lunes, 21 de noviembre de 2011

Un Amor para Siempre



Cuando regresé a casa del trabajo Doña Mina, la señora de la tienda de la esquina, me dijo que Doña Ofelia estaba a punto de perder la batalla contra el Cáncer que llevaba desde hacía más de tres años. 

Dejé mis cosas apresuradamente en el apartamento y me dirigí al cuarto piso, apartamento 4-B donde Doña Ofelia vivía con Don Ricardo por más de cuarenta años.

La puerta estaba abierta y todos los vecinos y familiares estaban en silencio entrando y saliendo de la habitación donde Doña Ofelia se encontraba.  Después de saludar a algunos entré a la habitación y me paré cerca de la ventana que daba hacia la calle.  Nunca había entrado a la habitación y se notaba el decorado antiguo con muebles a los cuáles tiempo ya les había pasado la cuenta.  Tenía un diseño floral estilo granjero de los años 80’s del siglo XX.  La cubrecama era del mismo estampado que las cortinas. Habían fotos colgadas de Don Ricardo y Doña Ofelia jóvenes y recién casados. Había un olor a viejo y medicinas pero cada vez se hacía más profundo el olor a muerte.   Porque la muerte tiene olor personal que se reconoce únicamente cuando está cerca.

Sentado en una silla a la derecha de la cama se encontraba Don Ricardo.  Tenía entre sus manos temblorosas la mano huesuda y arrugada de Doña Ofelia.  Se veían a los ojos como encantados y enamorados por primera vez.  Esa misma mirada con la que se han visto por los cincuenta años que tienen de estar juntos. 

Recordé una ocasión en la cuál Doña Ofelia, tan amable, me había invitado a cenar.  Estábamos platicando en la cocina cuando llegó Don Ricardo, quién había estado un par de horas ayudando a su hijo a reparar su carro.  Entró, se quitó la chaqueta y dijo:  ¿Dónde está la mujer más hermosa del mundo?  Doña Ofelia con una gran sonrisa lo recibió y le dijo:  “La mujer más hermosa del mundo estaba esperando ansiosa al mejor hombre del mundo”.

Se les veía caminar por la calle del brazo, riendo y hablando de todo, como si se vieran por primera vez después de mucho tiempo.   A veces, cuando iba de compras, divisaba a Don Ricardo con un ramo de flores entre las manos.  Le gustaba sorprender a Doña Ofelia con detalles. 

A veces me encontraba en casa de ellos cuando Doña Ofelia interrumpía la plática para arreglarse un poco mientras decía: “Ya casi viene Ricardo.  No quiero que me vea en estas fachas”.

Eran la envidia del vecindario, en especial de todas las señoras viudas, mal casadas y solteronas.  El amor de ellos es incomparable con cualquier otro que haya visto jamás.   Se han respetado, amado y cuidado por tantísimos años y aún conservan ese amor que sintieron la primera vez que se vieron.

Doña Ofelia me contó que conoció a Don Ricardo en la casa de una amiga. Ella visitaba a la amiga y Don Ricardo estaba visitando al hermano de ella. Desde que se vieron sabían que habían nacido el uno para el otro.

Cuando a Doña Ofelia le diagnosticaron cáncer en los intestinos, Don Ricardo le dijo: “No te preocupes amor.  Saldremos de esta como hemos salido de todas.  Yo estaré siempre a tu lado”.  Y Don Ricardo desde ese mismo instante se dedicó a la tarea de ayudarla a soportar su enfermedad de la mejor manera posible.

Aunque la habitación se encontraba llena de gente Don Ricardo y Doña Ofelia parecían estar solos.  Hablaban de recuerdos de mejores tiempos y se reían de ello.  Don Ricardo de vez en cuando dejaba rodar algunas lágrimas que se limpiaba con la manga de la camisa rápidamente para retomar la compostura y seguir recordando con el amor de su vida.

El olor a muerte se hizo más intenso y todos sabíamos que la hora ya estaba por llegar.

En un momento Doña Ofelia dejó de hablar.  Miró a los ojos de Don Ricardo muy penetrantemente y sin voz le dijo:  Te amo.  Cerró los ojos y falleció en ese momento. 

Todos en la habitación estábamos sollozando viendo la escena.  Don Ricardo empezó a llorar desconsolado y nadie se atrevía a decir o hacer nada. 

Al cabo de unos minutos que parecían eternos, Don Ricardo dejó de llorar de repente y comenzó a reír.  Todos nos veíamos las caras consternados sin saber como reaccionar. 

Se paró y nos dijo: “Señoras y señores, muchas gracias por estar aquí.  Si me río y parezco loco no lo soy.  Me estaba recordando de como Ofelia y yo hablamos de lo que iba a pasar después de este momento y las locuras que a ella se le ocurrían. Como ustedes saben tenía un sentido del humor entusiasta, aún en sus peores momentos.  Ella ha sido la única mujer en mi vida y sin ella no hubiera podido vivirla a plenitud como lo hice.  Me suplicó que no llorara mucho así que trataré lo más que pueda en complacerla.  También me pidió que les agradeciera por haber estado en este momento.  A cada uno de ustedes Ofelia les ha dejado una carta que repartiré dentro de un momento.  Ella quería agradecerles de su puño y letra.  También me pidió que les dijera que no quería vernos a todos de negro.  En cada una de las cartas describe el vestido o el traje que más le gustó de ustedes y uno de sus últimos deseos es que se pongan ese traje para el funeral.  También me suplicó que les dijera que no se preocupen por mí.  Que ella me estará cuidando en mis últimos días como siempre lo ha hecho.   No tengo ni que decirles de lo que la amo y que minutos después de su muerte todavía me llena su presencia.  Se que se encuentra entre nosotros, la siento muy cerca.  A Dios le agradezco por haberme dado la dicha de ser feliz por tantos años y el amor eterno existe, doy fé de ello”.

Acto seguido Don Ricardo depositó la mano de Doña Ofelia en la cama, le besó en la mejilla y se paró para caminar lentamente hacia dónde tenía las cartas. 

El haber sido testigo de un amor como el de Doña Ofelia y Don Ricardo hasta el final y más allá de la muerte me hizo sentir feliz y esperanzada.  Los pájaros afuera nos deleitaban con su canto.  Todos en la habitación nos sentíamos en paz.

2 comentarios:

  1. SUPER NICE Y CREATIVO, DEVERAS DA SENSACIÓN DE UNA HISTORIA VERDADERA.. AUNQ NO DUDO QUE EN ALGUNA PARTE DEL MUNDO, EXISTE UN AMOR ASI...GRACIAS AMIGA POR LA COMPLACENCIA....CLAUDIIA CHAJON

    ResponderEliminar
  2. Se me escarapelo el cuerpo. Sobre todo porque mis papas tienen un amor asi, tan hermoso, que realmente traspasa la barrera del tiempo. Como siempre otro lindo cuento!

    ResponderEliminar