Datos interesantes de la Prostitución en el
Barrio Rojo de Amsterdam:
- - Trabajan aproximadamente 8,000 prostitutas (3,000 trabajan detrás de una ventana)
- - Anteriormente tolerada, la prostitución se legalizó finalmente en el año 2,000
- - La industria genera una cantidad de 625 millones al año
- - Anteriormente las prostitutas eran vistas como víctimas y escapaban de pagar impuestos
- - Las prostitutas pagan un mínimo del 33% de impuestos sobre las ganancias adquiridas
- - Un 75% de las prostitutas vienen de Asia, Africa y Europa del Este
La prostitución legal en
Holanda fue establecida para la seguridad y el control de las prostitutas. Una prostituta puede sostener con un pie y
un brazo la puerta cuando una persona se acerca para preguntarle los precios
asi que se hace el negocio con la puerta entre abierta. Con un poco de plática y observando los
gestos, los ojos y como se viste la persona, se puede saber si se acepta a la persona como
cliente o no. Louise dijo: “Las prostitutas también tenemos derecho a
rechazar a los clientes. Nada es
obligatorio y nos acostamos con quienes queremos”.
Si algún cliente se
pone pesado ya después de hacer el trato pueden activar un botón de alarma y la
policía acude a la ventana inmediatamente.
Las prostitutas del
Barrio Rojo se tienen que hacer un control obligatorio cada 6 meses de
enfermedades venéreas incluyendo el Sida.
Louise nos enfatizó que nunca y de ninguna manera ellas tuvieron sexo
con algún cliente sin condón. Martine
nos dijo: “A veces algún cliente nos
rogaba que no usáramos el condón y si se ponía pesado no le dabamos más el
servicio y lo sacábamos inmediatamente”.
La gama de clientes es
diversa: algunos llegan solos, otros en
grupo (para despedidas de soltero), otros con pareja. Los precios varían según lo que el cliente quiere
y la cantidad de minutos que quiera pasar ahí.
Hablando de las
gemelas Fokkens ellas dicen que algunos de sus clientes les pedían estar con
ambas. A ellas nunca les importó hacer
tríos u orgías es más Louise bromeó diciendo:
“Mientras más personas era más divertido”.
También contaron que
algunos clientes eran casados y que sus esposas sabían que ellas eran las
amantes. Martine nos contó: “Alguna vez
venía la esposa a preguntar si su marido había venido a mi ventana o si iba a venir
y le dejaba un mensaje conmigo”. Louise
agregó: “Ellos de todas maneras le iban a ser infiel a ellas así que ellas
preferían saber con quién se acostaban.
A veces venían a platicar ambos conmigo de sus problemas, o a tomar el
té o a hacer un trio conmigo. Era una
necesidad del hombre tener a otra mujer y la esposa lo aceptaba sin ningún
problema”.
Alguien les preguntó
cuál había sido la anécdota más divertida que ambas habían pasado. Se ríeron conjuntamente y Louise nos
contó: “Teníamos ambas un cliente
llamado Jan al que le apodamos el Roba-Calzones porque cada vez que Martine o
yo lo recibíamos, en un pequeño descuido nuestro calzón ya había desaparecido. Lo buscábamos en sus bolsillos y no lo
encontrábamos nunca. El se reía y
disimulaba que no se lo había llevado y cuando salía se acercaba a la ventana
se sacaba el calzón de su escondite y se lo pasaba por la nariz. ¡Era muy gracioso!”.
Yo les pregunté si
alguna vez se habían enamorado de un cliente.
Louise respondió: “¡Varias veces!
Teníamos clientes tan guapos, caballerosos, amigables, atentos. Uno también tiene su corazoncito”.
Dijeron que con muchos
ex-clientes entablaron amistad y todavía se ven para tomar un café y conversar. En la plática que yo atendí estaba un hombre mayor al que presentaron como
el ex-policía que las cuidaba en el Barrio Rojo. El fue el encargado de organizar la plática a
través de una asociación. Se notaba que
todavía sentía la necesidad de protegerlas.
Nostalgicamente Louise
y Martine nos dijeron que el Barrio Rojo de ahora no es lo mismo que
antes. Hay demasiados turistas visitándolo
día y noche (alrededor de 11.3 millones de visitantes por año). También
dijeron que ahora las prostitutas no conocen quienes son sus vecinas de
ventana. Louise nos dijo: “Hoy en día las chicas que trabajan en las
ventanas se toman como competencia y carecen de una hermandad como antes. Lo que sucede con eso es que ante situaciones
peligrosas con clientes no pueden recurrir a sus compañeras quienes son las que
están más cerca de ellas”.
Las hermanas Fokkens
piensan que la prostitución en Amsterdam se ha proliferado de manera
alarmante. Louise nos explicó: “Mientras más prostitutas hayan se pierde el
control porque hay más competencia y las ganancias no son las mismas de
antaño. Martine dijo: “Ahora las
prostitutas tienen que buscar otros medios para que les alcance el dinero. Algunas de ellas se meten a vender drogas o
se van a trabajar de damas de compañía con servicio a domicilio. Al meterse a drogas también se meten a un
mundo peligroso que antes no existía”.
“Pero…” interrumpe
Louise: “Ahora hay muchas chicas que
trabajan por internet, no necesitan salir de casa y así hacen dinero pero
también así hay muchas que evitan pagar impuestos. Es muy difícil para las autoridades
encontrarlas”.
También hay
prostitutas que vienen de Asia, Africa y Europa del Este por dos o tres
meses. Los únicos que saben que vinieron
son sus clientes. Trabajan, no pagan
impuestos y se regresan a sus países cuando el permiso de turista se les
termina. No se registran porque no
quieren que la gente sepa que es lo que hacen y porque no quieren pagar
impuestos. Nadie sabe que estuvieron
aquí más que sus contactos.
Respecto a los impuestos,
los Agentes de Impuestos pasean por el Barrio Rojo y chequean a las prostitutas
que están detrás de las ventanas.
Martine nos dice: “Les preguntan si ya pagaron sus impuestos, chequean
si están registradas legalmente y les preguntan si saben como llenar el
formulario”. Esta táctica hace que el
gobierno refuerce el pago de impuestos.
Martine nos comentó:
“Ahora hay mucha prostitución ilegal en Amsterdam. Esas son las prostitutas que se encuentran en
la calle. Están sin protección y la
mayoría de ellas se encuentran drogadas.
Eso lleva a que acepten a clientes peligrosos o no usen protección a la
hora de trabajar y ponen en peligro sus vidas y las de sus compañeras porque
les pueden transmitir enfermedades venéreas o pueden acabar en manos de un sádico”.
Cuando Martine hizo
este comentario se me hizo un nudo en el estómago. “¡Ese es el pan diario de las prostitutas de
mi país!” pensé yo.
También me puse a
pensar que yo no he escuchado nunca que en Guatemala haya un centro de apoyo o
de información para las prostitutas.
Tampoco hay una unidad de la policía que vele por ellas. Me dio mucha tristeza darme cuenta la gran
diferencia entre un sistema y otro y también lo que ignoramos la situación. Me pongo a pensar sobretodo en las pobres
indefensas que son menores de edad.
Pasan años de abuso y esclavitud sin que nadie haga nada.
También es bien sabido
que en mi país roban niños para hacer pornografía infantil. Muchos de ellos desaparecen para siempre sin
dejar rastro.
Esto es algo que
debemos de empezar a cambiar, no solo en mi país sino que también en toda
Latinoamérica.
Las hermanas Fokkens
concluyeron su plática diciendo: “La
prostitución ha sido marcada con algo pecaminoso, sucio, desagradable y
asqueroso por años. Las religiones nos
condenan, la gente nos desprecia y discrimina pero para nosotras es una
profesión como cualquier otra. No hay que olvidar que las prostitutas somos
seres humanos y necesitamos comer y dar de comer a nuestras familias también.“
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