miércoles, 11 de abril de 2012

Mi papá, el cometa



El día de mañana mi padre cumple sesenta años.   Otra vez no puedo localizarlo.  No me aflijo mucho porque sé que es  algo usual.  Se pierde por temporadas y uno se preocupa mucho para luego aparecer como que si nada y al escuchar mis reclamos me dice: ¿Qué?  ¿ De qué te enojas?  Yo estoy bien. 

El siempre ha sido así.  Sino que lo testimonien sus dos ex mujeres.   Decidió no casarse de nuevo para no tener que lidiar más con esos pleitos.  Dice que conmigo tiene suficiente ya que yo actúo más como su mamá o mujer que como su hija.

Desde niña mi mamá evitó a toda costa que yo tuviera trato alguno con mi papá. Ellos se separaron cuando yo tenía apenas 5 años.  Me lo pintó como un hombre perverso, irresponsable, drogadicto, soñador, loco, malvado, mentiroso, embustero, bohemio y  alcohólico.   He de decir que algunos de los adjetivos fueron exagerados y otros no.  Cada vez que lo veía, que eran dos veces al año, mi mamá se moría de los nervios de que yo iba a adoptar su forma de ser y  a ser como él.  Ella no quería que yo me “contagiara” de su horrenda forma de ser y sus malas actitudes y costumbres.  Cada vez que yo regresaba de una de esas visitas me estresaba dándome un sermón y tratando de sacar información de lo que me había dicho por si me había mal aconsejado.  El nunca hizo nada de lo que mi mamá temía pero eso era lo que ella creía ciegamente. Cuando cumplí los 16 años tuve un pleito tan grande con mi mamá después de haberlo visto, que voluntariamente decidí dejar de verlo a él y a toda su familia bajo la amenaza que al cumplir los 18 años yo ya era una adulta y si quería buscarlo, lo iba a hacer.  Al menos estuve tranquila por 2 años de mi vida sin pelearme con mi mamá por ello.

Se llegaron los 18 años y no lo busqué.    Se llegaron los 20 y luego los 22.  A los 22 ya no podía vivir más sin mi otra familia, así que decidí tomar acción.  A los primeros que busqué fueron a mis abuelos paternos y a través de ellos supe de mi papá.   Vivía en esa época en South Lancaster, Massachusetts (cerca de Boston) y seguía viviendo con su segunda mujer e hija.   El me envió una carta para empezar la comunicación de nuevo en la cuál se leía lo siguiente:

Lo siento mucho hija, yo sé que no he sido un buen padre para ti, yo he estado pagando de una forma u otra todos los errores que yo he cometido contigo, como si tu fueras la culpable de lo que sucedió entre tu mamá y yo y hoy me doy cuenta de ello.  Ahora quiero buscar de ti, hablarte, entablar mas los hilos de comunicación y de amor y cariño que te tengo.  Pero también te lo quiero demostrar, no sólo decírte cuanto te quiero en palabras sino que también en hechos.

Por eso ahora me siento como el más grande de los villanos, pero yo le he pedido a Dios que me perdone y ahora a ti y así ahora los años que me queden de vida dedicártelos a ti y a mis posibles nietos que me des. 

Ahora bien, si tú me rechazas, no te culpo porque yo no he estado allí cuanto tu me has necesitado.  Aún así sabes que tú estás en mi corazón y en mis oraciones de todos los días.   Que Dios te bendiga!!
Con todo mi amor,  Odonel”

La carta me causó sentimientos encontrados.  La parte de: “No solo decirte cuanto te quiero en palabras sino también en hechos” me enterneció mucho y quise con todas mis fuerzas que fuera cierto.   La parte de “...y en mis oraciones todos los días” no me la creí ni de chiste.  ¡No ha orado nunca!  Y si lo habrá hecho alguna vez, fue por pura necesidad y no por convicción.  Me di cuenta que la carta la firmó con su nombre y no como papá. 

Mi alma de aventurera me llevó a un viaje de varios meses por Argentina poco después de haber recibido esa carta y estando allá, recibí la noticia de que él iba a ir a Guatemala en dos meses más.   Yo tenía en ese momento la posibilidad de quedarme en Argentina con un buen trabajo y un buen chico, pero era muy lejos de mi país y con las ganas de ver a mi papá, decidí mejor emprender el viaje de regreso y prepararme para el reencuentro.

Yo tenía muchas dudas con respecto a su persona por las cosas que mi mamá me había dicho por años.  Una de las cosas era que él no había querído que yo naciera.   Que él había faltado a propósito mi nacimiento por ello.  Esa historia me carcomeó el cerebro por años pero aún teniendo resentimiento al respecto, quería darle la oportunidad a él de que me lo dijera en la cara o que lo negara.  Yo iba a juzgar si era sincero o no.

Se llegó el día de nuestro encuentro.  Era un sábado a medio día en mi restaurante favorito.  Nos abrazamos y durante la comida nos pusimos al día en nuestras vidas.  Cuando se llegó el postre entonces comencé a hacerle preguntas.  El contestaba una a una con honestidad.  Se empezó a formar lentamente una historia diferente a la que mi mamá me había dado.    Llegó el momento esperado en el que le hice la pregunta que más me interesaba: “ ¿Es cierto que no querías que yo naciera y por eso te perdiste mi nacimiento?” Se quedó en silencio viéndome fíjamente mientras asimilaba la pregunta.  Se le llenaron los ojos de lágrimas y tomándome de la mano sin quitarme la vista me dijo: “Si su mamá le dijo eso estaba mintiendo.  Yo esperaba con ilusión el día en que usted naciera.  Lamentablemente no me pudieron localizar y me perdí su nacimiento, pero me fui esa noche a la casa y hasta que no terminé de pintar su cuna no me acosté a dormir”. 

Me dió mucha alegría su respuesta y me sentí feliz de saber la verdad después de tantos años.  Ese mismo día mi papá me dijo estas palabras: “M’ija, yo soy una persona muy irresponsable y lo sé.  No sé ser padre, nunca lo supe ser.  No puedo mantener una comunicación constante aunque quiera y no espere de mí llamadas todos los días o cartas diarias.  Pero si le ofrezco mi corazón y mi honestidad en este momento.  Espero que me acepte como soy”.

Desde entonces los lazos de padre e hija se han estrechado cuando se ha podido.  Hemos hecho un par de viajes juntos, hemos compartido varias historias y hemos hecho nuevas y buenas memorias.  No será el mejor padre del mundo pero al menos fue honesto en decírmelo y yo lo acepto como es.   Cuando se desaparece como un cometa me preocupo pero sé que estará bien porque tiene un carisma y una suerte que cualquiera envidiaría.   Siempre sale adelante aún en las situaciones más comprometedoras.

Para la mala suerte de mi mamá, hay muchas cosas que heredé de mi papá, ya que nuestros carácteres se parece mucho.  Pero no todas esas cosas son malas.  Con los años he aprendido que sí, que es bohemio, mentiroso y un poquito embustero, soñador y loco pero es un excelente artista, tiene un carisma y un don de liderazgo capaz de mover montañas.   Tiene un gran corazón y muchos de sus defectos son opacados por sus virtudes.    Es un espirítu libre y un irresponsable aventurero.  Pero así lo quiero. 


Papa:  ¿Será que ya te fuiste a la quinta dimensión con los mayas?  Te deseo un feliz cumpleaños en donde estés y recuerda que te quiero muchísimo.   ¡Y comunicate o atenete a las consecuencias!  

1 comentario:

  1. Preciosa historia: somos lo que vivimos en nuestros primeros años de infancia (o eso dicen los psiquiatras) aunque, en tu caso, el espíritu de aventura es obvio que viene por vía genética :-))

    Un abrazo,

    Paquito.

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