lunes, 21 de marzo de 2011

No Puedo Decirte Adiós

Me fumo el tercer cigarro en 15 minutos. Tengo que dejar de fumar. “Fumar es dañino para la salud” se lee en la cajetilla de cigarros que tiro lo más lejos de mí. 

Se refleja mi cuerpo en la ventana de cristal del bar a donde he venido.  Nada mal.  Este vestido color vino tinto me sienta fenomenal. Me hace ver más delgada de lo que soy y el busto se me ve más prominente.  No es por nada pero me veo muy sexy.  Y estas sandalias de tacón alto le dan un toque felino. Cruzo la pierna para dar el toque final.  Los aretes y la pulsera de diferentes tonos rojos hacen juego con el vestido.   Saco el espejo de mano y  me veo por cuarta vez.  La verdad que hoy estoy matadora con este maquillaje de película que me he puesto.  El delineador de ojos me hace ver como una hechicera y el pintalabios del mismo color que el vestido me queda de maravilla.  Me acomodo de nuevo el cabello.

Si es que pareciera que voy a una fiesta o que estoy a punto de tener la primera cita.  Pero no, la verdad es que vengo a terminar mi relación con Javier.  Quiero que me vea lo más guapa posible para que se quede con un sabor amargo en la boca para cuando le diga adiós. Pero el sabor amargo lo tengo yo ahora así que me tomo un sorbo del vino y lo trago con ansiedad.

No es que no lo quiera ni esté enamorada de él. Lo amo con pasión incontrolable.  Pero él no me da lo que quiero.  Le hablo de responsabilidad y se burla. Le digo que quiero pasar más tiempo con él y me dice que los dos días que pasamos juntos a la semana son suficientes.  Quiero verlo un sábado y me dice que ya tiene planes.  Después de cinco años de relación como que ya es hora de que vaya a más, pienso yo.  O al menos eso es lo que quiero.  Pero él no parece querer lo mismo que yo.   O más bien dicho: No le interesa el tema.

Veo de nuevo el reloj y noto que Javier está atrasado ahora 9 minutos con 47 segundos.  Siempre hace lo mismo. Ni siquiera en eso es conciente.  Yo soy una mujer bonita, inteligente, educada.  No merezco el trato que él me da.

Ahora lo veo venir a través de la ventana de cristal.  Como hace buen clima ha decido venir en moto.  Que guapo se ve con esa chaqueta de cuero café.  Se acaba de quitar el casco y se acomoda el cabello dejando ver esas bellas facciones que me hicieron enamorarme de él.  ¡Si tan sólo no le quisiera tanto! Me chequeo en el espejo por última vez y lo guardo para que no sepa que me he vestido así a propósito.

-          ¡Hola mi amor! Que bella estás hoy.  Perdón por la tardanza – me dice dándome un beso descuidado.
-          Hola
-          ¿Empezaste a fumar de nuevo?
-          Si
-          ¿Desde cuándo?
-          Desde hoy

Evito verle a los ojos.  ¡Si supiera a que ha venido acá! Y mientras él pide distraído al camarero lo que quiere beber lo observo.  Hasta donde estoy sentada me llega el olor a la colonia que siempre usa, la famosa Calvin Klein. Que rico que huele.  Al quitarse la chaqueta de cuero deja ver esa camisa que tanto me gusta color azul oscuro.  Se la regalé para su cumpleaños.  La camisa le hace juego con los ojos y los hace verse más azules de lo que son.  Su cabello rubio oscuro hace juego con ellos.  Sus manos grandes y dedos largos me hacen extremecer de recordar cuántas veces se han posado en mi piel y hacerme sentir cosas que nunca soñé. Me estoy dejando llevar de nuevo por los recuerdos felices. Tengo que concentrarme y pensar en lo que voy a hacer.

-          Y entonces ¿para qué me querías ver con tanta urgencia?  Sonabas muy seria por teléfono.
-          Espera a que te traigan la bebida.  No quiero que el camarero escuche la conversación.-  Le digo viendo hacia la que se ha hecho mi amiga, la ventana del bar.  Quiero evitar verlo a los ojos lo más que puedo.

Apago el cigarro con la mano derecha y en un descuido me coge la izquierda y la deposita entre sus manos.  Me mira profundo a los ojos mientras me da un beso delicado en ella. Yo lo veo de reojo porque no quiero toparme con esa mirada clandestina ¡Espero que deje de hacer estas cosas porque me debilita!

El camarero trae su bebida mientras yo nerviosamente busco en mi cartera algo imaginario que no puedo encontrar.  Se hace difícil disimular.

-          Bueno linda, ya tengo mi bebida. De que se trata todo esto.
-          La realidad es que no se como comenzar.- Le digo revolviéndome en la silla y tomando un gran sorbo del vino.
-          Anda, tanto misterio. Dilo de una vez.
-          Tu sabes que te quiero mucho y sabes lo que siento por tí. Pero no estoy contenta con nuestra relación.  Creo que sería mejor que...terminaramos

Se me queda mirado con una cara de desconcierto para luego sonreir y luego reir a carcajadas.

-          ¡No estoy bromeando Javier! Te he dicho miles de veces que quiero que profundicemos en la relación, que quiero ir al siguiente nivel y no sucede.  ¡No voy a esperarte toda la vida!
-          Perdón por la risa pero me parece que estas exagerando un poco.- Me contesta besando mi mano nuevamente.  Intento soltarla de entre sus manos y no me deja.
-          No estoy exagerando, es la verdad.  No quieres verme más seguido, no quieres comprometerte conmigo ni mucho menos casarte.  Quieres seguir la relación como la llevamos pero después de cinco años yo ya me aburrí de lo mismo de siempre.
-          Tontita ¡claro que quiero estar más en serio contigo! pero no pienso que sea el momento adecuado para hacerlo.
-          ¿Y por qué no?
-          Porque estoy muy ocupado con mi trabajo.  Acuérdate que últimamente las responsabilidades han aumentado y tengo varios proyectos entre manos.  Si todo sale bien tengo la promesa de obtener un cargo superior.  Tengo que demostrarle a mi jefe que soy capaz de hacerlo.
-          Lo mismo me dijiste hace un año Javier.  Siempre es lo mismo.  ¡Para ti es más importante el trabajo que la relación!  Yo  ya no estoy para esto.
-          ¿Te gustaría casarte y vivir en una casa bonita y grande, un carro lujoso y tener muchas comodidades?  Eso es mi meta.  Quiero llenarte de todas esas cosas lindas que te mereces y estar a la altura de tu belleza
-          La verdad es que no me importaría vivir en la miseria, aunque se que eso no pasaría ahora, pero la cosa es estar contigo, formar una familia y que duermas a mi lado cada noche.  Ese es mi mayor anhelo.
-          Mi amor, te lo daré te lo prometo, sólo dame más tiempo
-          ¿Cuánto tiempo más necesitas Javier?
-          No lo sé…

Cojo la cajetilla de cigarros de nuevo y saco el cuarto en un día. La verdad es que pensar en fumarlo me da asco pero al mismo tiempo sé que no puedo dejar de hacerlo.  Lo enciendo.  Mi pie derecho se mueve incontrolablemente y yo respiro profundamente y trato de calmarme. Sé que estoy perdiendo el tiempo con Javier.  Lo espero un año, dos o tres y siempre será lo mismo.  Tengo que ser fuerte y terminar la relación de una vez por todas. Tomo un buen sorbo del vino mientras trato de aclarar mis pensamientos.

-          Mi amor, ¿Cómo crees que me puedo alejar de ti? Eres la mujer de mi vida.
-          Javier ¡Ya basta! Si lo fuera no me sentiría tan miserable con lo poco que me das.
-          Ten un poco de paciencia preciosa, tendrás lo que me pides y más – Me dice tomando mi barbilla con su mano.  Se acerca a darme un beso.  Me aparto.  Quiero y no quiero besarlo.  Odio estar en esta situación.
-          Tengo algo para ti.
-          Javier ¿No entiendes?  Estamos terminando.
-          Yo no estoy terminando, eres tú la que está con esa idea loca, pero te prometo que después de que veas lo que tengo para ti no querrás terminar nunca.
-          ¿Qué es?
-          Tienes que venir conmigo para enseñartelo.
-          Yo no me monto en esa moto y mucho menos con este vestido.
-          Tomas el taxi, yo te lo pago.
-          No quiero.
-          Vamos cariño, es algo que mandé a hacer especialmente para ti.  Me ha tomado meses encontrar donde hacerlo y que lo hicieran a tu medida. Lo he diseñado junto con el dueño de la tienda en la cual lo compré. Le he hablado tanto de ti que seguro hasta él se ha enamorado.  ¿No me dejarás devolverlo avergonzado porque no lo quieres, o si?  Es de tu estilo y jamás a alguien le quedaría tan bonito como a ti.

Apago el cigarro a medias en el cenicero.  ¿Qué será lo que me compró Javier?  ¿Será el abrigo que tanto le he pedido? ¿Un anillo? ¿Un collar? Ahora mi mayor deseo es ver el regalo que terminar con él. Y continúa besándome la mano.  Ahora me ve con esos ojos implorantes que me hacen flaquear.  Sonrio a medias y me muerdo el labio inferior. Ahora junta las manos para implorarme.  Me hace sonreir aún más. Se acerca el camarero a preguntarnos si queremos algo más.

-          ¿Quieres terminar esta conversación y ver lo que te compré?

¡Maldita Sea! Ahora me toca a mi decidir.  ¿Qué es lo que realmente quiero?  ¡Enfócate por una sóla vez!  Y los segundos que me tomó decidir parecieron horas mientras tenía dos pares de ojos mírando a través de mi escote.  ¡Hombres!

-          Traíganos la cuenta por favor.- Digo, arrepintiéndome en el mismo instante en que lo dije.

5 comentarios:

  1. Muy sincero y universal!!! No debe haber mujer que no paso por esa situacion!!! Hombres!!! Excelente final! Mujeres!!!

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  2. Bueno, y qué fueee!? haha. Bueno, muy bueno.

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  3. jajajaja me quede con la misma curiosidad.... pero es cierto, los hombres llegan a ser tan egístas que dicen y dan cosas para retenerte...por que???...claudia chajon

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  4. Este cuento me gusto bastante. Es una historia comun y corriente de la vida real en la cual le pones tu toque personal, como por ejemplo el personificar la ventana como tu nueva amiga que da a entender la importancia de esa ventana en el contexto de la historia pues no solo te sirve de espejo para verte a ti misma, sino tambien veras el momento en que llega tu novio.
    Por otro lado una historia siempre vigente (historia de amor y sus conflictos), que la terminas con un sin fin de finales pues dejas al criterio de cada lector el terminarla. Ese es un estilo literario coqueto. Jorge

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  5. historia de una o tantas mujeres que no sabe lo que quiere y si lo sabe no tiene la suficiente fuerza de voluntad o claridad o confianza para lograr hacer lo que pretende o que otros lo hagan.

    aburrido y triste realidad, por lo común que es que muchas terminamos cediendo a los deseos del par.

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