miércoles, 6 de marzo de 2013

El Divorcio





Recibí el sobre que tanto temía tener entre mis manos.  En él, tu letra impecable escribió mi nombre y mi dirección.  Me pregunto si te tembló la mano o si dudaste al hacerlo.  

Pongo el sobre sobre la mesa.  Temo abrirlo.  Mientras sirvo hielo y whisky en un vaso noto como mi cuerpo se estremece con un escalofrío que me viene con un mareo.

Me siento en el sofá y cojo el sobre.  Veo de nuevo mi nombre y mi dirección.  Trato de memorizar todos los detalles de los dos sellos postales.  Me recuesto en el sofá en el que tantas veces charlamos e hicimos el amor mientras observo el cuadro que compramos en la Antigua Guatemala.  El volcán de Agua se ve triste y solitario.  Empiezan a correr lágrimas por mis mejillas.

No quería llorar ¡MALDITA SEA!  Pero no lo puedo evitar.  Este es el fin.  Empieza la nostalgia y los recuerdos: El día en el que te conocí donde ambos nos refugiamos en la misma cornisa de la tormenta que se nos vino encima.  La primera cena en la que ordenaste Albóndigas en Salsa Roja y una te cayó encima de la camisa inmaculadamente blanca.  El primer beso en el cuál tuve que empinarme para poder alcanzar tus labios porque eres tan alto.   La primera vez que hicimos el amor y las intensas sensaciones que me hiciste sentir.   Cuando me propusiste matrimonio después de escalar el Volcán de Agua por varias horas para luego comprar  el cuadro como recuerdo; cuadro que intento seguir observando entre mis lágrimas.   El día en el que nos casamos, lo guapo que te veías y lo feliz que éramos.   Cuando te conté que estaba embarazada y la cara que pusiste al saberlo.  El nacimiento de Estela y tres años después el de Byron.   Ver a nuestros hijos crecer y sentirnos satisfechos por los logros laborales y financieros.   Cuando murió tu madre, como te quebraste y lloraste como un niño y lo que te consolé.  Verte perder tu figura atlética, blanquear tu cabello y ver marcadas las primeras arrugas en tu rostro.  Cuando nuestros hijos salieron de la escuela y fueron a la Universidad y  el abrazo que nos dimos para disipar la sensación de pérdida que nos embargó.

Fueron veinticinco años juntos.  Veinticinco años que se fueron por la borda porque según me dijiste:  “Habías dejado de quererme”.

No lo vi venir, no vi las señales o no las quise ver.   Y rápidamente te saliste de la casa, saliste de mi vida y me dejaste como si yo no hubiera sido nadie valioso para ti.  He intentado comunicarme contigo y me has dicho que es mejor que no lo hagamos porque así las heridas curarán más rápido.  ¿Cómo puedes sacarme de tu vida así como si yo hubiera sido un objeto despreciable?   Nunca me porté mal contigo y no merezco este trato.

Y ahora recibo el sobre.  Solamente han pasado dos meses y quieres sacarme de tu vida para siempre.  Me pusiste en el único correo electrónico que me has enviado que no ibas a pelear por nada.  Que me lo dejas todo y lo único que quieres conservar es tu carro.  Que es lo mejor para los dos.  La verdad es que no me interesa ni la casa, ni el carro, ni la casa de campo de la que supuestamente ahora soy dueña absoluta.  Me importas tú.  Me interesas tú.  A ti es al que amé y al que todavía amo.

Pero nada puedo hacer.  Al tú tomar la decisión tan abrupta y dejarme recogiendo los pedazos de mi corazón roto se te olvidó contarme un pequeño detalle:  Se te olvidó decirme que hay alguien más en tu vida.  Alguien que es treinta años menor que tú, alguien que te hace sentir joven, que te hace vibrar y sentirte vigorizado.  Me alegro mucho por ti.  Te felicito y espero que ella te haga feliz.

Abro el sobre y leo los papeles de divorcio.  Leo cada palabra con lentitud, siento que las leo pero que no las entiendo.   Me quedo un largo rato viendo el papel.  Es como si fuera un papel en blanco, tan blanco como mi mente.  Me tiemblan las manos y las lágrimas empiezan a caer en el papel, mojándolo y sellándolo con mi dolor. Busco un lapicero, me tomo un buen sorbo de whisky y después de un suspiro los firmo.

Tomo otro sorbo de whisky y me rio.  Primero es una risa tímida pero luego se convierte en carcajada.   Me carcajeo tanto que hasta los vidrios de la ventana se estremecen.    No sé porque me estoy carcajeando pero lo hago y lo sigo haciendo.  Las lágrimas que hace un momento eran de tristeza ahora son parte de la carcajada.

Me levanto y voy al escritorio.  Saco un sobre y escribo tu nombre con el código postal que venía en el sobre que me enviaste (porque ni siquiera sé dónde vives ahora).  Le pongo dos sellos. A la par de tu nombre escribo “Quien ríe de último ríe mejor”.   Me dirijo a mi habitación y saco una maleta que empiezo a llenar con mi ropa y accesorios. 

Llamo a tu mejor amigo, Luis.  Cuando me contesta le digo: “¿Te acuerdas de que prometimos celebrar mi divorcio a lo grande?” él me contesta: “Si mi amor” “Pues ya se llegó la hora.  Te veo en la casa de campo, me voy ahora” y cuelgo el auricular.  Al pasar por la sala recojo una botella de Champán y el sobre con los papeles de divorcio firmados.

Manejo hasta la oficina postal y dejo el sobre.  Ya está.   Ya se terminó nuestra historia como tanto querías.  Ahora comenzaré otra.  Espero no te importe que me revuelque con Luis a tu salud.

1 comentario:

  1. La vida es un continuo cambio but remember> Don't wait for the storm to pass, LEARN to dance in the rain.

    Angel

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