jueves, 16 de mayo de 2013

¡Viajar es vivir!





En Guatemala - donde yo crecí- ya sea por la falta de dinero, falta de conocimiento o falta de visas, se suele viajar a los mismos lugares: ciudades turísticas dentro de Guatemala o San Salvador.  Los más ricos suelen ir a Miami de compras o a Los Ángeles a visitar parientes o ir a Hollywood.   Hasta ahí llegó el mundo para la mayoría de guatemaltecos.

Yo tuve la oportunidad de viajar desde temprana edad.   Cuando tenía 18 años tomé un bus desde la Ciudad de Guatemala hasta la Ciudad de México.  Tuvimos varias paradas en el camino y aunque los puestos de la policía buscando ilegales eran frecuentes, el viaje fue fenomenal.   En Guatemala nos enseñan desde que somos pequeños a odiar a nuestros hermanos mexicanos, a verlos como enemigos.  Pero al viajar a México me di cuenta que son personas amables, confiables, alegres, parecidos en cultura a nosotros los guatemaltecos. 

Después de ese viaje a México tuve la oportunidad de ir por algunos meses a Argentina de mochilera.   Me fui casi sin dinero pero aun así fue una experiencia inolvidable. Conocer sobre la cultura Argentina, el tango, lo exquisita que es la carne, Las Pampas, llegar hasta Río Gallegos que queda tan cerca de Tierra del Fuego o el piquito de América.  Conocí a gente formidable, disfruté de paisajes hermosos y aprendí varias cosas.  Ahí supe que mi amor por viajar había comenzado.

Desde que vine a Holanda he tenido la oportunidad de viajar a lugares remotos con culturas extrañas de los que jamás hubiera creído poder hacer. 

Viajar te abre los ojos ante el mundo.   Cuando una persona viaja se empapa de la cultura del lugar a donde va.  Quiere probar la cerveza, comida, trajes típicos, etc.  A veces no se puede hablar el idioma pero con señas o con dibujos se pueden entender las personas.  Se pueden conocer personas amables como a la vez personas antipáticas pero eso no impedirá que la persona que viaja te cuente con entusiasmo los lugares a donde viajó, lo que experimentó, los sabores extraños que probó.

Cada foto tiene una historia, el mínimo detalle de la foto es explicado.  Te trata de pintar el cuadro de lo que él o ella vieron de una manera entusiasta y utilizando manos, cuerpo, palabras, etc.   Cuando te cuenta las cosas que vio sus pupilas se dilatan, la sangre corre más rápido por sus venas, las palabras se le atropellan en la boca, puedes escuchar los latidos del corazón acelerados.   Es como si no fuera a parar nunca de hablar.

Te cuenta de la experiencia de cómo aprendió a bucear, de lo que sintió al beber sangre de culebra, de cuando navegó por un río lleno de lagartos, de cómo perdió el miedo al mar. 

Y mientras más viaja más quiere ir a lugares remotos, distantes, a conocer culturas completamente diferentes a la de él o ella. Esa persona que ha viajado ha visto la pobreza en su máximo esplendor, ha comido en las chozas más humildes con las personas más ricas en espíritu, ha compartido con gente rica y se ha deleitado de placeres de lujo, se ha hospedado en los hostales más baratos sin las necesidades básicas (sin baños o agua) como se ha hospedado en hoteles de 5 estrellas, ha experimentado los mejores masajes y ha caminado por las calles más desoladas o por los bulevares más elegantes.

La persona que ha viajado se conforma con lo mínimo para vivir.  Es feliz con lo que tiene y lo que encantaría es tener más dinero para viajar y poder conocer todo el mundo si es posible.

Esta persona tiene muchos amigos en Facebook o Twitter de diferentes partes del mundo.  Algunos de ellos solo los ha visto una sola vez pero él o ella saben que si se da la oportunidad de volver a ver a esa persona, serán los mejores amigos y compartirán anécdotas y experiencias formidables. 

La persona que viaja no tiene miedo de aventurar, de hacer cambios drásticos en su vida, de dejar el confort del hogar o de un empleo por lanzarse a la aventura de lo desconocido.  Va contra la corriente de lo que la gente cautelosa le dice que debe o que no debe hacer. Tampoco tiene miedo de probar las comidas más exóticas.  No le da miedo enfermarse en lugares donde no conoce el sistema hospitalario o donde la medicina sea escasa.  Puede pasar tres días en cama casi muriéndose pero al recuperarse cuenta sobre su mala experiencia con una sonrisa y como una aventura más.

La persona que viaja no es materialista.  Prefiere tener una cinta fabricada a mano en Nepal que un Rolex.  Prefiere buenos zapatos para escalar que zapatos de diseñador Italiano.  Es muy probable que no haya comprado una casa en su vida y no le interese.  Es muy probable que haya hecho cualquier trabajo desde lavar platos hasta ser Gerente de Mercadeo. No se casa a la edad que los demás lo hacen y no comprende por qué el apuro. Cuando lleva mucho tiempo haciendo lo mismo se aburre, se siente inconforme, siente unas cosquillas en los pies que le piden salir de la rutina y buscar la aventura.

Al viajero lo reconoces porque lleva su botella de agua, sus zapatos para caminar largas distancias, su mochila grande o pequeña, su capa en contra de la lluvia, su guía turística y su repelente de mosquitos a la mano.

Cuando hablas con la persona que viaja te hace viajar a través de sus ojos o anécdotas pero te hace sentir tan en casa, tan familiar.  Estas esperando hablar con él o ella o estás esperando que viaje de nuevo porque quieres ver o escuchar de sus nuevas experiencias.

Esta persona seguramente se casara con alguien viajero como él, pero no será una boda común y corriente sino una boda de aventura ya sea en un globo al amanecer por Capadocia, Turquía o una boda con aborígenes en las playas de Australia. Es posible que haya vivido o que se mude en un futuro a vivir a otros países y cuando tenga hijos les pondrá nombres de personas o lugares que le traen recuerdos de viajes.  A sus hijos también les inculcará el hábito de viajar y es probable que a lo mejor los lleve a vivir a otros países o les enseñe otros idiomas desde pequeños.

Su visión de la vida es de aventura, de conocimiento, de buscar nuevos horizontes, de encontrar el regocijo en cosas mínimas, de gozar la sonrisa en la gente, de traer alegría a los que lo rodean.  Sus sueños, que no son pocos, siempre los alcanza y cuando parece que lo ha logrado todo viene con un sueño más grande o más profundo. 

Esta persona te hará salir de tu zona de conformidad y te hará hacer o pensar en hacer cosas absurdas como tirarte en un Bungee Jumping o escalar un volcán en erupción.  Te hará ver la belleza de una simple piedra o la posibilidad de hacer tus sueños realidad si tan solo te atreves y te quitas el miedo.

¡Viaja tú mismo y compruébalo! Verás la vida de otra manera, ampliarás la perspectiva y los horizontes y verás que las cosas conocidas por toda una vida no son lo que parecen ante tus ojos.   ¡Viajar es vivir! 

jueves, 9 de mayo de 2013

La Sinfonía No. 5 de Beethoven




Era  un jueves de enero del 2006 en Amsterdam.  El frío calaba hasta los huesos aunque andaba por la calle con calcetas de lana, pantalón grueso, blusa con cuello de tortuga, suéter de lana, chaqueta de invierno, guantes, gorra y bufanda.  

Eran más o menos las ocho de la noche y había una profunda oscuridad combinada con un viento que cortaba como un cuchillo mientras caminaba por las calles del centro de Amsterdam esquivando transeúntes.

Aunque era invierno y un día entre semana el centro estaba lleno de turistas.  Yo había ido a comprarme un par de guantes ya que los que tenía no me calentaban lo suficiente.  Las tiendas estaban atascadas de gente porque era semana de ofertas.  Entrar a una tienda con la ropa de invierno puesta era desagradable.  Uno sudaba mientras intentaba hacer las compras pero al salir de la tienda el sudor se sentía pegajoso y frío .  Como no encontraba los guantes que quería, pasé por varias tiendas hasta divisarlos.  Cada vez que entraba o salía de una, tenía que esperar a que la gente pasara lentamente de un lado al otro.  Había ruido por todos lados y el fastidio se empezó a manifestar en mí.  

Al salir de la tienda donde había encontrado los guantes lo único que quería era ir a casa.  Tenía hambre ya que no había cenado. Comencé a caminar hasta la parada del tranvía esquivando gente y bicicletas que se atravezaban por mi camino.

Llegué a la parada en Leidseplein.  Me dolían los pies y el viento era más fuerte. Entre el ruido de la gente hablando, riendo o gritando, los tranvías pasando, los carros, las bicicletas y la música que salía de algunos bares alrededor de Leidseplein, escuché una música conocida. 

Agudicé el oído y la reconocí:  Era la sinfonía número 5 de Beethoven.  Normalmente no me impresiona escuchar alguna sinfonía clásica en la calle pero la manera en que los músicos estaban tocando la sinfonía era hechizante.   Me dirigí hacia donde venía la música.  Mientras más me acercaba más podía escuchar la interpretación armoniosa y fina de los músicos.   Al llegar al lugar comprobé que los músicos no tenían más de 20 años.  Eran 6 chicos que entonaban la sinfonía a la perfección.   Habíamos cinco personas enfrente de ellos.   Mientras más la escuchaba, más me hipnotizaba la manera en que los músicos hacían su interpretación.  

No sé que sucedió pero sentí un dolor en el corazón  y se me empezaron a salir las lágrimas.   Me sentí un poco ridícula al hacerlo y vi de reojo a las demás personas para ver si no me veían llorar.   No podía creer que esos chicos tan jóvenes pudieran enterpretar a Beethoven tan fantásticamente. 

La interpretaron desde el primer movimiento hasta el cuarto.  En total la sinfonía dura mas o menos media hora y estuve ahí hasta que terminó el ultimo movimiento.    Los transeúntes pasaban de un lado al otro, pero los que se quedaban a escuchar no podían moverse.  Era como si la interpretación de la sinfonía nos hubiera atrapado y no nos dejaba marcharnos.   No sentía más ni el frío, ni el viento, ni el cansancio, ni el fastidio de haber estado en las tiendas llenas de gente.

Era lo que necesitaba en una noche de invierno como esa.   Era como una medicina para el alma, la música calmaba mis penas, me relajaba y me hacía sentir liviana.

Al casi terminar la sinfonía con el cuarto movimiento en Allegro los muchachos estaban eufóricos. Sonreían y se miraban uno al otro como si estuvieran contándose la cosa más maravillosa del mundo. Tocaban cada quién su instrumento con todas las ganas posibles.   Algunos de ellos sudaban y las gotas de sudor les corrían por el rostro pero a ellos no les importaba. Los que estábamos presentes escuchando la interpretación estábamos contagiados con el entusiasmo de los chicos.

Al terminar todos los presentes aplaudimos efusivamente.  Ya no éramos cinco personas escuchando sino que como treinta.  Los chicos se inclinaban en agradecimiento y se abrazaban uno al otro.

Empezaron a caer las monedas en la caja abierta de un violin.  Yo esperé a que la gente se dispersara porque quería saber más de estos chicos.  ¿Cómo era posible que pudieran interpretar esa sinfonía la perfección?  ¿Dónde habían aprendido a tocar así?  ¿Por qué no estaban en una orquesta famosa de Europa?   Quería saber la verdad sobre ellos.

Me acerqué a uno y le pregunté.  Me contó que él y sus compañeros eran rusos.  Habían venido a Holanda hacía dos meses.  Habían estudiado música desde los 6 años con los mejores maestros y era lo único que sabían hacer ya que habían ensayado muchas horas los siete días de la semana.  En Rusia no era posible entrar a una orquesta sinfónica que los contratara porque lamentablemente habían más músicos que trabajo para ellos.  Me dijo que estaban de ilegales en Holanda y vivían en albergues temporales.  De noche, se turnaban para cuidar los instrumentos musicales porque en esos lugares era fácil que se los robaran.

No sólo me había impresionado su música sino que también su historia.  Quería ayudarlos pero no sabía cómo.  Es una de esas ocasiones en que quieres ayudar y no tienes los medios para hacerlo. Busqué en mi billetera y encontré 66 euros.   Se los di y les dije que se compraran una buena cena.  Les desee la mejor suerte del mundo y me fui.

Desde entonces cada vez que escucho la sinfonía número 5 de Beethoven me acuerdo de esa noche y me pregunto que habrá sucedido con ellos.  Espero que hayan logrado ser legales en Holanda, que hayan logrado entrar a una orquesta y hayan podido interpretar su música para un público mayor.  Eran demasiado buenos como para vivir ganándose unas pocas monedas en la calle.










miércoles, 24 de abril de 2013

Qué dura eres, Guatemala





                                        Foto de sobreviviente de la guerra Prensa Libre

Tengo la mente en blanco esta semana por las cosas que suceden en mi país, Guatemala debido a la anulación del juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt.
Así que esta semana en lugar de escribir algo mío, compartiré tres poemas del poeta, periodista y dramaturgo guatemalteco José Manuel Arce Leal (1935-1985).   

El primer poema de nombre “Yo no Quisiera Ser de Aquí” expresa de manera exacta lo que yo siento en este momento respecto a mi Guatemala.  Los otros dos fueron poemas dedicados a Efraín Ríos Montt prohibidos en Guatemala en los años 80’s pero que ahora puedo compartir libremente gracias a la libertad de expresión.


YO NO QUISIERA SER DE AQUÍ

Yo no quisiera ser de aquí.
Amo, con todo lo que soy, este suelo y su gente.
Por eso mismo, sufro de manera atroz.
Por eso mismo, me duele hasta el aire que pasa.
Por eso mismo, no quisiera estar aquí.
No quisiera ser de aquí.
No quisiera amar tanto a este país, a esta gente.
El amor se me tranforma en dolor. Y eso no es justo.
El amor ha sido siempre alegre, constructivo, sinónimo de felicidad, y de optimismo.
Yo amo a mi país. Y es un amor triste, impotente, infeliz, que me duele,
que todos los días tiene nuevas llagas, que siempre está más y más crucificado.
Veo su mapa cercenado, una y otra vez.
Veo su historia de burlas crueles, sangrientas.
Veo su geografía amenazada por el planeta.
Veo a sus moradores misérrimos, ignorantes, raquíticos, hambrientos.
Veo su suelo ubérrimo, inútilmente ubérrimo, para la mayor parte de sus habitantes.
Veo su violencia, progresiva, galopante.
Veo, siento, vivo su tragedia incesante. Y me duele.
Me duele tanto como me duele decir: "Yo no quisiera estar aquí",
"yo no quisiera ser de aquí".
Porque ser de aquí es una enfermedad incurable. Uno se va, y entonces la nostalgia.
Uno se va, pero las noticias lo persiguen,
los ojos buscan siempre un algo de aquí, la distancia castiga.
Uno se va. Pero aunque se vaya, no se va: uno anda llevando su Guatemala adentro,
como un amado cáncer, como una idea fija, como un verde corazón que siempre
duele al palpitar y que palpita siempre.
Yo no quisiera estar aquí. Yo no quisiera ser de aquí.
Y aunque me duele el dolor del mundo, perdóneseme,
pero me duelen menos otros países que éste.
Me voy a veces. Me meto en un libro y me voy.
Tomo un pasaje de canción o recuerdo y me voy.
Escribo una carta, me meto con ella en el sobre, me pongo en el correo y me voy.
Pero dura muy poco mi viaje: desde adentro de mí mismo país
-éste pequeño y cruel país-, se me hace presente, me sangra, me duele.
Cuánto amor en el dolor. Cuánto dolor en el amor.
Qué dura eres, Guatemala.




GENERAL

General
-no importa cuál,
da lo mismo,
es igual-:
Para ser General
como usted, General
se necesita
haber sido nombrado General.
Y para ser nombrado General,
como usted, General,
se necesita
lo que usted no le falta, General
Usted merece bien ser General,
llena los requisitos, General.
Ha bombardeado aldeas miserables,
ha torturado niños
ha cortado los pechos de las madres
rebosantes de leche,
ha arrancado los testículos y lenguas,
uñas y labios y ojos y alaridos.
Ha vendido mi patria
y el sudor de mi pueblo
y la sangre de todos.
Ha robado, ha mentido, ha saqueado,
ha vivido
así, de esta manera, General.

General
-no importa cuál-:
para ser General,
como usted, General,
hay una condición fundamental:
ser hijo de puta,
General.




SERMÓN PRESIDENCIAL

Pasó el Ejército
y del dulce pueblito que antes era
atractivo turístico
en las postales multicoloridas,
no quedó piedra sobre piedra
ni quién para contarlo:
se encontró los cadáveres de mujeres preñadas
con el feto asomado por la herida del vientre.
Se encontró a muchachitos de cinco años y menos
colgados de las tripas en las ramas de un árbol.
Los ancianos del pueblo,
venerables,
estaban decapitados en la plaza frente a la iglesia.
No quedaba ni quien para contarlo.
Ni los perros.
Y la prensa, la radio y la televisión
repetían, hoy lunes, el sermón del domingo
del Señor Presidente
-general y pastor evangelista-
que comenzó diciendo:
“Dios es Amor, hermanos…”




jueves, 18 de abril de 2013

El Ultimo Adiós







Lo vio quemarse poco a poco.  Lo vio en llamas y sintió que un peso se le iba quitando poco a poco encima de los hombros.  En ese papel se fueron todas las maldiciones, pensamientos y despedidas que ella les daba a familiares, amigos y hasta el novio que ella había perdido durante el año.  Se sentía libre.

Había sido un año difícil.  La mala suerte la había visitado y se había quedado por todo un año sentada en el sofá de su casa bebiendo vino y riendo a carcajadas de todo lo malo que le sucedía a Sofía. 

Sofía había tenido una relación por 10 años con Paco y en ese año, el 2012, se había acabado.  Encima Paco se había conseguido una nueva novia en un abrir y cerrar de ojos. Había sido amiga de Paula por 15 años y Paula se había molestado con ella por una nimiedad y la había acusado que su amistad solo le hacía daño y le traía tristeza.  Así que se acabó la amistad de un día para el otro.   En ese mismo año se enteró que Mariana, a quien consideraba su amiga desde hacía 4 años, estaba hablando mal de ella a sus espaldas y sobre todo hablando cosas íntimas de ella con extraños.  Sofía perdió la confianza en Mariana y terminó con la amistad.  También ese mismo año la salud del padre de Sofía se había deteriorado y después de pasar días en el hospital, un día dejó de respirar. 

Su amiga Lucía se había mudado a otro país cuando más la necesitaba y aunque la amistad no había terminado, el hecho de saber que Lucía no iba a estar ahí cerca la ponía triste.  Su amigo Manuel con el que había compartido una amistad por 10 años de repente se había puesto a criticarla desde la manera de vestir hasta la manera de hablar y parecía que la presencia de Sofía a Manuel le estorbaba.  Así que un día que le pidió explicaciones a Manuel de su comportamiento, el optó por sentirse herido y le dejó de hablar.  Y luego estaban los amigos de Paco, con los cuales había compartido los mismos años de relación que había tenido con él.  Con todos había reído, llorado, bailado, viajado, inclusive a algunos los había visitado al hospital pero aun con todo los perdió de un día para el otro.  Eso fue porque ellos seguían siendo amigos de Paco y como él ya tenía nueva novia pues simplemente reemplazaron a Sofía con ella.

Así que después de ese año de tantas perdidas Sofía se sentía como en un barco en alta mar, sin rumbo, sin destino, sin final.  Entró en depresión y aunque ante todos los demás estaba dándole la cara al mundo como toda una mujer de hierro por dentro estaba como un vidrio quebrado en miles de pedazos.  No dormía por las noches y no sabía qué hacer con su vida.  La pérdida que más le había dolido era la de su padre.  Él había sido su motor, su consuelo, su todo.  ¿Podría ella recuperarse algún día de tanta desgracia?  Lo había intentado todo: Hablar con los pocos amigos que tenía, ahogar sus penas en el alcohol, desahogarse en relaciones sexuales pasajeras con hombres desconocidos, meterse a clases de meditación, etc.  Pero nada parecía quitarle ese sentimiento de pérdida que la acompañaba.  Parecía que no iba a encontrar nunca un motivo para seguir viviendo.

Una noche en la que se encontraba sola, había visto una película que la había puesto emotiva y se sentía triste y sombría. Decidió ver algo en la computadora y se dirigió al escritorio donde la tenía. En eso vio la foto de su padre y se puso a llorar. Tiró todo lo que se encontraba en el escritorio: papeles, bolígrafos, tijeras, el teclado de la computadora, engrapadora, una taza, etc.  Todo cayó al suelo desordenadamente mientras Sofía lloraba a mares.  Cuando recobró un poco la cordura, se dio cuenta que en el escritorio lo único que quedó intacto fue un papel en blanco.  Buscó en el suelo un lapicero y empezó a escribir.  Escribió las últimas palabras que le hubiera querido decir a cada una de las personas que había perdido.  Entre esas palabras se leía “traición”, “odio”, “maldito”, “estúpida”, “te extraño”.

Después de escribir por más de dos horas y cuando ya las lágrimas habían secado tenía el papel listo.  Había escrito todo lo que quiso. ¿Y ahora que hacia con el papel?  No se los iba a mandar a cada uno de ellos.  Tampoco se los iba a enseñar a sus amigos que le quedaban para ver que pensaban. Tampoco lo iba a guardar por años hasta que algún día lo volviera a leer.  Tenía ganas de destruirlo pero romperlo era lo más estúpido por hacer después de haber pasado tanto tiempo escribiéndolo.  De repente se le ocurrió que lo mejor era quemarlo.  Simbólicamente esas llamas iban a terminar con su mala suerte y así podía empezar una nueva vida.  Trajo un encendedor, sonrió maliciosamente y le prendió fuego.

jueves, 11 de abril de 2013

Las Mujeres y el Sexo Anal



Para que una mujer le abra las piernas a un hombre (sin casarse) es porque le gusta, porque la mujer se siente muy atraída a él y piensa que puede ser una pareja potencial.  Si con esa persona logra entablar una relación entonces la mujer piensa que puede llegar a tener un futuro, posiblemente un matrimonio o una relación duradera y hasta una familia (con perro incluído).

Cuando hablamos de poca experiencia las mujeres quieren experimentar por su propia voluntad y no porque el hombre le esté diciendo (o acosando) que quiere que le de “pruebas de amor” con tal y de lograr su objetivo.  Si el hombre es inteligente, logrará todo lo que quiere y hasta más, si tan solo le da la libertad a la mujer para elegir. También he de decir que las mujeres jóvenes están más dispuestas a experimentar que una mujer madura.

Nosotras las mujeres tenemos el poder de elegir hasta dónde llegar y hasta cuándo. Esto es en una situación ideal porque lamentablemente hay muchas mujeres que son forzadas contra su voluntad.

Por todo esto que explico arriba, cuando un hombre nos pide  que tengamos sexo anal por primera vez en nuestra vida, lo tomamos como una cosa bastante delicada.   Dependiendo de si la mujer es recatada o no, piensa si quiere hacerlo o no.   Una cosa es dar nuestra vagina (vulva, pusa, cuca, coño, etc.) y otra es dar nuestro ano.   Y es que para nosotras el ano es para defecar y para expulsar los desechos de nuestro cuerpo que es lo más asqueroso del mundo.  Así  que no entendemos por qué el hombre quiere introducir su pene por ahí.   El primer pensamiento que se nos viene es:   ¿Será que es maricón?  El segundo es:   ¿No le gusta mi vagina?  El tercero es:   ¿No le proporciono la suficiente satisfacción?

Lo primero que hacemos es averiguar el por qué. Las razones pueden ser varias: durante toda la historia de la humanidad el sexo anal ha sido catalogado como algo prohibido y los seres humanos por naturaleza nos inclinamos a hacer cosas prohibidas.  Si el hombre ve películas porno que incluye sexo anal entonces fantasea con ello (yo las he visto y me he sorprendido de ver a estas chicas pidiéndole al hombre que las penetre por atrás, abriendo su ano de una manera espectacular y teniendo sexo anal de una manera salvaje).  También los hombres hablan entre ellos y si mas de alguno alardea que le hizo sexo anal a su novia o esposa pone a los demás curiosos. 

Otra de las razones es el poder, esto es realmente excitante para el hombre que le gusta ser dominante en la relación. Otra razón es para variar y experimentar.  La mayoría de los hombres lo ven como un regalo preciado de su pareja.  Otra de las razones es que el ano está más apretado que la vagina así que puede ofrecer más fricción y sensación .Otra de las razones puede ser que él ya haya tenido sexo anal con alguna otra mujer y ambos hayan disfrutado.  Otra es para evitar un  embarazo (esta razón se da más en adolescentes que no tienen dinero para comprar anticonceptivos o no pueden contarle a sus padres que están teniendo sexo pero están concientes que podrían concebir un hijo).   Otra de las razones es porque el tener sexo anal es algo que los puede unir mucho más como pareja ya que se necesita mucha preparación tanto mental como física.  Y la última es que algunos hombres están obsesionados con el trasero y lo quieren poseer.

Después de que la mujer sabe cuál es la razón del hombre por la que quiere tener sexo anal,  piensa en si realmente lo quiere hacer con él o no.   He de decir que las mujeres que dan el ano por primera vez es porque realmente aman o porque confían plenamente en el hombre.   A nosotras nos da un miedo terrible el que duela y la otra razón en que se convierta en algo sucio (que el pene  del hombre logre hacernos defecar). 

Yo aconsejo dar el ano cuando la relación es sólida, cuando ya llevan al menos uno o dos años juntos y cuando ya hayan decidido dejar de usar condón y usar otro tipo de anticonceptivo.   No recomiendo darle el ano a un amante esporádico o a alguien que nos esté haciedo daño o con el cuál tengamos una relación tormentosa.  Digo esto porque si esa primera experiencia la asociamos con esa persona no la vamos a disfrutar y eso va a bloquear  futuras experiencias con alguien que merezca la pena.

Para lograr la penetración lo primero que se tiene preparar es estar en un ambiente donde la mujer se sienta relajada.  Mejor si es un lugar familiar.  Se puede acompañar con velas y música suave.  La otra cosa que es súmamente importante es que la mujer se asegure de haber defecado ese día.  Eso para evitar sorpresas desagradables a la hora de la penetración.   La mujer tiene que relajarse y pensar que va a ser una nueva experiencia, algo agradable.  Si la mujer está muy nerviosa o estresada por lo que va a suceder, es mejor esperar.  Entonces el hombre tiene que ser paciente y usar mucha psicología (y a lo mejor astucia) para convencer a la mujer.   Se puede hacer otro tipo de preparación como el de meter la lengua en el ano (esto la mayoría de las mujeres lo encuentran muy excitante) o penetrar con uno o dos dedos (esto también prepara el ano para la penetración con el pene), o usar un vibrador.  Esto se puede hacer con días de anticipación o el mismo día.

A la hora de la penetración, los preliminares (caricias, besos y estimulaciones) son importantes ya que la mujer tiene que estar sumamente excitada y relajada para que la penetración anal no sea dolorosa.  También el hombre deberá ser extremadamente cuidadoso.  No es como en las películas porno que las mujeres pueden hacerlo como un caballo salvaje.  Al contrario, el hombre tiene que penetrar despacio y suave. Es esencial  tener un lubricante que ayude a la penetración.   Si la mujer dice que el hombre tiene que parar o sacar el pene, él tiene que obedecer.  La mujer sabe hasta dónde puede llegar.  Es muy probable que la penetración no se dé en el primer intento.  Pueden haber varios intentos en varios días distintos.   Como ya lo expliqué con anterioridad, si el hombre quiere lograr su objetivo, tiene que ser paciente y cuidadoso.

Cuando el hombre nos penetra por el ano lo primero que sentimos es la sensación de defecar.  Tenemos que controlar esa sensación para lograr la penetración.  Por eso la mujer necesita estar preparada mentalmente y por eso es importante estár relajada y súmamente excitada.  Si el hombre sigue nuestras órdenes de cuán despacio o rápido queremos la penetración, de si tiene que parar o seguir, entonces lograremos cultivar una confianza en él y eso ayudará a la penetración.  Si la mujer está relajada y se deja llevar, al lograr la penetración y el hombre comenzar a moverse, se puede sentir una sensación distinta  a la de la penetración vaginal, pero agradable y excitante.   Si el hombre logra terminar adentro es un gran satisfación para ambos.

Para entender como funciona la penetración es necesario saber que hay dos esfínteres (esfínter es un músculo anular que abre o cierra) en el ano.  Se pueden sentir si introduces el dedo a una pulgada de profundidad y presionas en contra de un lado.  Mientras el esfínter externo se puede controlar a voluntad (por ejemplo cuando no tienes un baño a la mano y necesitas defecar, lo retienes con el esfínter externo) para el esfínter interno no es lo mismo.  El esfínter interno reacciona de una manera más reflexiva.   Así que si la mujer dice que está relajada y lista para la penetración, el hombre puede darse cuenta que no es cierto por que el esfínter interno no está abierto.

La mejor posición para el sexo anal es de lado o de cuchara (o sea  el hombre atrás de la mujer acostado de lado).  Pero también se puede hacer en la posición de perrito ya sea la mujer pegada a la cama o en cuatro.  Otras posiciones recomendadas son la posición misionera o la mujer encima del hombre, pero al revés de la posición normal. 

He de decir que la mayoría de las mujeres que siguen los pasos arriba descritos tienen una experiencia fantástica y la repetirán seguramente.  Advierto a los hombres que no esperen que sea el pan de cada día.  Como ya lo dije, para nosotras el ano es algo sagrado así que tampoco se trata de usarlo para el sexo a diario.   Hay mujeres que lo disfrutan sobremanera  y si son como lo que se ve en las películas porno pero encontrar a una mujer así es como encontrar una aguja en un pajar. 

Otros consejos que doy para el placer del sexo anal:

Combinarlo con otra estimulación sexual.  Se puede estimular el clitoris con los dedos o con un vibrador y se puede estimular a la mujer con palabras al oído. 

Para asegurarte que los intestinos están saludables y normales pueden ambos cambiar la dieta y comer alimentos ricos en fibras, vegetales frescos y fruta en lugar de comidas procesadas.   

NUNCA tener sexo anal si se tiene algún tipo de hemorragia (y por favor ve inmediatamente al médico si te sucede esto).

Si utilizan los dedos en el ano o se tiene sexo anal no cambiar a la vagina.   Es como cuando te explican que te tienes que limpiar de adelante para atrás:  un poco de heces en la vagina puede causar infección. 

Tener una comunicación abierta asegurará el éxito en tener sexo anal.

Tómalo como una experiencia o un juego erótico más y disfruta.

Si no tienes una relación monógama usa condón.

Las mujeres pueden probar introducir la lengua o un dedo en el ano del hombre.   Se sorprenderán.