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lunes, 13 de junio de 2011

Una amistad que no fue para siempre.

Le tomo la mano huesuda y frágil.  Hace un murmullo entre sus sueños y sigue durmiendo.  Que pálida se ve.  Recuerdo cuando teníamos veinte años lo bella que era y la envidia que me daba:  escultural, alta, buen cuerpo, un cabello largo negro y una chispa en los ojos indestructible.  Y ahora que la veo en esta cama de hospital, demacrada, desnutrida, con un cuerpo casi sin vida, pareciera que fuera otra.  Quiero sentir tristeza pero no puedo.  Quiero llorar y no me salen las lágrimas.

Estoy hablando de mi amiga Juliana.  Las dos nacimos en el mismo año con un mes de diferencia.  Su madre y mi madre fueron amigas de toda la vida y nos hicieron crecer juntas como hermanas.  No recuerdo un día de mi infancia sin ella.  Como sus padres vivían a dos casas de la mía, ya fuera que yo estuviera en su casa o ella en la mía, siempre estabamos juntas.  Eramos inseparables.  Dormimos muchas veces en la misma cama, comimos del mismo plato, compartimos los mismos sueños y hasta las enfermedades.  Dimos el primer paso juntas, aprendimos a manejar la bicicleta al mismo tiempo, entramos a la misma escuela el mismo día.   Como a ella le gustaba mi apellido más que el de ella, se hacia llamar Juliana Romano. 

En el colegio las compañeras siempre creyeron que eramos hermanas.  Eramos cómplices de las mismas diabluras y creciamos con los mismos valores, enseñanzas y reveses.  Nunca me imaginé mi vida sin ella ni ella sin mí.

Cuando eramos adolescentes, nos enamorabamos de distintos chicos y siempre nos ayudabamos a maquillarnos, a vestirnos, a prestarnos ropa.  Nos contabamos todo con lujo de detalles.  Si alguien le hacia algo a ella yo saltaba y la defendía y ella hacía lo mismo por mí.  Yo la admiraba mucho porque llegó a ser una chica hermosísima.  Era seductora por naturaleza y siempre que se proponía estar con un chico lo lograba sin mayor esfuerzo.  En cambio yo era menos agraciada.  No tenía tetas grandes como ella, no tenía el culo tan parado como el de ella.  Además tenía problemas de acné y algunas veces me ponía regordeta.  Pero eso no impidió que tuviera mis novios y amores de juventud.  Eso sí, mis chicos eran los menos agraciados y no los más populares de la escuela como los de ella pero así los quise y así me sentía feliz.

Cuando entramos a la Universidad, seguimos diferentes carreras entonces solo nos veíamos a la entrada o a la salida de las clases y en fiestas.  Como yo estudié arquitectura mis amigos eran intelectuales y metódicos. En cambio ella estudió Diseño de Interiores y sus amigos eran más artistas y desordenados.  Pero aún asi lograbamos que su mundo y el mío encajaran como siempre sin mayores problemas.

En el tercer año de la Universidad fue cuando conocí a Carlos Manuel, el que iba a ser mi futuro esposo.  Un hombre guapo, inteligente, emprendedor, con un carisma impresionante y por lo mismo muy popular.  Normalmente ese tipo de hombres se fijaba más en Juliana que en mí, pero Carlos Manuel desde un principio me mostró interés.  Yo la verdad sentía que no merecía semejante hombre así que lo rechazaba pero poco a poco con esfuerzo y constancia me fue ganando.  Nos hicimos novios desde entonces.  Juliana salía en ese entonces con Mario, un alumno de filosofía que se creia artista.  Se pasaba horas en el estudio haciendo desnudos de Juliana.  Escribía además poesia asi que tenía a Juliana enamorada de su espiritu libre y desgarabado.

Dos años más tarde el mismo día en que me gradué de arquitecta, Carlos Manuel me pidió la mano.  Y empezaron los arreglos de boda entre encontrar un empleo y buscar una nueva casa donde vivir.  Juliana también se graduó ese año de Diseñadora y sus papás le regalaron un viaje a Europa por tres meses pero del cual no regresó hasta año y medio después y sólo para mi boda.  La boda fue espectacular, como de un cuento de hadas.  Había encontrado mi príncipe azul y era muy feliz.  Encontré un trabajo de arquitectura con una firma muy importante del país y Carlos Manuel puso su propio negocio de Arquitectura con unos amigos de nosotros, arquitectos también, y le iba muy bien.  Rápidamente compramos un terreno al cuál los dos diseñamos la casa de nuestros sueños y la mandamos a construir.   

En cuanto a Juliana desde que regresó de Europa venía con ideas innovadoras en el Diseño de Interiores y decidió poner su propio negocio.  Al parecer la gente no estaba preparada para sus diseños porque eran demasiado diferentes a los que ya estaban acostumbrados y no le iba muy bien.  Perdió clientela y estaba a punto de quebrar.  Para ayudarla y porque a mí si me gustaban sus diseños la contraté para que diseñara el interior de mi casa.  A Carlos Manuel no le había gustado la idea al principio pero luego de conversar con ella y escuchar de sus ideas cambió de parecer.  Cuando estamos planeando el interior de la casa resulté embarazada así que quedamos que la casa iba a estar lista un mes antes de que yo diera a luz.

Mi embarazo fue de alto riesgo y tuve que dejar de trabajar porque tenía que evitar el stress.  Tenía que quedarme muchos días en cama en el apartamento de alquiler mientras Juliana y Carlos Manuel chequeaban los pormenores del diseño interior de la casa.  Cada  vez que Carlos Manuel venía de estar viendo lo que Juliana hacía de la casa venía más entusiasmado.  Me hablaba maravillas del trabajo de Juliana.  Me contaba cada uno de los detalles y motivos que Juliana tenía para cada uno de ellos.  Yo empecé a engordar más y Carlos Manuel empezaba a pasar más tiempo en la nueva casa ultimando detalles con Juliana.  A veces venía tan tarde a casa que yo no me daba cuenta ni a que hora había venido.   Luego se iba temprano a su trabajo y así pasaba varios días sin verlo.

Cuando lo veía se desvivía por complacerme y ayudarme a que estuviera cómoda.  Yo lo admiraba por lo bien que se portaba conmigo teniendo mis hormonas tan alborotadas y siendo prácticamente una inútil sin poder hacer mucho para resguardar al bebé.

En todos esos meses sólo hablaba con Juliana por teléfono y la ví un par de veces.  El mes antes de dar a luz, la casa quedó terminada como estaba planeado así que nos mudamos.  Me gustaba mucho la decoración y se notaba el esfuerzo de Juliana tanto como de Carlos Manuel en cada rincón de la casa.  Después de un mes tuve a Javier y me dediqué a los quehaceres de una madre primeriza.  Después de tres meses cuando ya la vida empezaba a ser rutinaria empecé a notar cambios drásticos en el comportamiento de Carlos Manuel para conmigo.  Creí que era por Javier así que intenté hablar y que me contará que le pasaba.  Lo notaba muy frío y distante conmigo.  Ya no era el mismo hombre cariñoso y amoroso.  A Juliana la había visto un par de veces después de que había dado a luz así que decidí hablar con ella.  La cité para un café y que me contará de su vida.  Decía que Carlos Manuel la había recomendado con unos amigos y que le estaba diseñando los interiores a dos de ellos.  Eso la había ayudado a recuperarse en el trabajo.  Además me contó que se había enamorado de alguien que no era artista.  Era un hombre de negocios inteligente, carismático y atractivo.  Le dije que lo tenía que conocer y quedamos que me lo presentaría.  Pasó más el tiempo y cada vez notaba más la ausencia de Carlos Manuel en la casa.  Llamaba a Juliana y le contaba.  Se había vuelto una mujer muy ocupada porque casi no tenía tiempo de vernos así que me conformaba con las llamadas.

Un día encontré la invitación a una fiesta de la compañia de Arquitectos que Carlos Manuel había iniciado y que era para dentro de dos días.  Carlos Manuel no me había mencionado absolutamente nada de ello.  Me sentí profundamente decepcionada.  Era una gala en un salón enorme del Hotel Hilton.  Escondí la invitación y decidí sorprender a Carlos Manuel.  Llamé a Juliana para contarle pero no me cogió el teléfono.  Al siguiente día compré un vestido muy sexy y encontré una niñera que se quedará con Javier.  El día de la fiesta, Carlos Manuel se levantó tempranisimo y ví como a escondidas sacaba su traje de Armani del closet y lo introducía en su coche.  Luego regresó a la cama y se “despertó”a la hora usual.  En el desayuno le pregunté que planes tenía para ese día que me gustaría tener una cena especial y me dijo que no podía porque se quedaría a trabajar en un proyecto especial hasta altas horas de la noche.  No me podía creer que Carlos Manuel estuviera ocultándome lo de la gala.

Ese día intenté de nuevo hablar con Juliana y no la conseguí.  ¡Necesitaba tanto de mi amiga!  Fui al salón de belleza, me pusé el vestido sexy, esperé a la niñera y fui a la gala.  Por el tráfico y el retraso de la niñera llegué una hora y media más tarde que la hora convocada.  Habían apróximadamente 300 personas.  El salón tenía un decorado de lujo, una orquesta en vivo, bebidas por doquier.  Cómo era difícil visualizar a Carlos Manuel entre tanta gente fui al segundo nivel a buscarlo con la vista.   Cuando lo vi mis ojos no podían creer lo que estaba viendo.  Carlos Manuel con su traje de Armani llevaba en brazos a Juliana con un mini vestido rojo de un escotado prominente.  Ella le hablaba al oído insinuante entre risas y mordidas.  El le devolvía el secreto y la besaba en la boca.  Los arquitectos de la firma y sus esposas estaban presentes y todos parecían conocer muy bien a Juliana y aceptarla como la amante. 

A mi se me cayó el mundo en ese momento.  No sabía que hacer.  Mi esposo con mi mejor amiga, burlándose de mí, en mis narices y con los que decían ser nuestros amigos.   Fui al baño y rompí en un llanto histérico.  Nunca creí que mi amiga o mi esposo fueran capaz de una traición de esa manera.  Después de que lloré me entró cólera y decidí vengarme.  Esperé a que mis ojos rojos recuperaran el color normal, me puse maquillaje y salí dispuesta a arruinarles la noche.  Cogí una copa en el camino y me la tomé de un solo trago.   Cogí otra y llegué a donde estaba la orquesta.  Le dije al encargado que dejara de tocar inmediatamente que yo tenía que hablar por el micrófono.  Cuando eso sucedió las 300 personas voltearon a ver hacía la tarima donde yo me encontraba.  Cogí el micrófono y dije:  “Señoras y señores invitados de esta grandiosa fiesta, quiero hacer de su conocimiento que yo soy la verdadera esposa del Arquitecto Carlos Manuel Segura.  Esa chica que ven a su lado muy sonriente y coqueta es mi mejor amiga Juliana Pérez que al parecer ha decidido dejar nuestra amistad por un lado y acostarse con mi marido.  Les cuento que yo acabo de dar a luz a Javier, hijo de Carlos Manuel.  Mi hijo apenas tiene tres meses de nacido.  Mientras yo me cuidé de un embarazo riesgoso y luego me dediqué a cuidar a un bebe recién nacido, estos dos han decidido burlarse de mí a mis espaldas.  Les hago a todos saber que los colegas arquitectos de mi esposo han dado el visto bueno a semejante comportamiento.  Así que ustedes juzgarán si quieren seguir siendo clientes de hombres tan deshonestos como lo son todos ellos.  En cuanto a mí, no se preocupen,  yo saldré de esta.  Buenas noches a todos”.

Salí del lugar lo más rápido que pude, cogí mi carro y no sé ni cómo pude manejar de regreso a mi casa.  Lloraba sin cesar. Carlos Manuel no regresó a casa esa noche y a la siguiente mañana mandó a alguien a recoger su ropa.  Nos divorciamos sin hablarnos en menos de seis meses.  Yo le pedí la casa y él no se negó a dejármela.  De más está decir de que cambié la decoración de interiores inmediatamente.  Lo malo de todo esto es que Carlos Manuel ni siquiera intento ser padre para Javier y mi pobre niño está creciendo sin padre. Juliana intentó mil veces comunicarse conmigo y las mil veces me negué. Le pedí a Dios que hiciera sufrir a Juliana tanto como ella me había hecho sufrir a mí.  Conjuré contra ella y le eché toda clase de pestes.

No supe de ella en doce años hasta hoy por la mañana cuando una amiga en común me llamó y me contó que Juliana se estaba muriendo de cáncer y que había pedido hablar conmigo.   Al parecer Carlos Manuel después de dejarme se fue a vivir con ella pero el remordimiento la llevó a romper con él en menos de lo que canta un gallo.  Luego entabló otras relaciones en las que no le fue bien.  Nunca tuvo hijos y su negocio al final fracasó.  Al parecer al yo hablar en esa fiesta logré también hacer fracasar a Carlos Manuel.  En esa fiesta estaba lo mejor de la sociedad y como somos un país conservador, no perdonaron la indiscresión del arquitecto con la mejor amiga.  Los últimos años de Juliana los había vivido en casa de sus padres, que ya vivían de la pensión, de una manera modesta y humilde.  Mi madre dejó de hablarle a la madre de Juliana para no entrar en conflicto conmigo.  

Y ahora que veo a Juliana tan frágil y sin aliento en esta cama de hospital quiero sentir pena y tristeza.  Pero no siento nada, ni siquiera rencor.  Juliana entre abrió los ojos y al verme con los ojos humedecidos y la voz temblorosa me pidió perdón.  No tuve ni que responder porque volvió a quedar inconciente.   Y luego todo lo veo como en una película:  La máquina conectada a ella da la señal de que se ha muerto, las enfermeras y doctores vienen a su cama y le dan los choques eléctricos para que viva.  La señal no cambia.  Ella no regresa.  Y yo me quedo ahí, así...como que si nada.

lunes, 6 de junio de 2011

Miguel

Yo acababa de ser contratada como la nueva Ejecutiva de Ventas del Hotel Radisson en Guatemala.  Mi jefe me dijo que iba a pasar un día con cada uno de los Departamentos del Hotel para darme una idea de lo que hacían día a día.  El primer día me tocó estar con la persona que contestaba los teléfonos.  El segundo día en la recepción.  Mi entrenador de la recepción se llamaba Miguel.  Era un muchacho guapo, de 23 años.  Tenía la piel canela, los ojos café claro y cabello rizado y muy bien recortado.  Tenía una sonrisa encantadora y una mirada penetrante.  Delgado y con manos finas.  Nos hicimos amigos al instante.  Lo que menos hizo fue enseñarme los quehaceres de la recepción.  Sin un pizco de timidez me hacía preguntas bastante íntimas (¿Todavía eres virgen?  ¿Con cuántos te haz acostado?).  Yo de 18 y recién graduada no estaba acostumbrada a ese tipo de trato pero respondí sus preguntas lo mejor que pude.

Cuando nos tocaba trabajar juntos era divertido.  Nos pasabamos horas riendo y comentado todo de nuestras vidas.  Nos ibamos de copas después del trabajo con otros compañeros y la pasabamos de maravilla.  Así fue como los lazos de amistad se empezaron a formar.  Una noche de juerga me dijo que tenía que decirme algo muy importante.  Me llevó a un rincón del bar donde nos encontrábamos y me dijo muy seriamente que quería decirme la verdad más grande de su vida.  Con una pausa ceremoniosa y sepulcral, me confesó que era homosexual. 

Guatemala en los años 90’s no era lo que es ahora.  La palabra “homosexual” o como vulgarmente decimos los guatemaltecos: “hueco” era un insulto.  Se usaba la palabra “hueco” entre amigos y muy despectivamente.  Aún ahora en el 2011 sigue siendo un insulto.  Siendo un país católico y muy conservador los homosexuales tenían que ocultarlo lo mejor que pudieran de su familia y amigos.  Aún en estos tiempos hay varios guatemaltecos que no le han confesado a su familia su tendencia sexual y pasan años ocultándolo. Al Miguel confesarme su verdad estaba realmente diciéndome que confiaba en mí cien por ciento.  Me contó que acababa de terminar una relación con un hombre y que había sido homosexual desde los 16 años.  Yo traté de tomarlo lo mejor que pude pero mis prejuicios daban vuelta por mi cabeza esa noche.   

Pensé mucho si quería seguir teniéndolo de amigo.  Yo no veía nada malo en Miguel excepto el hecho de ser homosexual.  Era un chico noble, dulce, con un gran corazón y una personalidad impresionante.  Además siempre estaba ahí para mí cuando lo necesitaba. Y si no fuera porque me había dicho que era homosexual nunca lo hubiera imaginado ya que no era el típico afeminado. Los prejuicios inculcados desde muy temprana edad me hacian dudar: ¿Que diría mi familia de saber que tenía un amigo homosexual?  ¿Qué pensarían mis demás amigos al respecto?  Después de pasar toda la noche en vela pensándolo detenidamente decidí probar y seguir siendo su amiga.

Fue una experiencia inolvidable.  Como físicamente era guapo y exótico yo veía como las chicas querían salir con él y morían por ser sus novias.  Inclusive una de ellas logró robarle un beso pero no su corazón.  Me daba cuenta que a los que consideraba sus amigos nunca les ocultó su verdad y era muy abierto a hablar de ello.  Recuerdo varias veces en las cuáles me enseñaba fotografías de sus novios y me contaba sus aventuras.  Me rogaba que fuera con él al único bar de homosexuales que había en Guatemala pero no me atreví.  Estaba abierta a tener un amigo homosexual pero tampoco quería verlo besándose con otro hombre.  Mis prejuicios me seguían como fantasmas.

Así la amistad se fue entrañando y se fue haciendo más sólida.  Entró otra chica en escena de nombre Andrea que también conocía su verdad y se fue haciendo muy amiga de los dos.  Nos reíamos y pasabamos mucho tiempo juntos.  Los lazos de amistad se hicieron cada vez más fuertes.

Un día Miguel me confesó que tenía que hacer algo respecto a su persona.  Tenía varios meses de sentirse muy cansado y sin ánimos de nada. También se enfermaba muy rápido de catarros, alergías, etc.  Fue hacerse los éxamenes médicos normales y no encontraron nada.  Me dijo que que quería pedirme un favor: Como en Guatemala el ser homosexual era un tabú, también lo era el hacerse el examen de Sida.  Así que me pidió que lo acompañara a hacerse el examen y que pretendieramos ser pareja.  Yo no tenía ningún problema al respecto así que un día nos fuimos al laboratorio a hacernos el examen y pretender que eramos pareja.  Nos separaron y a cada quién nos llevaron a habitaciones distintas.  Ahí los médicos nos hablaron a cada uno de la importancia del uso del condón y del sexo seguro.  Yo divertida recibía la lección pero a la vez prestaba la atención debida ya que mi conducta sexual era típica de una chica de dieciocho.

Cuando salimos del lugar fuimos a comer y nos reímos mucho.  Ese día marcó nuestra amistad para siempre. Llegué a sentir un profundo amor y respeto por él y ese día me ayudó a vencer los demonios de la incomprensión por ignorancia hacia los homosexuales.  Son seres humanos como tú, como yo y como cualquiera.  Lo único diferente es su inclinación sexual con la cúal no pueden hacer nada al respecto.  Nacieron así y así serán para siempre.  Ser homosexual no es una enfermedad ni se cura yendo al psicólogo.  Y por más que querramos nunca los haremos cambiar o recapacitar.

A la semana de habernos hecho los exámenes del Sida fuimos por los resultados.  El estaba muy nervioso y a mí me daba gracia todo ello.  Nunca pensé que fuera a salir positivo.  Yo quería abrir su resultado pero me dijo que mejor cada quien lo abriera en la casa.  Cuando llegué a mi casa y quise abrir el mío me atrapó el temor.  Pensé en las veces que no usé un condón, en las condiciones y con quién.   Sudaba frío y los nervios me traicionaron.  Al fin me armé de valor y decidí abrir el sobre. Al abrirlo y comprobar que el resultado era negativo me calmé.   Llamé inmediatamente a Miguel y su mamá me dijo que le había dicho que no se sentía bien y que se iba a dormir temprano. 

Al siguiente día lo busqué en la recepción y él no había llegado a trabajar.  Luego vino el fin de semana y no lo ví hasta el lunes que entré a trabajar de nuevo.  Le pregunté cómo le había ido y me dijo que tenía que contarme pero no en el trabajo.  Mis sentidos me alarmaron de que había algo que no estaba bien.  Quise pensar que era sólo una fantasía mía.  En todo el día no me pude concentrar ya que pensaba en él.  Cuando salimos del trabajo me llevó a un bar muy íntimo.  Me agarro las manos y me miró profundamente a los ojos y me dijo: “¿Sabes lo que te quiero?”  Me besó las manos y retiró su mirada de la mía.  Cuando volvió a verme con lágrimas en los ojos me dijo:  “El resultado fue positivo”.

Me sentí mareada y me dió nausea.  Me levanté rápidamente al baño y vomité.  Sentía que la cabeza me daba vueltas y que no podía sostenerme en pie.  Y ahí cuando mi amigo me necesitaba más, mi cuerpo me traicionó.  Lloré sentada en el piso del baño.  Lloré como no había llorado nunca por un amigo.  Lloré porque me sentí impotente sin saber que hacer. 

Cuando me recuperé y pude salir del baño lo ví sentado en el mismo lugar con la mirada triste.  La mirada de Miguel me indicó que se resignaba al destino que le esperaba.  Me dijo que había decidido irse a vivir a Estados Unidos ya que ese era el único país donde tenían las medicinas más avanzadas y que a lo mejor podían curarlo.  Al mes o dos meses después del diagnostico se fue a vivir a Los Angeles. 

Mantuvo contacto con Andrea y conmigo por un par de años.  Me contaba que estaba tomando la mejor medicina que había y que hasta le había quitado la alergia por la leche.  Habían meses que sentía que no estaba enfermo para nada para luego recaer y sentirse peor que antes.  Tuvo un novio durante ese tiempo que sabía de su enfermedad y parecía que lo aceptaba.  Pero luego ese novio se volvió un verdugo y en lugar de apoyarlo lo hacía sentir peor.  Recuerdo cómo lloró conmigo por él al teléfono.  Luego sus llamadas se empezaron a hacer menos frecuentes.  Yo intenté llamarlo en varias ocasiones sin conseguirlo.  Después de haber pasado un año sin saber de él me llamó un día a mi trabajo.  La forma en que me habló fue tan dulce.  Me habló de nuestra amistad y todo lo que significaba para él.  Me hizo recordar los momentos que vivimos juntos, todas las risas y todos los llantos.  Me dijo que me amaba muchísimo y que jamás lo olvidara.  Cuando colgamos me entró un mal presentimiento.  Presentí que me había llamado para despedirse.  Llamé a Andrea y le conté lo sucedido.  Andrea me dijo que a ella también la había llamado y que le había hablado de su amistad.  Me dijo que ella también sentía que él se había despedido.

Después de esa última ocasión no supimos más de él.  Intenté comunicarme una vez con su familia pero me dijeron que la familia ya no vivía donde mismo.

Cómo hubiera querido estar a su lado al momento de su muerte.  Espero que haya sido una muerte sin dolor y tranquila.  Espero que no haya estado sólo o con desconocidos.  Espero que haya muerto en paz y feliz de haber sido la persona que era.  Nunca lo voy a olvidar ni voy a olvidar las lecciones que me dió acerca de los homosexuales.  No olvidaré su nobleza, su espíritu, ni su valentía. Al final le confesó a su familia que era homosexual ya que no quería ocultarles su verdad.   Muchos dirán:  El mismo se buscó su muerte.  Pero no, el tener Sida no es sólo de homosexuales.  Estos casos se dan por la falta de educación sexual de parte de nuestros padres, maestros, etc.  Por creer que es un pecado hablar de esas cosas prefieren mantenernos en la ignorancia llevándonos a cometer errores que pudimos haber evitado sin tan sólo nos hubieran advertido.  Está en nosotros, las nuevas generaciones, romper los paradigmas y educar a nuestros hijos como debe de ser.




“Mi morenito bello, ya sea en el cielo o en el infierno espérame... ¡el show debe continuar!”

lunes, 14 de marzo de 2011

La respuesta a tu carta



Estimada Karina,

He leído tu carta detenidamente y reflexionado mucho antes de contestarla.

Amiga mía, para mí, tú eres como un árbol.  Y ahora te voy a explicar el por qué:

Es cierto que tus enfermedades te han agotado físicamente pero tu espíritu ha crecido y madurado. Conozco a muchas personas que se enferman y se quejan toda la vida y al hablar con ellos te dejan un vacío como si nunca hubieran existido.  Contigo no sucede igual. Físicamente te encuentras débil pero interiormente te haz mantenido como un árbol grande con raíces fuertes.  Cada enfermedad es una raíz que se adhiere más a la vida y hace que pases las pruebas más duras con dignidad y perseverancia.

Quiero contarte lo que sentí en el momento que te conocí.  Yo era la nueva de la compañía y nuestra jefa me había dicho que aprendería mucho de tí porque tú te las sabías todas.  Recuerdo el momento en que entraste al edificio.  Yo me encontraba en la recepción y pude observar tu entrada paso a paso.  Saludaste primero a cada uno de los guardias de seguridad, les preguntaste por su salud y si se encontraban bien.  Luego saludaste a la señora de la limpieza con un gran abrazo.  Hacías bromas y saludabas a cada persona que encontrabas a tu paso: al ingeniero, a la secretaria, al del Departamento de Compras, al Gerente de Recursos Humanos, para luego saludarme a mí. 

Nunca se me va a olvidar la gran sonrisa que te caracterizó desde el primer instante.  Tu personalidad y entusiasmo acapararon la atención de todos y reinaba en el lugar.  Todas las personas que encontrabas a tu paso recibieron un poco de ese calor que emanas con tu ser.  Eras como la flor de ese árbol que ya te he mencionado, que crecía poco a poco hasta llegar a florecer en todo su esplendor. 

La huella que has dejado en mi alma desde ese día es única.  Siempre haz estado ahí para cuando te he necesitado, no importando a qué hora te llamara, cuándo lo hiciera, o a dónde te pidiera que fueras urgentemente.  Esto que te digo lo puedo comparar cómo el olor a esa flor que se ha quedado impregnado por años en todo mi ser.  Un olor que nunca podré olvidar.

Cierto que no puedes trabajar como antes, pero tampoco te mantienes sin hacer nada.  Haz hecho manualidades que han recorrido el mundo entero, porque las has vendido a turistas que vienen de paso por el Puerto.  Y yo admiro las cosas que esas manos tan delgadas y finas pueden hacer.  Las comparo con las ramas del árbol que crecen tímidamente hasta llenarse de hojas y frutas.

De tu ex esposo puedo decir que recuerdes los bellos momentos que pasaron juntos.  Lo que te hizo amarlo y compartir a su lado por algunos años de tu vida.  A partir del momento en que todo fue mal no lo veas como una derrota sino lo que hizo fue echarle agua y abono a esas raíces de tu árbol, porque te ha hecho fuerte y madurar cómo no lo habías estado antes. 

De tu padre, he de decir que ha sido el jardinero que ha cuidado a ese árbol con dedicación ferviente.  Lo ha podado y cuidado cómo al más querido. Lo ha cobijado en los días de invierno, soledad y confusión.  Tu padre se ha hecho fuerte junto contigo y el amor que hay entre ustedes dos es lo que hace de tu árbol crecer cada día más y sobresalir ante a los demás.  Nunca pienses que a él no le gusta su trabajo porque lo hace sin ningún titubeo o queja.

Tus amigos verdaderos estamos ahí siempre que nos necesites.  En las buenas y en las malas, en la calma y en la tormenta, en el cielo y el infierno.  Míranos como los ayudantes del jardinero que podamos tus ramas y quitamos las hojas secas y limpiamos la maleza que está a tu alrededor, para que ese árbol hermoso siga creciendo derecho.

Dios, está ahí siempre para tí.  No lo reniegues ni pierdas la fé.  Acuérdate que él obra misteriosamente y aunque no comprendas el por qué de las pruebas en este momento, ha envíado a ángeles terrestres para cuidarte. También tienes a tu ángel de la guarda para que ilumine tu camino y te haga recordar que aunque se sufre no hay que perder la fé en El. Ese ángel de la guarda es tu mami que está ahí en el cielo guiándote y cuidándote de cerca.  

Lo que me pides amiga, va contra la voluntad de Dios.  No puedo tomar la vida de alguien porque eso me convertiría en pecadora y faltaría a los Mandamientos de Dios. 

Estás atravesando unos días de tormenta en los cuáles hay lluvia, relámpagos, truenos, y a lo mejor una que otra rama de tu árbol se quebrará y te hará llorar y sentir mucha tristeza.  Te sientes sin fuerzas y crees que no habrán días mejores. Pero te prometo que muy pronto vendrá el día en que la tormenta se acabará y no sólo brillará el sol sino saldrá un arcoiris que te hará verte a ti misma como el árbol que te describo: en todo su esplendor, pureza y magnificencia y te darás cuenta de lo mucho que has crecido en tu interior y exterior y el ejemplo que ya eres para otros árboles en crecimiento.

Toma mi mano que acá está para tí. Tan sólo tienes que alcanzarla cuando quieras.  ¡Arriba ese ánimo! ten fé y verás que eres una de las personas más bellas que hay en este mundo.  Nunca cambies.

Te envío un abrazo fuerte que te daré en cuánto te vea.

Te quiere,

Luz


Dedico esta carta a una amiga muy especial.  Tú sabes quién eres y sabes que todo lo que escribo acá lo escribo con el corazón.  Te admiro y te amo mucho.  Feliz Cumpleaños.

lunes, 7 de marzo de 2011

Carta a mi mejor amiga

Estimada Luz:

Te escribo estas líneas para decirte que ya no puedo más y necesito tu ayuda.  Esta agonía de las enfermedades que tanto he padecido ya es insoportable.  El problema hormonal que me acompañó desde mi aletargado nacimiento ha hecho que ahora padezca de los riñones, de la vesícula, de los intestinos, del corazón y ahora hasta tengo un zumbido desquiciante en el oído que no se va con nada.  Y estoy como siempre, yendo a doctores, especialistas, exámenes y hospitales.   Me inyectan a diario.  Me sacan sangre a cada dos por tres.  No tengo idea de lo que es ser una persona sana pero es lo que más anhelo.

He perdido la fuerza.  Estoy pesando la mitad de lo aconsejable, no tengo ganas de comer.  No puedo verme al espejo.  Mi figura esquelética me da escalofríos. Tengo la necesidad de ir al baño cada media hora.  Vomitar se ha vuelto una costumbre. Con decirte que procuro no salir a la calle porque no quiero asustar a la gente.  Como vivo sola y con el zumbido en el oído prefiero dormir todo el día.  Duermo y sueño con una vida sana y feliz, con una vida llena de alegría, con una familia e hijos.  Pero al despertar me enfrento una vez más a mi realidad  y lloro en silencio. 

¡Si tan siquiera pudiera trabajar! Me daría un incentivo para vivir.  Porque es difícil despertarse por la mañana con dolores necios, zumbido mezquino, sueños podridos.    Y lo peor de todo es la soledad. ¡Maldita compañera! Sé que no te gustará lo que voy a escribirte pero preferiría estar todavía con el imbécil de mi ex marido que aunque me trataba como a un perro callejero me hacia compañía.  Ninguno de mis amigos tiene tiempo para estar con una inútil enferma como yo.  Los pocos hombres que se me acercan se asustan de inmediato y corriendo se alejan.

Y de hijos ni hablar.  Hace poco descubrí que me quitaron la matríz en una operación y a mí no me consultaron.  Me gustaría tanto tener uno pero al mismo tiempo pienso en que no sería nada bueno para un niño crecer con una madre enferma.  Así que poco a poco estoy aceptando la desdicha que no los puedo tener.

Le reclamo a Dios por todo lo que he tenido que vivir y no recibo respuesta.  Estoy empezando a dudar de su existencia.  ¿Para qué me trajo a este mundo sino es para sufrir?  Yo no debí de haber nacido.  Soy un error en el cálculo de la vida.

Si tu pudieras ver a mi pobre padre, siempre que me acompaña a algún hospital o a algún especialista, le veo en su mirada una chispa de esperanza.  Cuando recibe una respuesta negativa (como siempre) sé que llora en silencio.  Nunca me dice nada pero puedo reconocer su inmenso dolor.   Sé que se siente culpable por haberme traído a este mundo tan sólo a sufrir.    ¡Si tan sólo todavía viviera mi madre para consolarlo!  Pero no, Dios también fue cruel al llevársela a ella hace tantos años atrás de un cáncer.

Por todo esto descrito en un grito ahogado estoy pidiendo tu ayuda.  Quiero que me ayudes a morir.  Quiero que me digas que puedo irme de este mundo para calmar mi sufrimiento. De rodillas te pido que me ayudes a quitarme la vida.  Necesito planear mi muerte.  El día y la hora. Pienso que lo más fácil sería tomarme de una vez por todas todos los calmantes que me han recetado. Puedes estar ahí para cuando los tome.  Te necesito a mi lado.  Quiero que me veas partir y que veas esa sonrisa que se me dibujará en el rostro al dejar este mundo y pasar a mejor vida.   Así dejo de ser una carga para mi familia y para mi misma. 

Sé que es algo muy grande lo que te estoy pidiendo, pero tú eres mi mejor amiga y tampoco quiero seguir haciéndote sufrir a ti también.  Sé que te preocupas por mí y a pesar de que tú tienes tus propios problemas con los que lidiar, siempre estás ahí para cuando te necesito. 

Pero principalmente hago esto para dejar de sufrir yo, porque nadie puede comprender lo que yo siento en mi interior.  Mi vida es una carga pesada la cuál yo no he pedido y con la cuál quiero terminar.

Espero tu respuesta amiga, sé que no me vas a fallar.

Un abrazo,
Karina.


(Respuesta a esta carta será la próxima semana)