi pareja y le comunico mi decisión.

El como buen holandés y  buen analítico me advierte que a lo mejor estoy tomando una decisión alocada o por impulso.  Me dice que me espere a que mi abuela me dé más noticias y que a lo mejor pueda ir en otra ocasión de visita, sin preocupaciones de hospitales, enfermedades, operaciones, etc.

Yo le digo que no.  Que sé que mi familia me necesita en ese momento y que tengo que ir.  Después de que le dije esto con una firmeza descomunal  titubeo unos minutos después.  Pero algo me dice que estoy tomando la decisión correcta.

Arreglo un vuelo para el siguiente día y trato de concentrarme en el trabajo cuando mi pensamiento está más en largarme lo más pronto posible.

Después de un largo día cuando estoy haciendo los últimos preparativos para el viaje, llamo a mi abuela para darle la noticia y al preguntar por mi abuelo me dice que ha sufrido una Hemorragia Cerebral.

Entre todo no me doy cuenta de la gravedad del asunto, hasta horas después cuando ya tengo listo todo y me dedico a prepararme para dormir.   ¿Dijo hemorragia cerebral?  ¿Qué tan grave puede ser eso?

No puedo dormir pensando en ello.  Me despierto a las 5 de la mañana y lo primero que hago es ir a la computadora a aprender que es hemorragia cerebral.    Nada de lo que leo es alentador.  En el mejor de los casos, la parte dañada del cerebro no le permitirá que haga algo como hablar, caminar o moverse.

Mi corazón en ese momento se llena de angustia.   ¿Serán sus últimos días? ¿Quedará paralítico? ¿Cómo va a hacer mi abuela para cuidarlo?

Estando en el vuelo hacia Houston que tarda casi 12 horas muchas dudas me asaltan.  De lo que si estoy segura es de que tomé la decisión correcta de ir a Guatemala inmediatamente.

Amo a a ese viejito bello.  El es un amor a pesar de que los años lo han puesto muy cascarrabias. 

Cuando era más joven solía pintarme los labios de rojo con la sola razón de dejárselos marcados en la cabeza calva.  El me regañaba y me decía que no lo volviera hacer y yo siempre lo hacia.  La última vez que fui a Guatemala me dijo que extrañaba eso de mí.  Como respuesta, antes de irme, le dejé marcados cinco besos.

También me recuerdo de lo elegante que se vestía para salir.  Siempre bien peinado, arreglado y perfumado.  Cuando empezó a usar bastón le regalé uno que compré en el mercado de pulgas de Amberes, Bélgica.  Es un bastón de madera del cuál el agarrador, de metal  amarillo, es una cabeza de león rugiendo.  Lo único del bastón es que se podía desarmar en tres partes de las cuáles una era al terminar la cabeza de león y donde se escondía un tubo de vidrio.  Según me explicaron los que me lo vendieron era para ocultar ahí un cigarro cubano.  Quién sabe si era cierto.

Llego a Guatemala y me dedico a ayudar a mi abuela a ir al hospital, a hablar con los doctores,  a cuidar de mi abuelo.  Pasamos con mi abuela días y noches en vela y con mucho stress.  Ella también está viejita y necesita mucho apoyo.  Gracias a Dios no hubieron consecuencias de la Hemorragia Cerebral aunque su estado es delicado.

Estos días en Guatemala han sido los días más recompensadores de mi vida.  Es esencial recordar que no hay nada como apoyar a la familia cuando se necesita y brindar lo mejor de uno para que ellos sientan que tienen soporte para seguir adelante.  Mi abuelo se está recuperando despacio pero bien.  Mi abuela está más tranquila de saber que alguien más está con ella. Y yo siento que esta vez fue mejor no esperar sino que actuar.  

A veces debemos guiarnos por nuestro instinto y hacer lo que creemos que sea lo mejor.