lunes, 6 de junio de 2011

Miguel

Yo acababa de ser contratada como la nueva Ejecutiva de Ventas del Hotel Radisson en Guatemala.  Mi jefe me dijo que iba a pasar un día con cada uno de los Departamentos del Hotel para darme una idea de lo que hacían día a día.  El primer día me tocó estar con la persona que contestaba los teléfonos.  El segundo día en la recepción.  Mi entrenador de la recepción se llamaba Miguel.  Era un muchacho guapo, de 23 años.  Tenía la piel canela, los ojos café claro y cabello rizado y muy bien recortado.  Tenía una sonrisa encantadora y una mirada penetrante.  Delgado y con manos finas.  Nos hicimos amigos al instante.  Lo que menos hizo fue enseñarme los quehaceres de la recepción.  Sin un pizco de timidez me hacía preguntas bastante íntimas (¿Todavía eres virgen?  ¿Con cuántos te haz acostado?).  Yo de 18 y recién graduada no estaba acostumbrada a ese tipo de trato pero respondí sus preguntas lo mejor que pude.

Cuando nos tocaba trabajar juntos era divertido.  Nos pasabamos horas riendo y comentado todo de nuestras vidas.  Nos ibamos de copas después del trabajo con otros compañeros y la pasabamos de maravilla.  Así fue como los lazos de amistad se empezaron a formar.  Una noche de juerga me dijo que tenía que decirme algo muy importante.  Me llevó a un rincón del bar donde nos encontrábamos y me dijo muy seriamente que quería decirme la verdad más grande de su vida.  Con una pausa ceremoniosa y sepulcral, me confesó que era homosexual. 

Guatemala en los años 90’s no era lo que es ahora.  La palabra “homosexual” o como vulgarmente decimos los guatemaltecos: “hueco” era un insulto.  Se usaba la palabra “hueco” entre amigos y muy despectivamente.  Aún ahora en el 2011 sigue siendo un insulto.  Siendo un país católico y muy conservador los homosexuales tenían que ocultarlo lo mejor que pudieran de su familia y amigos.  Aún en estos tiempos hay varios guatemaltecos que no le han confesado a su familia su tendencia sexual y pasan años ocultándolo. Al Miguel confesarme su verdad estaba realmente diciéndome que confiaba en mí cien por ciento.  Me contó que acababa de terminar una relación con un hombre y que había sido homosexual desde los 16 años.  Yo traté de tomarlo lo mejor que pude pero mis prejuicios daban vuelta por mi cabeza esa noche.   

Pensé mucho si quería seguir teniéndolo de amigo.  Yo no veía nada malo en Miguel excepto el hecho de ser homosexual.  Era un chico noble, dulce, con un gran corazón y una personalidad impresionante.  Además siempre estaba ahí para mí cuando lo necesitaba. Y si no fuera porque me había dicho que era homosexual nunca lo hubiera imaginado ya que no era el típico afeminado. Los prejuicios inculcados desde muy temprana edad me hacian dudar: ¿Que diría mi familia de saber que tenía un amigo homosexual?  ¿Qué pensarían mis demás amigos al respecto?  Después de pasar toda la noche en vela pensándolo detenidamente decidí probar y seguir siendo su amiga.

Fue una experiencia inolvidable.  Como físicamente era guapo y exótico yo veía como las chicas querían salir con él y morían por ser sus novias.  Inclusive una de ellas logró robarle un beso pero no su corazón.  Me daba cuenta que a los que consideraba sus amigos nunca les ocultó su verdad y era muy abierto a hablar de ello.  Recuerdo varias veces en las cuáles me enseñaba fotografías de sus novios y me contaba sus aventuras.  Me rogaba que fuera con él al único bar de homosexuales que había en Guatemala pero no me atreví.  Estaba abierta a tener un amigo homosexual pero tampoco quería verlo besándose con otro hombre.  Mis prejuicios me seguían como fantasmas.

Así la amistad se fue entrañando y se fue haciendo más sólida.  Entró otra chica en escena de nombre Andrea que también conocía su verdad y se fue haciendo muy amiga de los dos.  Nos reíamos y pasabamos mucho tiempo juntos.  Los lazos de amistad se hicieron cada vez más fuertes.

Un día Miguel me confesó que tenía que hacer algo respecto a su persona.  Tenía varios meses de sentirse muy cansado y sin ánimos de nada. También se enfermaba muy rápido de catarros, alergías, etc.  Fue hacerse los éxamenes médicos normales y no encontraron nada.  Me dijo que que quería pedirme un favor: Como en Guatemala el ser homosexual era un tabú, también lo era el hacerse el examen de Sida.  Así que me pidió que lo acompañara a hacerse el examen y que pretendieramos ser pareja.  Yo no tenía ningún problema al respecto así que un día nos fuimos al laboratorio a hacernos el examen y pretender que eramos pareja.  Nos separaron y a cada quién nos llevaron a habitaciones distintas.  Ahí los médicos nos hablaron a cada uno de la importancia del uso del condón y del sexo seguro.  Yo divertida recibía la lección pero a la vez prestaba la atención debida ya que mi conducta sexual era típica de una chica de dieciocho.

Cuando salimos del lugar fuimos a comer y nos reímos mucho.  Ese día marcó nuestra amistad para siempre. Llegué a sentir un profundo amor y respeto por él y ese día me ayudó a vencer los demonios de la incomprensión por ignorancia hacia los homosexuales.  Son seres humanos como tú, como yo y como cualquiera.  Lo único diferente es su inclinación sexual con la cúal no pueden hacer nada al respecto.  Nacieron así y así serán para siempre.  Ser homosexual no es una enfermedad ni se cura yendo al psicólogo.  Y por más que querramos nunca los haremos cambiar o recapacitar.

A la semana de habernos hecho los exámenes del Sida fuimos por los resultados.  El estaba muy nervioso y a mí me daba gracia todo ello.  Nunca pensé que fuera a salir positivo.  Yo quería abrir su resultado pero me dijo que mejor cada quien lo abriera en la casa.  Cuando llegué a mi casa y quise abrir el mío me atrapó el temor.  Pensé en las veces que no usé un condón, en las condiciones y con quién.   Sudaba frío y los nervios me traicionaron.  Al fin me armé de valor y decidí abrir el sobre. Al abrirlo y comprobar que el resultado era negativo me calmé.   Llamé inmediatamente a Miguel y su mamá me dijo que le había dicho que no se sentía bien y que se iba a dormir temprano. 

Al siguiente día lo busqué en la recepción y él no había llegado a trabajar.  Luego vino el fin de semana y no lo ví hasta el lunes que entré a trabajar de nuevo.  Le pregunté cómo le había ido y me dijo que tenía que contarme pero no en el trabajo.  Mis sentidos me alarmaron de que había algo que no estaba bien.  Quise pensar que era sólo una fantasía mía.  En todo el día no me pude concentrar ya que pensaba en él.  Cuando salimos del trabajo me llevó a un bar muy íntimo.  Me agarro las manos y me miró profundamente a los ojos y me dijo: “¿Sabes lo que te quiero?”  Me besó las manos y retiró su mirada de la mía.  Cuando volvió a verme con lágrimas en los ojos me dijo:  “El resultado fue positivo”.

Me sentí mareada y me dió nausea.  Me levanté rápidamente al baño y vomité.  Sentía que la cabeza me daba vueltas y que no podía sostenerme en pie.  Y ahí cuando mi amigo me necesitaba más, mi cuerpo me traicionó.  Lloré sentada en el piso del baño.  Lloré como no había llorado nunca por un amigo.  Lloré porque me sentí impotente sin saber que hacer. 

Cuando me recuperé y pude salir del baño lo ví sentado en el mismo lugar con la mirada triste.  La mirada de Miguel me indicó que se resignaba al destino que le esperaba.  Me dijo que había decidido irse a vivir a Estados Unidos ya que ese era el único país donde tenían las medicinas más avanzadas y que a lo mejor podían curarlo.  Al mes o dos meses después del diagnostico se fue a vivir a Los Angeles. 

Mantuvo contacto con Andrea y conmigo por un par de años.  Me contaba que estaba tomando la mejor medicina que había y que hasta le había quitado la alergia por la leche.  Habían meses que sentía que no estaba enfermo para nada para luego recaer y sentirse peor que antes.  Tuvo un novio durante ese tiempo que sabía de su enfermedad y parecía que lo aceptaba.  Pero luego ese novio se volvió un verdugo y en lugar de apoyarlo lo hacía sentir peor.  Recuerdo cómo lloró conmigo por él al teléfono.  Luego sus llamadas se empezaron a hacer menos frecuentes.  Yo intenté llamarlo en varias ocasiones sin conseguirlo.  Después de haber pasado un año sin saber de él me llamó un día a mi trabajo.  La forma en que me habló fue tan dulce.  Me habló de nuestra amistad y todo lo que significaba para él.  Me hizo recordar los momentos que vivimos juntos, todas las risas y todos los llantos.  Me dijo que me amaba muchísimo y que jamás lo olvidara.  Cuando colgamos me entró un mal presentimiento.  Presentí que me había llamado para despedirse.  Llamé a Andrea y le conté lo sucedido.  Andrea me dijo que a ella también la había llamado y que le había hablado de su amistad.  Me dijo que ella también sentía que él se había despedido.

Después de esa última ocasión no supimos más de él.  Intenté comunicarme una vez con su familia pero me dijeron que la familia ya no vivía donde mismo.

Cómo hubiera querido estar a su lado al momento de su muerte.  Espero que haya sido una muerte sin dolor y tranquila.  Espero que no haya estado sólo o con desconocidos.  Espero que haya muerto en paz y feliz de haber sido la persona que era.  Nunca lo voy a olvidar ni voy a olvidar las lecciones que me dió acerca de los homosexuales.  No olvidaré su nobleza, su espíritu, ni su valentía. Al final le confesó a su familia que era homosexual ya que no quería ocultarles su verdad.   Muchos dirán:  El mismo se buscó su muerte.  Pero no, el tener Sida no es sólo de homosexuales.  Estos casos se dan por la falta de educación sexual de parte de nuestros padres, maestros, etc.  Por creer que es un pecado hablar de esas cosas prefieren mantenernos en la ignorancia llevándonos a cometer errores que pudimos haber evitado sin tan sólo nos hubieran advertido.  Está en nosotros, las nuevas generaciones, romper los paradigmas y educar a nuestros hijos como debe de ser.




“Mi morenito bello, ya sea en el cielo o en el infierno espérame... ¡el show debe continuar!”

4 comentarios:

  1. Hola

    Me llamo Alejandra y soy administradora de un directorio web/blog y me ha gustado mucho su sitio, me gusto mucho el relato, sentí cada sentimiento descrito, es bueno encontrar textos así :)

    Me gustaría contar con su sitio en mi directorio, a cambio solo pido un pequeño enlace a mi página de películas, ¿Qué le parece la idea?

    Mi correo es: ale.villar@hotmail.com

    Un beso! y SueRte con su BloG!
    Alejandra Villar

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  2. Te lo he dicho varias veces pero no me canso de repetirlo: escribes maravillosamente bien :-))

    Un besote,

    Paquito.

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  3. Que historia mas triste, Mi amigo Brian era homosexual se despidio por FB hace un mes, y decidio irse al cielo. Nunca dijo sus razones........lo extraño mucho....tu historia me lo hizo recordar.

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