lunes, 25 de abril de 2011

La Leyenda del Xocomil

En el departamento de Sololá, Guatemala se encuentra el Lago de Atitlán. Es considerado uno de los lagos más bellos del mundo. Está rodeado de tres volcanes: Atitlán, Tolimán y San Pedro.  En las márgenes del lago se encuentran varias poblaciones de origen maya.  La naturaleza alrededor del lago así como la gente con sus trajes indígenas de colores vibrantes hacen de este lugar una de las atracciones turísticas más grandes del país.  Una de las características del lago es un viento fuerte llamado Xocomil que empieza a las cinco de la tarde y que no permite la navegación por las aguas del lago a esa hora.  Es muy temido por las grandes olas que levanta y por la rabia con la que sopla. La etimología de Xocomil, proviene de las voces kaqchikeles (un idioma hablado en Guatemala) "Xocom", de jocom (recoger) e "il" (pecados), o sea el viento que recoge los pecados de los habitantes de los pueblos situados a orilla del lago.

Cuenta la leyenda que antes de la formación del lago habían tres ríos que se juntaban al centro de los tres volcanes.  Cada mañana iba una doncella a bañarse a los ríos.  La doncella era de una cabellera larga y negra, delgada de piel suave y fina y de una belleza incomparable.  Era la hija del cacique de la región y su nombre era Citlatzin que significa “estrellita”.  Cantaba con una dulzura excepcional y las aguas de los ríos se enamoraron de ella y cada día esperaban el baño de Citlatzin con ansias.  Los ríos se creían los amantes de Citlatzin aunque sabían que ella era la prometida del hijo del cacique del norte.

Una mañana de tantas, después del baño usual, Citlatzin decidió dar un paseo para recoger algunas flores para su madre.  En el camino se topó con Tzilmiztli.  Tzilmiztli era hijo del carpintero de la región, por lo tanto un plebeyo.  Su nombre significa “Puma Negro”.  No era permitido que la nobleza se mezclara con los plebeyos pero el encuentro casual de Citlatzin y Tzilmiztli los impactó a los dos.  Al verse a los ojos sintieron como la electricidad les recorría el cuerpo y no querían separarse jamás.  Hablaron de todo un poco y acordaron volverse a ver a la mañana siguiente en el mismo lugar.  Desde ese día, Citlatzin y Tzilmiztli se encontraban a escondidas y compartían momentos inolvidables.  Una mañana sin pensarlo Tzilmiztli le rozó la mejilla y la besó apasionadamente.  Del beso pasaron a más y así empezaron a tener una apasionada aventura amorosa que los hizo enamorarse y aferrar el alma hacía un destino incierto y sin futuro.

Mientras tanto los ríos veían un cambio en Citlatzin que no sabían como interpretar.  Ya no jugaba con sus aguas cristalinas como antes sino que se apresuraba a bañarse y hasta dejó de cantar para ellos.  Ellos sabían que algo la distraía pero no comprendían que era.  Después de algunos meses se empezaron a ver cambios en el cuerpo de Citlatzin.  Los ríos que conocían todos sus rincones sabían que estaba diferente.  Sus formas de niña se había transformado a formas de mujer.  Sospechaban que Citlatzin se había enamorado pero no podían estar seguros. Sabían que faltaba bastante tiempo para que ella se casara asi que no comprendían quien podía estarla distrayendo.  Se morían de la curiosidad así que decidieron preguntarle al viento si podía contarles que sucedía.  El viento les contó de los encuentros de Citlatzin con Tzilmiztli.  Los ríos se cegaron de los celos y decidieron hacer algo para separarlos.  Le pidieron al viento que les ayudaran a traer a Tzilmiztli y Citlatzin a los ríos.  Querían castigar a Tzilmiztli enfrente de Citlatzin para que ella supiera que con ellos no se jugaba.

El viento empujó a Tzilmiztli y a Citlatzin hacia los ríos y cuando llegaron a la orilla empujó con más fuera a Tzilmiztli para que entrara a las aguas de los ríos.  Tzilmiztli se enredó en las aguas enfurecidas mezcladas con el viento que lo envolvían para hundirlo en ellas.  Cuando Citlatzin notó lo que estaba sucediendo decidió que no podía vivir sin Tzilmiztli y voluntariamente entró a las aguas y en medio de la furia tomó la mano de Tzilmiztli para luego hundirse con él hasta las profundidades.

Los ríos al ver que Citlatzin había decidido acabar su vida junto a Tzilmiztli se enfurecieron aún más hasta formar un choque de corrientes que cubrió casi toda la región.

Así fue como se formó el Lago de Atitlán.  Las aguas nunca olvidaron la traición de su amada y junto con el viento todavía protestan su pecado. 

lunes, 18 de abril de 2011

Diecinueve años

Hace diecinueve años que no veo a mi mamá.   Diecinueve años viviendo con el pensamiento de querer estar con ella.  Las circunstancias de tal alejamiento son muchas.  No culpo a Dios, ni la culpo a ella, ni a la vida.  Tampoco puedo culparme a mi misma porque sé que hecho todo lo posible para lograr el reencuentro que sucederá en un par de días.  Tengo el estómago revuelto y el corazón en la mano.  Trato de no emocionarme porque no se que voy a encontrar.  Diecinueve años es la mitad de mi vida.  En esos diecinueve años ha pasado mucho como tampoco a pasado nada.

Un enjambre de pensamientos dan vueltas en mi cabeza sin posarse en un suspiro fijo.  Trato de adivinar como será el reecuentro pero todo es una ilusión vana.  Olvidé su rostro y sus manos.  Me imagino que ahora nada será igual.  Ella tiene cincuenta y siete años y el paso de tiempo no perdona. 

Tendremos que reinventar una historia que se quedó en el suspenso.  Recordar los viejos hábitos y reconocerlos en la fragilidad de las horas.  Disimular las emociones vanas y sonreir ante la amargura.

Y amaneceremos contándonos nuestras hazañas.  Haremos nuevos recuerdos para las tardes cálidas.  Por más que evitemos los reproches brotarán como sonidos incontrolables de nuestras bocas.  Tendremos que desarrollar la paciencia infinita y saborear la derrota. Divisaremos el horizonte que nos espera para juntas alcanzar una nueva etapa.  Esta vez no será por separado sino que de la mano.

Y en la espera de que eso suceda me traicionan los nervios.   Mis piernas se debilitan y siento desmayarme.  ¿Estará esperándome? ¿Que sentirá? ¿O desea salir huyendo para no enfrentar la realidad?

Sé que al centenar de preguntas habrá una sola respuesta:  Dejarme llevar por el destino y decirme que todo va a estar bien.  Aceptar que ha llegado la hora de cerrar el libro viejo y desgastado y confrontar el final de la historia a como venga. ¿O será el comienzo de una historia nueva?

Este reencuentro lo dejaré en manos de Dios.  Yo sólo me dejaré guiar de su mano santa y de su sabiduría infinita.  

lunes, 11 de abril de 2011

Pensamientos de un Cincuentón

Me estremezco completito al verla salir de mi oficina.  Tengo ganas de agarrarle esa cinturita con mis manos y pegarme despacito atrás de ella para que pueda sentir como me pone.  Esa faldita negra que usa a menudo y le queda tan apredita me está volviendo loco.  Y esa blusa de seda transparentona que está usando hoy y que deja entre ver el brasier de encaje que esconde esas tetas bien redondas y paraditas.  ¡Huy! ya no puedo pensar más.

Es que Alejandra, mi nueva asistente está para chuparse los dedos.  La contrató Rodrigo, el Gerente de Recursos Humanos y no yo.  Si Rodrigo supiera las pasiones que me está levantando creo que no lo hubiera hecho.  Pero él no sabe nada de cómo están las cosas en mi casa. 

No tengo que olvidarme que a penas tiene diecinueve añitos.  Pobrecita, se nota que le falta experiencia en todo sentido.  Hasta para hacer el café.  Lo hace tan amargo.  Pero por no hacerla sentir mal le digo que está delicioso y me lo tomo enterito. 

No debería de estar pensando en estas cosas.  ¡Si pudiera ser mi hija! Pero esa forma entre inocente y curiosa con la que me habla y me pregunta las cosas me hace desearla cada día más. 

Me pregunta:  ¿Desea algo más señor Rodríguez?  Y le contesto que no pero lo que realmente le quisiera contestar es:  “Si, quiero algo más, ven acercate a mi y dejame acariciarte y quitarte la ropa despacito”.  ¿Pero que querría una chica tan bonita y perfecta con un viejo como yo?  Cincuentón, panzón y canoso.  Menos mal que no soy calvo.  Y ya empiezan los achaques de la edad.  Pero estoy seguro de que si pudiera hacer realidad mis fantasias con ella me rejuvenecería veinte años.

Y es que llevo mas de diez años de no sentirme deseado ni por mi mujer.  Cada vez que intento hacer el amor con ella me sale con que le duele la cabeza, el estómago y hasta los cayos de los pies.  Además últimamente me ha dejado entre ver que quiere que durmamos en camas separadas porque mi cuerpo es por naturaleza demasiado caliente y le provoca sofocones por la noche que no la dejan dormir.  Y yo me resisto a la idea porque ¿Que me queda?  ¿Dormir solo por los siguientes cuarenta años de mi vida?  ¿Tener mujer pero sin tenerla?.

Es duro envejecer y darse cuenta que aquellos tiempos en los que eras un gigolo, casanova y que te llovían las mujeres se ha acabado.  Ahora mi vida pasa enfrente como una película ya que hace mucho tiempo que no me siento vivo.  Excepto cuando veo a Alejandra.  Al verla se despiertan todas las emociones y deseos que han estado dormidos en algún rincón de mi cuerpo.  Quiero sentirme hombre de nuevo, de ser deseado y de que alguien quiera estar conmigo por lo que soy.

A veces tengo la sensación de que ella está atraída por mí pero creo que es sólo mi imaginación.  ¿Y si la invito a una copa después del trabajo?  ¿Cómo reaccionará?  Podría aprovecharme de esa inocencia y seducirla poco a poco, con paciencia hasta lograr hacerla mía.  Sé que es un plan perverso pero no puedo quitármela de la cabeza.  Hay muchas mujeres que sueñan estar con un hombre maduro y con experiencia.  A lo mejor ella es una de esas mujeres. 

Estos pensamientos me rondan día y noche y se ha vuelto una obsesión.  Tan sólo necesito a alguien que me escuche.  En mi casa nadie lo hace.   Llego a casa y mi mujer me tiene un listado de todas las quejas de lo que los chicos hicieron o dejaron de hacer.  Nunca jamás me pregunta como estoy, como me fué o qué es lo que realmente quiero.  Cuando hablo con mis hijos, ellos están en su mundo.  Creen que compartir su mundo con un viejo “fuera de onda” como lo soy yo es una perdida de tiempo.  Así que se esconden detrás de la computadora, del play station, de los audífonos o del teléfono.  Y no me queda más que cada noche comer, ver televisión y dormir. 

El otro día le pregunté a mi mujer que si tenía algún sueño que no haya alcanzado en la vida y que pudiera hacerlo ahora.  Lo hice porque me puedo imaginar que ser ama de casa desde que nacieron los niños y cuidar de ellos por más de quince años no es el único propósito que ella ha tenido en su vida.  Me miró por un segundo, encogió los hombros y siguió con su costura como que si nada.  

Recuerdo que cuando la conocí una de las cosas que me hizo enamorarme de ella era su ambición.  Soñaba con ser arquitecta y me dibujaba los edificios que supuestamente construiría en una servilleta.  A veces me siento culpable de haberle pedido matrimonio pero yo jamás le dije que dejara todos sus sueños por sus hijos.  Fue su decisión.  Y mientras más pasa el tiempo más he sentido que la mujer de la que me enamoré se ha esfumado poco a poco para desaparecer por completo.

No puedo concentrarme más en el trabajo, creo mejor me voy al bar porque me estoy poniendo nostálgico.  No hay nada mejor que el alcohol para neutralizar esos profundos sentimientos que no queremos confrontar.

-          Alejandra, ven un momento por favor.
-          Si señor Rodríguez ¿En que le puedo servir?
-          Puedes irte a casa ahora si quieres.  No te voy a necesitar más. 
-          ¿Está seguro que no quiere nada más?
-          Mmmmmm
¿Te gustaría ir a tomarte una copa conmigo? Necesito una buena conversación y compañía.
-          Esta bien señor Rodríguez, voy por mis cosas.

¡Hay Dios mío que he hecho!  Tan solo espero que el alcohol realmente ayude a neutralizar todos los sentimientos.

lunes, 4 de abril de 2011

Juegos y Juguetes de la Infancia

Mi primer recuerdo de la infancia es la araña.  Esa armazón en la que colocan a los niños para que se arrastren por toda la casa cuando no pueden caminar todavía.  El mío era blanco con dibujos de colores rojo, morado, rosado y azul.  Enfrente de mí habían unas bolitas de colores que daban vueltas sobre sí y se movían de un lado al otro.   Pero a mí no me interesaban las bolitas.  A mí lo que me interesaba era la distancia que podía recorrer y sin ayuda de mis padres. Apenas tenía un año y un par de meses. Corría de un lado al otro conociendo mis límites. 

Un día quise ir al patio de afuera.  Lo único entre él y yo era una silla desvencijada de madera que mi mamá ponía atravesada para que no pasara.  Ese día mi mamá no había asegurado la silla y yo noté que al hacer cierto movimiento la silla se empujaba a un lado dejándome pasar.  Me aseguré de que mi madre no me viera y seguí haciendo el movimiento hasta lograr moverla completito y darle paso a mi araña.  Lo que yo no sabía a tan temprana edad era que mi mamá hacía eso para evitar que me cayera de la grada que había desde la casa hasta el patio.  Asi que ¡Plungún!  Adiós a mis cuatro dientes delanteros y hola a la primera experiencia de golpes ganada en la vida.  Fui sholca (sin dientes) hasta los siete años.

Mi segundo gran descubrimiento fue dos años más tarde con el famoso Big Wheel. Era como una motocicleta de color rojo amarillo y azul con llantas anchas una adelante y dos atrás.  Recuerdo que le decía a mi madre:  ¡Voy a jugar con mi Bijuil! Y recorría incansable de un lado al otro el patio que no era tan grande.  Como quería yo a mi Bijuil.  Lo usé hasta que ya mis piernas no podían darle vueltas más porque estaban demasiado largas. 

Jugaba también con los cochinitos.  Esos animalitos grises que eran pequeñitos y se hacen una bolita al tocarlos.  Me encantaba tirar las bolitas de cochinitos a mis amigos de la cuadra.

Y mi árbol... ¡Como olvidarme de él!  Ese árbol frondoso de ramas acogedoras y muchas hojas verdes. Por la manera que había crecido el tronco, yo podía subir y sentarme muy cómodamente escondida entre sus ramas.  Nadie podía verme.  Tenía unas flores pétalos rojos bien abiertos.  El árbol tenía una fruta parecida a un frijol gigante, sólo que de color café.  Si se destripaba la fruta entre mis manos salía una agua ligosa.  Solía pasar tardes enteras en ese árbol tirando al que pasaba las frutas.  A las personas que les caía volteaban a ver sin divisarme en mi escondite y yo, a punto de soltar la carcajada.

Cuando entré al colegio aprendí todos los juegos de moda.  Estaban los famosos yax ( que eran unas estrellas de colores y una bola pequeña).  Uno jugaba de recoger primero solo uno, luego dos, luego tres, y así sucesivamente al momento de rebotar la bola en el suelo. Así que el método era: Tirar la bola al aire, recoger el yax mientras la bola caía y recoger la bola sin que volviera a tocar el suelo. El objetivo del juego era no botar ningún yax y no rebotar la bola dos veces.  Ese juego jugabamos incansablemente en todos los años que estuve en la Primaria.

Cuando teníamos siete u ocho años jugábamos el famoso Arranca Cebollas.  Una de las chicas se aferraba a un poste mientras que todas se ponían en fila en la parte de atrás de la chica agarradas a la cintura.  La última chica se encargaba de tirar y tirar hasta que lograba que alguna de las chicas no aguantara más la fuerza y esa chica más todas las de detrás, caían al suelo desparramadas y más de alguna se ganaba un raspón.

Durante toda mi niñez mi juego favorito fue El Escondite.  Un niño o niña contaba del uno al diez con los ojos cerrados y los demás niños nos escondíamos en diferentes sitios.  Luego ese niño o niña iba buscándonos a todos y al primero que encontrara era al que le tocaba contar en el siguiente turno pero aún así tenía que encontrarlos a todos.  Yo estudié mi primaria en el Liceo Francés, un colegio sólo para mujeres ubicado en una casa considerada como patrimonio cultural ya que en esa casa se había firmado el acta de la Indepencia de Guatemala en 1821.  Esa casa era demasiado grande, con muchos escondrijos, pasadizos secretos y muchas habitaciones sin usar.  Se decía que habían túneles por debajo de la casa que comunicaban al Palacio Nacional que quedaba a dos cuadras de distancia.   Nunca lo pudimos comprobar.  Un día me puse a jugar a la hora del recreo El Escondite con mis compañeras.  Tenía mucho sueño porque no había dormido bien la noche anterior.  Tendría más o menos once años de edad.  Le tocó a una de mis compañeras contar hasta diez y yo me escondí en una habitación que tenía muchas cajas con cosas por todos lados y atrás de la habitación había un ropero antiguo de dos metros de altura por dos metros de ancho.  Decidí acomodarme en el ropero entre la ropa y estaba tan cómoda que me quedé dormida.  Mi compañera que contaba empezó a buscar a todas y me buscó por todos lados y llamó mi nombre incansablemente pero no me encontró.   

Cuando tocaron el timbre para que entráramos a clases todas entraron menos yo.  La maestra puso a cinco de mis compañeras a buscarme y después de una hora no me habían encontrado.  Cuando se empezaban a preocupar por mi paradero, aparezco yo muy soñolienta, desaliñada y con el pelo alborotado.  Por dormirme me gané el castigo de estar parada en el patio bajo el sol, por el resto de la mañana.

Puedo seguir contando muchos más juegos y juguetes de mi niñez pero estos son los más representativos.  Yo considero que no importa cuan dura, suave, triste, pobre, rica, alegre, fugaz o extraña fue la niñez para cada quién, más de algún juego o juguete se quedará en la memoria para siempre y si nos volvieramos a topar con ese juego o juguete, el niño que llevamos dentro despertará por un momento y volveremos a vivirlo como en el pasado.  Así que... ¡A jugar todo el mundo!

lunes, 28 de marzo de 2011

El Sacrifio de Milena

Ella se mecía al ritmo de la marea de aguas cristalinas que tenía a la vista.  Sus pies mojados jugaban distraídos.  El olor a mar vivo se impregnaba en el ambiente.  Al horizonte se veía al sol escondiéndose sigiloso. Miles de gaviotas chillaban y bailaban al compás de las olas.  A pesar de que todo el paisaje compartía calma y serenidad el corazón de Milena estaba en desasosiego.

Hacía muchos años que había cruzado en avión este mismo mar en busca un futuro mejor.   Guatemala la cobijó y le vió crecer pero nunca pudo darle una estabilidad financiera ni laboral.  Los padres de Milena hicieron lo que pudieron por sacarla adelante.  Se enamoró muy jóven de un hombre casado que le prometió el cielo y la tierra y lo único que atinó fue engendrarle un hijo.  Así que con veinte años ella se encontraba sola y con un niño al que criar.  Al momento de que la criatura nació, ella se llenó de ese amor incondicional que trae el lazo natural de una madre con su hijo. Ella quería lo mejor para él y no sabía como proporcionárselo. Carecía de dinero, trabajo y apoyo de una mano derecha que la cuidara a ella y al bebé.  Así que en un momento de desesperación decidió emigrar hacia el Norte soñando con un futuro mejor. 

Tuvo suerte y consiguió la visa americana en un abrir y cerrar de ojos.  Prestó dinero acá y allá y decidió partir dejando lo que más quería en manos de sus padres.  Cuando se despidió, abrazó a su hijo de tal manera que parecería que nunca lo iba a volver a ver.  Su mayor anhelo era trabajar duro y al cabo de un par de años lograr llevárselo a él también. 

Desde la ventana del avión divisó el mismo mar de ahora.  Al percatarse de su inmensidad le pidió un único deseo:  Reecontrarse con su hijo lo más pronto posible.

Encontró trabajo rápido y envió el dinero prometido puntual a sus padres.  Llamaba por teléfono cada vez que podía y escuchaba como su hijo crecía en conocimiento y aptitudes.  Escribió mil cartas y envió millares de regalos. Trabajaba desde el amanecer hasta el anochecer seis días a la semana sin cansancio. Con todo el esfuerzo, no logró cambiar su estatus ilegal en ese país. Por lo mismo no podía traer a su hijo consigo. Y mientras tanto ya había pasado una década desde la última vez que había visto a su hijo.

Incansable le reclamaba al mar.  Cada vez que podía se acercaba a él para reprocharle el no poder tener a su hijo con ella.  Quería nadar hacía el infinito para estar con su hijo.  Tenía la incertidumbre de cómo seguir su vida.  Si se quedaba podía seguir pagando para la educación y comodidades de su hijo.  Si se iba de regreso lo tenía a él pero no podía brindarle lo que a él le hacia falta.  Y así pasaba los días suspirando en agonía sin saber que hacer.

Sufría de ataques de ansiedad y pánico. Tenía insomnio y lloraba sin parar. No se consolaba en vivir sin él. Se mortificaba pensando en todos los años que perdía abrigando esperanzas y cuántos más tenía que seguir así.  Había intentado por todos los medios traerlo consigo pero no lo había logrado.  La disyuntiva de tener que vivir sin él para proveerle una mejor vida o estar con él y vivir pobre era la que la hacia perder la cabeza y pensar en cosas inimaginables.  Así que para recobrar la cordura recorría al mar y le culpaba de todas sus desdichas. 

Ese día en particular había llamado a su hijo. Lo notó tan indiferente y distante que le entró un gran temor: de que él se estaba olvidando de quién en realidad era su madre. Al terminar la conversación lo había escuchado llamar a su abuela mamá  y eso le hizo un nudo en la garganta.  El corazón de Milena se había contraído y se hallaba dañado.  Se daba cuenta que el tiempo no perdonaba y había logrado hacer que su hijo se empezara a olvidar de ella.  Ese día no tenía reclamos al mar.  Ese día se daba cuenta que el sacrificio de darle lo mejor a su hijo tenía precio.  Ella sabía que madre es quien cría y no quien engendra.  Así que con el pecho compungido y entre lágrimas y lamentos tomó la decisión más difícil de su vida que compartió con su viejo amigo el mar: seguir proveyendo y aceptar la distancia entre ella y su hijo.   En alguna otra vida su esfuerzo se compensaría.

lunes, 21 de marzo de 2011

No Puedo Decirte Adiós

Me fumo el tercer cigarro en 15 minutos. Tengo que dejar de fumar. “Fumar es dañino para la salud” se lee en la cajetilla de cigarros que tiro lo más lejos de mí. 

Se refleja mi cuerpo en la ventana de cristal del bar a donde he venido.  Nada mal.  Este vestido color vino tinto me sienta fenomenal. Me hace ver más delgada de lo que soy y el busto se me ve más prominente.  No es por nada pero me veo muy sexy.  Y estas sandalias de tacón alto le dan un toque felino. Cruzo la pierna para dar el toque final.  Los aretes y la pulsera de diferentes tonos rojos hacen juego con el vestido.   Saco el espejo de mano y  me veo por cuarta vez.  La verdad que hoy estoy matadora con este maquillaje de película que me he puesto.  El delineador de ojos me hace ver como una hechicera y el pintalabios del mismo color que el vestido me queda de maravilla.  Me acomodo de nuevo el cabello.

Si es que pareciera que voy a una fiesta o que estoy a punto de tener la primera cita.  Pero no, la verdad es que vengo a terminar mi relación con Javier.  Quiero que me vea lo más guapa posible para que se quede con un sabor amargo en la boca para cuando le diga adiós. Pero el sabor amargo lo tengo yo ahora así que me tomo un sorbo del vino y lo trago con ansiedad.

No es que no lo quiera ni esté enamorada de él. Lo amo con pasión incontrolable.  Pero él no me da lo que quiero.  Le hablo de responsabilidad y se burla. Le digo que quiero pasar más tiempo con él y me dice que los dos días que pasamos juntos a la semana son suficientes.  Quiero verlo un sábado y me dice que ya tiene planes.  Después de cinco años de relación como que ya es hora de que vaya a más, pienso yo.  O al menos eso es lo que quiero.  Pero él no parece querer lo mismo que yo.   O más bien dicho: No le interesa el tema.

Veo de nuevo el reloj y noto que Javier está atrasado ahora 9 minutos con 47 segundos.  Siempre hace lo mismo. Ni siquiera en eso es conciente.  Yo soy una mujer bonita, inteligente, educada.  No merezco el trato que él me da.

Ahora lo veo venir a través de la ventana de cristal.  Como hace buen clima ha decido venir en moto.  Que guapo se ve con esa chaqueta de cuero café.  Se acaba de quitar el casco y se acomoda el cabello dejando ver esas bellas facciones que me hicieron enamorarme de él.  ¡Si tan sólo no le quisiera tanto! Me chequeo en el espejo por última vez y lo guardo para que no sepa que me he vestido así a propósito.

-          ¡Hola mi amor! Que bella estás hoy.  Perdón por la tardanza – me dice dándome un beso descuidado.
-          Hola
-          ¿Empezaste a fumar de nuevo?
-          Si
-          ¿Desde cuándo?
-          Desde hoy

Evito verle a los ojos.  ¡Si supiera a que ha venido acá! Y mientras él pide distraído al camarero lo que quiere beber lo observo.  Hasta donde estoy sentada me llega el olor a la colonia que siempre usa, la famosa Calvin Klein. Que rico que huele.  Al quitarse la chaqueta de cuero deja ver esa camisa que tanto me gusta color azul oscuro.  Se la regalé para su cumpleaños.  La camisa le hace juego con los ojos y los hace verse más azules de lo que son.  Su cabello rubio oscuro hace juego con ellos.  Sus manos grandes y dedos largos me hacen extremecer de recordar cuántas veces se han posado en mi piel y hacerme sentir cosas que nunca soñé. Me estoy dejando llevar de nuevo por los recuerdos felices. Tengo que concentrarme y pensar en lo que voy a hacer.

-          Y entonces ¿para qué me querías ver con tanta urgencia?  Sonabas muy seria por teléfono.
-          Espera a que te traigan la bebida.  No quiero que el camarero escuche la conversación.-  Le digo viendo hacia la que se ha hecho mi amiga, la ventana del bar.  Quiero evitar verlo a los ojos lo más que puedo.

Apago el cigarro con la mano derecha y en un descuido me coge la izquierda y la deposita entre sus manos.  Me mira profundo a los ojos mientras me da un beso delicado en ella. Yo lo veo de reojo porque no quiero toparme con esa mirada clandestina ¡Espero que deje de hacer estas cosas porque me debilita!

El camarero trae su bebida mientras yo nerviosamente busco en mi cartera algo imaginario que no puedo encontrar.  Se hace difícil disimular.

-          Bueno linda, ya tengo mi bebida. De que se trata todo esto.
-          La realidad es que no se como comenzar.- Le digo revolviéndome en la silla y tomando un gran sorbo del vino.
-          Anda, tanto misterio. Dilo de una vez.
-          Tu sabes que te quiero mucho y sabes lo que siento por tí. Pero no estoy contenta con nuestra relación.  Creo que sería mejor que...terminaramos

Se me queda mirado con una cara de desconcierto para luego sonreir y luego reir a carcajadas.

-          ¡No estoy bromeando Javier! Te he dicho miles de veces que quiero que profundicemos en la relación, que quiero ir al siguiente nivel y no sucede.  ¡No voy a esperarte toda la vida!
-          Perdón por la risa pero me parece que estas exagerando un poco.- Me contesta besando mi mano nuevamente.  Intento soltarla de entre sus manos y no me deja.
-          No estoy exagerando, es la verdad.  No quieres verme más seguido, no quieres comprometerte conmigo ni mucho menos casarte.  Quieres seguir la relación como la llevamos pero después de cinco años yo ya me aburrí de lo mismo de siempre.
-          Tontita ¡claro que quiero estar más en serio contigo! pero no pienso que sea el momento adecuado para hacerlo.
-          ¿Y por qué no?
-          Porque estoy muy ocupado con mi trabajo.  Acuérdate que últimamente las responsabilidades han aumentado y tengo varios proyectos entre manos.  Si todo sale bien tengo la promesa de obtener un cargo superior.  Tengo que demostrarle a mi jefe que soy capaz de hacerlo.
-          Lo mismo me dijiste hace un año Javier.  Siempre es lo mismo.  ¡Para ti es más importante el trabajo que la relación!  Yo  ya no estoy para esto.
-          ¿Te gustaría casarte y vivir en una casa bonita y grande, un carro lujoso y tener muchas comodidades?  Eso es mi meta.  Quiero llenarte de todas esas cosas lindas que te mereces y estar a la altura de tu belleza
-          La verdad es que no me importaría vivir en la miseria, aunque se que eso no pasaría ahora, pero la cosa es estar contigo, formar una familia y que duermas a mi lado cada noche.  Ese es mi mayor anhelo.
-          Mi amor, te lo daré te lo prometo, sólo dame más tiempo
-          ¿Cuánto tiempo más necesitas Javier?
-          No lo sé…

Cojo la cajetilla de cigarros de nuevo y saco el cuarto en un día. La verdad es que pensar en fumarlo me da asco pero al mismo tiempo sé que no puedo dejar de hacerlo.  Lo enciendo.  Mi pie derecho se mueve incontrolablemente y yo respiro profundamente y trato de calmarme. Sé que estoy perdiendo el tiempo con Javier.  Lo espero un año, dos o tres y siempre será lo mismo.  Tengo que ser fuerte y terminar la relación de una vez por todas. Tomo un buen sorbo del vino mientras trato de aclarar mis pensamientos.

-          Mi amor, ¿Cómo crees que me puedo alejar de ti? Eres la mujer de mi vida.
-          Javier ¡Ya basta! Si lo fuera no me sentiría tan miserable con lo poco que me das.
-          Ten un poco de paciencia preciosa, tendrás lo que me pides y más – Me dice tomando mi barbilla con su mano.  Se acerca a darme un beso.  Me aparto.  Quiero y no quiero besarlo.  Odio estar en esta situación.
-          Tengo algo para ti.
-          Javier ¿No entiendes?  Estamos terminando.
-          Yo no estoy terminando, eres tú la que está con esa idea loca, pero te prometo que después de que veas lo que tengo para ti no querrás terminar nunca.
-          ¿Qué es?
-          Tienes que venir conmigo para enseñartelo.
-          Yo no me monto en esa moto y mucho menos con este vestido.
-          Tomas el taxi, yo te lo pago.
-          No quiero.
-          Vamos cariño, es algo que mandé a hacer especialmente para ti.  Me ha tomado meses encontrar donde hacerlo y que lo hicieran a tu medida. Lo he diseñado junto con el dueño de la tienda en la cual lo compré. Le he hablado tanto de ti que seguro hasta él se ha enamorado.  ¿No me dejarás devolverlo avergonzado porque no lo quieres, o si?  Es de tu estilo y jamás a alguien le quedaría tan bonito como a ti.

Apago el cigarro a medias en el cenicero.  ¿Qué será lo que me compró Javier?  ¿Será el abrigo que tanto le he pedido? ¿Un anillo? ¿Un collar? Ahora mi mayor deseo es ver el regalo que terminar con él. Y continúa besándome la mano.  Ahora me ve con esos ojos implorantes que me hacen flaquear.  Sonrio a medias y me muerdo el labio inferior. Ahora junta las manos para implorarme.  Me hace sonreir aún más. Se acerca el camarero a preguntarnos si queremos algo más.

-          ¿Quieres terminar esta conversación y ver lo que te compré?

¡Maldita Sea! Ahora me toca a mi decidir.  ¿Qué es lo que realmente quiero?  ¡Enfócate por una sóla vez!  Y los segundos que me tomó decidir parecieron horas mientras tenía dos pares de ojos mírando a través de mi escote.  ¡Hombres!

-          Traíganos la cuenta por favor.- Digo, arrepintiéndome en el mismo instante en que lo dije.

lunes, 14 de marzo de 2011

La respuesta a tu carta



Estimada Karina,

He leído tu carta detenidamente y reflexionado mucho antes de contestarla.

Amiga mía, para mí, tú eres como un árbol.  Y ahora te voy a explicar el por qué:

Es cierto que tus enfermedades te han agotado físicamente pero tu espíritu ha crecido y madurado. Conozco a muchas personas que se enferman y se quejan toda la vida y al hablar con ellos te dejan un vacío como si nunca hubieran existido.  Contigo no sucede igual. Físicamente te encuentras débil pero interiormente te haz mantenido como un árbol grande con raíces fuertes.  Cada enfermedad es una raíz que se adhiere más a la vida y hace que pases las pruebas más duras con dignidad y perseverancia.

Quiero contarte lo que sentí en el momento que te conocí.  Yo era la nueva de la compañía y nuestra jefa me había dicho que aprendería mucho de tí porque tú te las sabías todas.  Recuerdo el momento en que entraste al edificio.  Yo me encontraba en la recepción y pude observar tu entrada paso a paso.  Saludaste primero a cada uno de los guardias de seguridad, les preguntaste por su salud y si se encontraban bien.  Luego saludaste a la señora de la limpieza con un gran abrazo.  Hacías bromas y saludabas a cada persona que encontrabas a tu paso: al ingeniero, a la secretaria, al del Departamento de Compras, al Gerente de Recursos Humanos, para luego saludarme a mí. 

Nunca se me va a olvidar la gran sonrisa que te caracterizó desde el primer instante.  Tu personalidad y entusiasmo acapararon la atención de todos y reinaba en el lugar.  Todas las personas que encontrabas a tu paso recibieron un poco de ese calor que emanas con tu ser.  Eras como la flor de ese árbol que ya te he mencionado, que crecía poco a poco hasta llegar a florecer en todo su esplendor. 

La huella que has dejado en mi alma desde ese día es única.  Siempre haz estado ahí para cuando te he necesitado, no importando a qué hora te llamara, cuándo lo hiciera, o a dónde te pidiera que fueras urgentemente.  Esto que te digo lo puedo comparar cómo el olor a esa flor que se ha quedado impregnado por años en todo mi ser.  Un olor que nunca podré olvidar.

Cierto que no puedes trabajar como antes, pero tampoco te mantienes sin hacer nada.  Haz hecho manualidades que han recorrido el mundo entero, porque las has vendido a turistas que vienen de paso por el Puerto.  Y yo admiro las cosas que esas manos tan delgadas y finas pueden hacer.  Las comparo con las ramas del árbol que crecen tímidamente hasta llenarse de hojas y frutas.

De tu ex esposo puedo decir que recuerdes los bellos momentos que pasaron juntos.  Lo que te hizo amarlo y compartir a su lado por algunos años de tu vida.  A partir del momento en que todo fue mal no lo veas como una derrota sino lo que hizo fue echarle agua y abono a esas raíces de tu árbol, porque te ha hecho fuerte y madurar cómo no lo habías estado antes. 

De tu padre, he de decir que ha sido el jardinero que ha cuidado a ese árbol con dedicación ferviente.  Lo ha podado y cuidado cómo al más querido. Lo ha cobijado en los días de invierno, soledad y confusión.  Tu padre se ha hecho fuerte junto contigo y el amor que hay entre ustedes dos es lo que hace de tu árbol crecer cada día más y sobresalir ante a los demás.  Nunca pienses que a él no le gusta su trabajo porque lo hace sin ningún titubeo o queja.

Tus amigos verdaderos estamos ahí siempre que nos necesites.  En las buenas y en las malas, en la calma y en la tormenta, en el cielo y el infierno.  Míranos como los ayudantes del jardinero que podamos tus ramas y quitamos las hojas secas y limpiamos la maleza que está a tu alrededor, para que ese árbol hermoso siga creciendo derecho.

Dios, está ahí siempre para tí.  No lo reniegues ni pierdas la fé.  Acuérdate que él obra misteriosamente y aunque no comprendas el por qué de las pruebas en este momento, ha envíado a ángeles terrestres para cuidarte. También tienes a tu ángel de la guarda para que ilumine tu camino y te haga recordar que aunque se sufre no hay que perder la fé en El. Ese ángel de la guarda es tu mami que está ahí en el cielo guiándote y cuidándote de cerca.  

Lo que me pides amiga, va contra la voluntad de Dios.  No puedo tomar la vida de alguien porque eso me convertiría en pecadora y faltaría a los Mandamientos de Dios. 

Estás atravesando unos días de tormenta en los cuáles hay lluvia, relámpagos, truenos, y a lo mejor una que otra rama de tu árbol se quebrará y te hará llorar y sentir mucha tristeza.  Te sientes sin fuerzas y crees que no habrán días mejores. Pero te prometo que muy pronto vendrá el día en que la tormenta se acabará y no sólo brillará el sol sino saldrá un arcoiris que te hará verte a ti misma como el árbol que te describo: en todo su esplendor, pureza y magnificencia y te darás cuenta de lo mucho que has crecido en tu interior y exterior y el ejemplo que ya eres para otros árboles en crecimiento.

Toma mi mano que acá está para tí. Tan sólo tienes que alcanzarla cuando quieras.  ¡Arriba ese ánimo! ten fé y verás que eres una de las personas más bellas que hay en este mundo.  Nunca cambies.

Te envío un abrazo fuerte que te daré en cuánto te vea.

Te quiere,

Luz


Dedico esta carta a una amiga muy especial.  Tú sabes quién eres y sabes que todo lo que escribo acá lo escribo con el corazón.  Te admiro y te amo mucho.  Feliz Cumpleaños.