jueves, 9 de mayo de 2013

La Sinfonía No. 5 de Beethoven




Era  un jueves de enero del 2006 en Amsterdam.  El frío calaba hasta los huesos aunque andaba por la calle con calcetas de lana, pantalón grueso, blusa con cuello de tortuga, suéter de lana, chaqueta de invierno, guantes, gorra y bufanda.  

Eran más o menos las ocho de la noche y había una profunda oscuridad combinada con un viento que cortaba como un cuchillo mientras caminaba por las calles del centro de Amsterdam esquivando transeúntes.

Aunque era invierno y un día entre semana el centro estaba lleno de turistas.  Yo había ido a comprarme un par de guantes ya que los que tenía no me calentaban lo suficiente.  Las tiendas estaban atascadas de gente porque era semana de ofertas.  Entrar a una tienda con la ropa de invierno puesta era desagradable.  Uno sudaba mientras intentaba hacer las compras pero al salir de la tienda el sudor se sentía pegajoso y frío .  Como no encontraba los guantes que quería, pasé por varias tiendas hasta divisarlos.  Cada vez que entraba o salía de una, tenía que esperar a que la gente pasara lentamente de un lado al otro.  Había ruido por todos lados y el fastidio se empezó a manifestar en mí.  

Al salir de la tienda donde había encontrado los guantes lo único que quería era ir a casa.  Tenía hambre ya que no había cenado. Comencé a caminar hasta la parada del tranvía esquivando gente y bicicletas que se atravezaban por mi camino.

Llegué a la parada en Leidseplein.  Me dolían los pies y el viento era más fuerte. Entre el ruido de la gente hablando, riendo o gritando, los tranvías pasando, los carros, las bicicletas y la música que salía de algunos bares alrededor de Leidseplein, escuché una música conocida. 

Agudicé el oído y la reconocí:  Era la sinfonía número 5 de Beethoven.  Normalmente no me impresiona escuchar alguna sinfonía clásica en la calle pero la manera en que los músicos estaban tocando la sinfonía era hechizante.   Me dirigí hacia donde venía la música.  Mientras más me acercaba más podía escuchar la interpretación armoniosa y fina de los músicos.   Al llegar al lugar comprobé que los músicos no tenían más de 20 años.  Eran 6 chicos que entonaban la sinfonía a la perfección.   Habíamos cinco personas enfrente de ellos.   Mientras más la escuchaba, más me hipnotizaba la manera en que los músicos hacían su interpretación.  

No sé que sucedió pero sentí un dolor en el corazón  y se me empezaron a salir las lágrimas.   Me sentí un poco ridícula al hacerlo y vi de reojo a las demás personas para ver si no me veían llorar.   No podía creer que esos chicos tan jóvenes pudieran enterpretar a Beethoven tan fantásticamente. 

La interpretaron desde el primer movimiento hasta el cuarto.  En total la sinfonía dura mas o menos media hora y estuve ahí hasta que terminó el ultimo movimiento.    Los transeúntes pasaban de un lado al otro, pero los que se quedaban a escuchar no podían moverse.  Era como si la interpretación de la sinfonía nos hubiera atrapado y no nos dejaba marcharnos.   No sentía más ni el frío, ni el viento, ni el cansancio, ni el fastidio de haber estado en las tiendas llenas de gente.

Era lo que necesitaba en una noche de invierno como esa.   Era como una medicina para el alma, la música calmaba mis penas, me relajaba y me hacía sentir liviana.

Al casi terminar la sinfonía con el cuarto movimiento en Allegro los muchachos estaban eufóricos. Sonreían y se miraban uno al otro como si estuvieran contándose la cosa más maravillosa del mundo. Tocaban cada quién su instrumento con todas las ganas posibles.   Algunos de ellos sudaban y las gotas de sudor les corrían por el rostro pero a ellos no les importaba. Los que estábamos presentes escuchando la interpretación estábamos contagiados con el entusiasmo de los chicos.

Al terminar todos los presentes aplaudimos efusivamente.  Ya no éramos cinco personas escuchando sino que como treinta.  Los chicos se inclinaban en agradecimiento y se abrazaban uno al otro.

Empezaron a caer las monedas en la caja abierta de un violin.  Yo esperé a que la gente se dispersara porque quería saber más de estos chicos.  ¿Cómo era posible que pudieran interpretar esa sinfonía la perfección?  ¿Dónde habían aprendido a tocar así?  ¿Por qué no estaban en una orquesta famosa de Europa?   Quería saber la verdad sobre ellos.

Me acerqué a uno y le pregunté.  Me contó que él y sus compañeros eran rusos.  Habían venido a Holanda hacía dos meses.  Habían estudiado música desde los 6 años con los mejores maestros y era lo único que sabían hacer ya que habían ensayado muchas horas los siete días de la semana.  En Rusia no era posible entrar a una orquesta sinfónica que los contratara porque lamentablemente habían más músicos que trabajo para ellos.  Me dijo que estaban de ilegales en Holanda y vivían en albergues temporales.  De noche, se turnaban para cuidar los instrumentos musicales porque en esos lugares era fácil que se los robaran.

No sólo me había impresionado su música sino que también su historia.  Quería ayudarlos pero no sabía cómo.  Es una de esas ocasiones en que quieres ayudar y no tienes los medios para hacerlo. Busqué en mi billetera y encontré 66 euros.   Se los di y les dije que se compraran una buena cena.  Les desee la mejor suerte del mundo y me fui.

Desde entonces cada vez que escucho la sinfonía número 5 de Beethoven me acuerdo de esa noche y me pregunto que habrá sucedido con ellos.  Espero que hayan logrado ser legales en Holanda, que hayan logrado entrar a una orquesta y hayan podido interpretar su música para un público mayor.  Eran demasiado buenos como para vivir ganándose unas pocas monedas en la calle.










2 comentarios:

  1. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    SILVIA



    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE DJANGO, MASTER AND COMMANDER, LEYENDAS DE PASIÓN, BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC…

    José
    Ramón...

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    1. Wow! Me han hecho bellos comentarios pero este es uno de los más hermosos! Muchas gracias José Ramón. De todo lo que mencionaste, Titanic es lo unico que no me gusta. Demasiado comercial y meloso.

      Un abrazo y busco tu blog.

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