lunes, 23 de junio de 2014

Consejos para la Primera Vez


Cuando estábamos experimentando la “primera vez” con mis amigas nos contábamos cómo fue y todas tuvimos una primera vez distinta.   Pero los sentimientos fueron los mismos:  nervios, inseguridad, ansiedad, no saber si lo vamos a hacer bien por la inexperiencia, pensar que éramos delgadas o gordas y que eso importaba mucho.  
El hecho de desnudarnos delante de un hombre por primera vez nos hacía sentirnos vulnerables o con vergüenza.  Y eso hacía que retrasáramos más esa primera vez.
Para mi primera vez, fueron varios intentos antes de que en realidad sucediera.  Tenía mucho miedo.  Miedo a que me doliera, miedo a no saber que estaba haciendo, miedo por todos los miedos que me inculcaron (“Te vas a quedar embarazada”, “El se irá de tu lado”, “Te desangrarás hasta morir”).  No sabía que esperar la verdad.  Pero mientras más tiempo pasaba con Ronaldo* más quería estar con él íntimamente.  En realidad no estaba enamorada de él pero quería que él me quitara la virginidad no sé por qué.  Antes de la primera vez nos besábamos efusivamente, me tocaba acá y allá delicadamente y yo me quedaba sin aliento.  Lo deseaba.  Quería estar con él.
Luego trasladamos esos encuentros a la cama.  Nos desnudábamos y cuando él intentaba penetrarme me dolía tanto que le decía que parara.  El pobre se quedaba frustrado.  Hasta que un día dije “¡Ya basta de pendejadas! ¡Hoy será el día!”.  Recuerdo que era un 14 de febrero cuando yo decidí darle mi virginidad a Ronaldo.  Como sabía que iba a doler, le dije: “¡dale con toda la fuerza!” y yo me puse una almohada entre los dientes para aguantar.  Dolió, si que dolió.  Pero me gustó.  Era un dolor cálido, un dolor diferente. 
Lo malo fue cuando nos levantamos de la cama y vimos un gran charco de sangre.  Lo había hecho en la cama de una de mis mejores amigas.  Ella se había ido de viaje y me había dejado el apartamento.  Tuve que lavar las sábanas y lavar el colchón.  La mancha del colchón jamás se quitó.  Le di vuelta para que ella no lo viera, al menos por un tiempo.
Una de mis amigas me contó que para ella fue sin dolor, sin sangre, inclusive hasta creía que todavía era virgen por ello.   Para otra amiga hubo dolor pero no sangre en el momento.  Pero a los siguientes días tenía sangre como que si le hubiera venido la menstruación. 
El sentimiento después de hacerlo es grandioso (si uno lo hizo a voluntad).  Uno de mujer siente que ya dejó la adolescencia y que a partir de ese día es una mujer de verdad.  Al hace el amor con frecuencia uno de mujer nota cambios físicos.  Nuestros cuerpos son más curvos, más de mujer.  
Tuve la oportunidad (y el honor) de ayudar a un par de hombres a perder su virginidad.  Yo no era la gran experta en el tema todavía pero si tenía un poco de experiencia.   Para los hombres también hay sentimientos de miedo, inseguridad, nervios, de no saber que va a pasar.  Aunque yo siento que los hombres son más decididos al momento de querer perder la virginidad.  Recuerdo a uno de ellos tener mucho dolor y al otro no. 
Las experiencias son diferentes, dependiendo de cada persona.  Pienso que la manera de manejar los nervios, ansiedad y miedos es clave para tener una primera vez placentera.  Así que los consejos de Kutz para la primera vez son los siguientes:
1.      Buena comunicación con tu pareja:  Los dos tienen que considerar los sentimientos de la otra persona.  Aconsejo paciencia y no forzar nada.   Puede ser una experiencia inolvidable si los dos ponen de su parte. 
2.      Infórmate:  Investiga sobre el cuerpo humano y qué es lo que va a suceder:  ¿Sabes que es el himen?  ¿Sabes que sucede si no estás circuncidado? ¿Qué reacción tendrá tu cuerpo al momento de la penetración? ¿Sabes cual es la mejor posición para la primera penetración?  ¿Qué sucederá con tu cuerpo después?  Estos son conocimientos elementales e importantes que debes tener antes de hacerlo por primera vez.  En la internet hay muchas fuentes de conocimiento al respecto (puse unos links de apoyo al final de este escrito). 
3.      Está segura (o) de lo que vas a hacer y con quién:   No es de perder la virginidad con la primera persona que te lo pide, ni hacerlo solo porque tus amigas (os) ya lo hicieron, o porque ya estás mayor.  Es con quien tú quieras y cuando tú quieras.  Nadie puede tomar esa decisión por tí.   Yo no voy a discutir con respecto a la edad, religión o principios.  Esos temas o ya se los han inculcado sus papás y sus líderes o los pueden leer en la internet.  Yo lo único que quiero es que estén conscientes y seguros de con quién lo quieren hacer y cuándo.   
4.      Protección:   ¡Protección! ¡Protección! ¡Protección!  Aunque uses anticonceptivos es necesario tener lubricante y condones. Y aunque decidas hacerlo sin condón siempre protegete con cualquier método anticonceptivo.  No querrás quedar embarazada o dejar a alguien embarazada cuando recién estás descubriendo qué es el sexo.  Si tu pareja es experimentado (a) mejor usar condón.  Nunca sabes con quién se ha acostado esa persona.  A menos que esa persona se haya hecho exámenes para enfermedades venéreas o el SIDA y te pruebe que no tiene nada.  Si cambias de pareja antes de entablar relaciones sexuales aconsejo que los dos se hagan exámenes para enfermedades venéreas y el SIDA.  Si tu pareja es temporal siempre usa condón.  No olvides consultar a tu medico por cualquier circunstancia y para aconsejarte sobre el mejor anticonceptivo. 
5.      Tómate tu tiempo:  Puede ser que al primer intento no funcione.  Tómate tu tiempo.  No te estreses.  Nos ha pasado a muchos.  Es normal.  Pueden empezar poco a poco, con besos, caricias, descubriendo lo que le gusta a cada quién.  Cada persona es un mundo y lo que le gusta a uno no le gusta al otro así que no asumas que porque te gusta que te besen en el oído a él o a ella también.  Descubran y exploren juntos  su cuerpo.  Con buena comunicación puede ser una experiencia divertida y placentera. 
6.      En cualquier momento es válido decir que NO:  Si no te sientes cómodo (a), si tienes dudas, si te dio miedo, si te arrepentiste, por cualquier motivo es válido decir que no.   Por eso te recomiendo que analices bien lo que puse en el punto número 3.  Si tomas la decisión consciente y bien pensada tendrás menos dudas o motivos para no hacerlo.  Este tipo de decisiones no se toman a la ligera.   
7.      El Lugar:   Tienes que sentirte bien en donde lo hagas por primera vez.   Busca un lugar donde puedan estar tranquilos y sin interrupciones.   Preferiblemente si es un lugar donde te sientas cómodo (a).  Puedes hacer del momento inolvidable con música suave, velas y a lo mejor usar incentivos como un aceite para masajes, pluma o juguetes sexuales. 
8.      Relájate:  El hecho de que estés nervioso (a) y estresado (a) hace que tus músculos se tensen, por lo tanto te dolerá más de lo necesario.  Relájate.  Déjate llevar.  Puede dolerte menos y ser algo más placentero si tan solo te relajas.  Puedes tomar un baño de burbujas con tu chico (a) antes de hacerlo o darse un duchazo de agua caliente.  Eso ayuda a relajar. Si eres mayor de edad una copa de vino también ayuda (pero no se trata de emborrachar).  
9.      Risa:  Van a haber lugares donde seas tocado (a) que te hagan reir.  Puede ser que los nervios también te hagan reir.  Es normal y no es nada malo.   Si los dos rien,  la risa puede ayudar a relajar.  No te sientas mal por reir.  El buen humor y el sexo puede ser una combinación maravillosa. 
10.   Después de hacerlo:   Después de hacerlo aconsejo besos y abrazos.  Quedarse un rato en la cama relajados dejándose llevar por lo que sienten.  Experimentarán nuevos sentimientos y nuevos deseos.  Los invito a que los reciban y los gocen juntos.   Vendrán más veces de hacerlo pero esta primera vez siempre se guardará en sus memorias. 
*Nombre ficticio. 


Links de Interés:





Cómo hacerlo por primera vez con mi novio

jueves, 5 de junio de 2014

Ser Homosexual en Latinoamérica es duro







Hace un año atrás escribí  "Ama a tu prójimo como a ti mismo" Mateo 22:39 y me veo en la obligación de tocar el tema de la homosexualidad de nuevo porque veo que las cosas, en Latinoamérica, no han cambiado en absolutamente nada en este año.


Yo como guatemalteca crecí con la mentalidad cerrada y absurda que nos inculcan desde que somos niños.  En mi país a un homosexual se le llama despectivamente “hueco”.  Pero no es solo a un homosexual sino también lo decimos como broma a alguien del género masculino que tiene miedo de hacer algo o simplemente porque se nos da la gana.  Así que frases como: “sos un hueco”, “pareces hueco”, “te vestís como hueco”, “sos un hueco solapado” son comunes en la jerga guatemalteca entre jóvenes y adultos.


Por que crecí creyendo que los homosexuales eran unos pecadores, una escoria de la sociedad, una maldición, una enfermedad que se contagia, algo de lo que nos deberíamos alejar y evitar. Cuando tuve mi primer amigo gay,  Miguel, yo tenía una lucha interna entre lo que me enseñaron y lo que Miguel me quería enseñar:  Que el ser homosexual era algo que él no podía cambiar y que si quería ser su amiga yo debía de aceptarlo.  Amé a Miguel por lo que era:  una persona homosexual maravillosa.  Después de Miguel tuve otros amigos homosexuales en mi país y cambié mi mentalidad con respecto a la homosexualidad aunque todavía habían cosas que no toleraba.


En Holanda la tolerancia hacia los homosexuales es mayor que en Latinoamérica aunque no en su totalidad.  Acá también hay prejuicios e intolerancia pero a una pequeña escala.  Acá vi por primera vez dos hombres agarrados de la mano por la calle y besándose en la boca.  Al principio me chocó.  Pero mientras más tiempo vivía en este país más fue cambiando mi mentalidad hacia el homosexualismo y ahora lo veo como algo normal.  Me di cuenta que el ser homosexual no es una enfermedad  que se puede curar con la religión, terapia psicológica o en clínicas especializadas como se nos hace creer.    

Al buscar en la internet sobre cómo nace la homosexualidad encontramos que los que tocan más el tema son páginas religiosas.  Escriben que es una inclinación y conducta que puede causar daños emocionales y que crea soledad y tristeza.   


Tengo amistades homosexuales en Holanda, Guatemala y otros países y todos ellos son personas que trabajan, estudian, tienen éxito, van de compras, van de viaje, van al doctor, etc. como tú y como yo.  La diferencia es que su preferencia sexual es con una persona de su mismo sexo.   ¿En qué afecta su preferencia sexual a mi vida?  En nada.  Entonces ¿Qué derecho tengo de juzgarlos?


Yo les he preguntado a todos mis amigos homosexuales cuándo o cómo se dieron cuenta de que lo eran y todos me contestan que desde que eran pequeños de 5 o 6 años de edad mas o menos.  Y me cuentan algunos que les gustaba jugar con barbies, que se enamoraron de algún amiguito, que siempre les atrajo más los hombres que las mujeres.   


A veces bromeo con mis amigos homosexuales y les digo que los voy a convertir en hombres heteros y me da risa ver las reacciones.  Muchos de ellos me cuentan que han estado con una mujer pero que no sintieron absolutamente nada.  


Pienso que mi mentalidad al respecto empezó a cambiar en Latinoamérica y acá terminé de convencerme de que hay que dejarlos ser.  Veo a mis amigos latinoamericanos homosexuales ser felices acá en Holanda por lo mismo:  nadie se mete con ellos y los dejan ser.  

Uno de mis amigos gay fue a su país, Honduras, a visitar a su madre que es evangélica.  En su visita tuvo que lidiar con la visita de un pastor, con su madre y amistades diciéndole que el ser gay era un pecado, que la Biblia dice, que se arrepienta, etc.  Tuvo que adelantar su viaje a Holanda porque era demasiada la presión.  Otro amigo gay de mi país puso en Facebook que “está en relación” con su novio holandés con un mensaje en el cuál dice lo feliz que es de haber encontrado a alguien que lo comprenda, respete y quiera como es.  Su hermana le escribió un mensaje en el cuál le dice que algún día se dará cuenta que “el tener sexo con hombres” le traerá soledad y desdicha.   Que él ha carecido de atención de parte del género masculino y que ha confundido esa necesidad de atención con homosexualismo.


¿Por qué no aceptar que tu hijo, hermano, padre, primo, tío, amigo es homosexual?   ¿Porque te da vergüenza?  ¿Por el qué dirán?   ¿Porque no lo comprendes?  ¿Porque la iglesia dice?  ¿Porque la Biblia dice?  ¿Porque eso te enseñaron?


En 76 países (más probable que en 81) hay leyes anti-homosexuales.  Ninguno de esos 81 países son Latinos (puedes ver el artículo en inglés con el listado acá) 


Los países latinos donde se permite el matrimonio gay son:

1.       Argentina desde el 2010

2.       Uruguay desde el 2013



Y está reconocido en dos entidades Federales de México:



1.       México D.F. desde el 2010

2.       Quintana Roo desde el 2011


Los países latinos donde se aceptan la unión civil:

1.       Colombia

2.       Ecuador

3.       México (en algunas entidades federales)


Los países latinos donde la unión entre parejas homosexuales tiene validez legal:

1.       Brasil

2.       Colombia

3.       Ecuador

4.       Uruguay

5.       Y a nivel regional en la ciudad de México, Coahuila


(Para ver el listado de todos los países en el mundo que aceptan matrimonios y uniones civiles entre homosexuales has click acá)


En Perú ahora mismo hay un encendido debate  ya que un congresista que se declaró homosexual públicamente, presentó una propuesta de ley para la union civil entre personas del mismo sexo. 


El año pasado quedé horrorizada al leer la historia de una chica ecuatoriana que se declaró homosexual y su familia la internó en una “clínica de deshomosexualización” que ni sabía que existían en Latinoamérica.  En la clínica “la adotrinaban para convencerla  que su orientación sexual era una enfermedad, vivía en deplorables condiciones higiénicas y le daban comida podrida”.  Al buscar más sobre el tema encontré este artículo con historias terribles.


El sábado pasado salió la historia de Ender Manuel Martínez, migrante salvadoreño gay y activista de la comunidad LGBT contando la experiencia de horror que vivió en una Estación Migratoria de México.


Hace dos días leí los comentarios de odio, con frases biblícas, insultos, etc.  para la madre de Luana, de 6 años, la transexual más joven de Argentina.

Ser homosexual en Latinoamérica es duro.  Pero ¿Por qué tiene que ser así?


Yo no quiero cambiar la manera de pensar de nadie. Respeto las opiniones religiosas y conservadoras y las comprendo porque yo también crecí con ello.  En lo que no estoy de acuerdo es en el odio manifestado de tantas formas hacia los homosexuales.  Las torturas, los maltratos, los insultos, etc.  Eso no lo podemos permitir como sociedad.  Está bien, algunos no están de acuerdo con el homosexualismo pero eso no les da el derecho de maltratar al homosexual , discriminarlo, hacerle daño físico y psicológico.  


Repito lo que escribí el año pasado:


¿Y por qué los gays son discriminados, dejados a un lado, maltratados, despreciados, aborrecidos y odiados?   Por miedo. Porque la gente tiene miedo y quiere controlar lo que lo causa.  Se escudan en la religión y en las sagradas escrituras para ocultar su miedo.  Creen que con estar marginando, causando dolor y haciendo lo que la sociedad les dictamina que hagan, van a dejar de sentirlo.  Pretenden usar todas las armas a su alcance para destruir algo que no se puede destruir.  Algo que ha existido en toda la historia de la humanidad por los siglos de los siglos.  Y al hacer eso en lugar de destruir lo que tanto temen solo lo hacen más fuerte, más palpable, más tangible.  


Los tiempos están cambiando rápidamente,  para bien o para mal, pero están cambiando.  En estos tiempos modernos tenemos que recordar el segundo mandamiento más importante:  Tenemos que amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  Tenemos que dejar a la gente que es diferente a lo que conocemos como “normal” tener una vida como cualquier otra persona.  Tenemos que darles una oportunidad.  No debemos de dejarnos vencer por el miedo infundado en lo que nos han dicho y enseñado pero que no hemos experimentado.


Para las personas a las que les gustan las estadísticas y los estudios científicos les dejo este artículo sobre 5 mitos sobre la homosexualidad derrumbados por la ciencia.


¿No eres homosexual y eres homofóbico?  Perfecto, te comprendo. Los puedes odiar pero no tienes ninguno derecho a maltratarlos. Déjalos vivir en paz.  Son seres humanos y tienen el derecho de ser felices.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Sobre el libro Crecer a Golpes







Pocas veces un libro me impacta emocional y sorpresivamente.  Eso fue lo que me sucedió al leer “Crecer a Golpes”  editado por Diego Fonseca.

En la parte de atrás del libro se lee: “Crecer a Golpes recupera el ensayo y la crónica de trece reconocidos narradores y periodistas para exhibir los conflictos irresueltos que cortan la carne hasta el hueso de América Latina”.

Crecer a Golpes toma como punto de partida el golpe de Pinochet.  Como clave debemos saber que Salvador Allende, un socialista, ganó por elecciones democráticas la Presidencia de Chile antes de Pinochet.  Eso nunca había sucedido en Latinoamérica y eso fue lo que desencadenó muchas de las cosas que sucedieron en los siguientes 40 años.

En la introducción escrita por Diego Fonseca se lee:  “Por primera vez en estas cuatro décadas, la region se encuentra con un mundo multipolar y sin una figura paterna que la ayude a navegar su adolescencia. Si los setenta fueron balas y tortura, los ochentas una década perdida entre crisis de deuda y los noventa la apertura al capital, no está muy claro qué otra cosa más que un interesante mejunje somos ahora”.

Después de leer las narraciones de cada pais (Chile, Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, España y la tan necesaria narración de Estados Unidos) comprendo que el problema de nosotros, los latinoamericanos, es más grave de lo que pensé. 

Este libro despertó recuerdos guardados profundamente en mi subconsciente.  Cuando yo era niña, Guatemala, estaba en plena Guerra Civil.  Yo estudiaba a pocas calles del Palacio Nacional y la Casa Presidencial ubicados en la zona 1 de la ciudad capital.   A mi me enseñaron en el colegio a cubrirme la cabeza y meterme debajo de mi escritorio al escuchar los cañonazos cuando había uno de los tantos golpes de estado que viví.    Cada vez que esto sucedía los vidrios de la ventana de mi clase se quebraban.   

Recuerdo como si hubiera sido ayer cuando en la esquina de mi colegio había una protesta de estudiantes universitarios.  En ese momento pasó un bus.  Bajaron a todas las personas del bus y entre todos hamaqueaban el bus de un lado al otro.  Alguien le prendió fuego.  Cuando ya estaba a medio quemar de entre los asientos de enmedio salió de repente una señora pidiendo auxilio.  Se había quedado escondida, paralizada del miedo, pero cuando vio que el bus se estaba quemando y que podía morir calcinada reaccionó.  Recuerdo muy bien el rostro de pánico de la señora y hasta recuerdo la ropa que cargaba puesta.  Yo tendría apenas 7 u 8 años.

Recuerdo un toque de queda, alarmas a las 6 de la tarde, ver un Tanque de Guerra venir del lado contrario de donde yo iba caminando.  Recuerdo a mi madre poniéndome contra la pared y protegiéndome en varias ocasiones.  Recuerdo que mi padre actuaba extraño, siempre viendo a todos lados, enseñandome canciones “prohíbidas” que no debía cantar en público, tan solo con él, sus largas ausencias y a mi madre diciéndome que él se había ido con otra mujer (mi papá era de los intelectuales de la guerrilla y tuvo que escapar de Guatemala cuando el ejército lo andaba buscando).  Recuerdo soldados armados hasta los dientes transitando por las calles dela ciudad, recuerdo ver a Efraín Rios Montt (hablaré de él más adelante) con traje militar en la televisión empezando su discurso con “Usted papá, usted mamá”.  Recuerdo una canción bien pegajosa cantada por una niña que entonaba: “Hoy le escribí una carta a mi querido hermano, le puse que lo extraño y que lo quiero mucho.  Mamá me ha contado que él es un buen soldado que cuida las fronteras de la patria…”. 

Yo sabía en mi inconsciente que algo sucedía pero no sabía exactamente que era.  Los adultos hablaban de esas cosas cuando yo estaba dormida o se susurraban entre sí sin dejarme escuchar.  Ni cuando fui adolescente se habló de ello en el colegio o en casa.  Me enteré de como había sido todo ello hasta que me fui de Guatemala en el 2001.  En el extranjero leí una variedad de libros que relatan las verdades de la Guerra Civil guatemalteca, libros que no se encontraban en Guatemala cuando yo vivía ahí. 

Lo que me impactó de Crecer a Golpes es como se entrelazan las historias de todos los países Latinoamericanos.  Como lo que sucedía en un país repercutía en el otro y como los sentimientos son los mismos (aunque seamos de distintos países) de las personas que crecimos a golpes.  

Como lo escribiera Carlos Dada de El Salvador: “Probablemente la última generación con sueños fue la que nos precedió.  La revolución fue un sueño; la justicia social fue un sueño; la democracia fue un enorme sueño.  A mi generación, en cambio, le legaron la orfandad, las tendaladas de muertos y desaparecidos, el desarrollo del instinto de supervivencia, las guindas nocturnas en las areas rurales, la zozobra, la impunidad y la falta de claves para entender al mundo.  Los tiempos exigían alinearse con el bando que le diera sentido de pertenencia a algo”. 

Me interesé en leer el libro Crecer a Golpes después de leer un artículo de Plaza Pública titulado ¿El Tercer Round?.  Al leer en el libro la crónica de Guatemala escrita por Francisco Goldman titulada “Después del Segundo Round” puedo entender por qué están sucediendo las cosas que están sucediendo en mi país en los últimos meses.  

Para comenzar, a principios de abril suspendieron (convenientemente) a la jueza Yassmin Barrios por un año.   Esta jueza fue la que condenó por primera vez en Guatemala a tres militares (El Coronel Byron Lima Estrada, su hijo, el capitán Byron Lima Oliva y el sargento Obdulio Villanueva) por el asesinato político del Monseñor Juan José Gerardi. La jueza Barrios también fue la que condenó a  Efraín Rios Montt por Genocidio a  50 años de cárcel y 30 años por delitos contra los deberes a la humanidad.   Lamentablemente la sentencia a Rios Montt fue anulada por la Corte de Constitucionalidad días después. 

Casi al mismo tiempo destituyeron a Claudia Paz y Paz,  la fiscal general del Ministerio Público que llevo a juicio por genocidio a Efraín Rios Montt.  También fue una resolución de parte de la Corte de Constitucionalidad.  

La semana pasada me entero que el Congreso de la República de Guatemala aprobó un punto resolutivo en el que se niega el Genocidio en Guatemala.   La noticia se ha propagado en una pequeña porción y casi no se habla al respecto en los medios de comunicación o en las redes sociales.   Hubo una protesta frente al Congreso de Guatemala la semana pasada pero al parecer fue pequeña porque tampoco hay noticias al respecto más que una pequeña reseña en los periódicos nacionales. 

Con estos tres ejemplos me doy cuenta que los dinosaurios que tienen controlada a Guatemala con actos de corrupción y la impunidad o “ellos”* nos han dado a nosotros, los guatemaltecos, tres rounds y a lo mejor hasta un knock out. Y eso que yo no soy la gran experta en política pero está clarísimo.

Como lo escribiera Francisco Goldman en Crecer a Golpes:  “Imagine ser un niño pequeño que ve a su madre y hermanas mayores violadas y asesinadas por soldados, sobrevivir de alguna manera con esos recuerdos y que, entonces, le digan que esas memorias han sido silenciadas oficialmente, y que le debe lealtad al gobierno y al Ejército heroico que hicieron posible la “democracia”.  Imagine que es el padre de un estudiante universitario desaparecido y que le digan que las leyes de la nueva democracia le prohíben exigir al sistema de justicia que busque la verdad sobre el paradero de su hijo o hija, o castigar a los responsables en caso de que alguna manera pueda identificarlos. ¿Qué tipo de ciudadanos produciría este tipo de “democracia”?".

La clave del gran problema de los guatemaltecos (y talvez de todos los latinoamericanos) se encuentra también en la crónica de Goldman: “(Guatemala) es un país acostumbrado por demasiado tiempo al silencio, donde todo el mundo sabe que el precio por hablar es, con frecuencia, la muerte”.

Hay muchas cosas interesantes en el libro, como la forma en que Gustavo Faverón Patriau describe a Vladimiro Ilich Montesinos, el hombre fuerte detrás de Fujimori; lo que describe Sergio Ramírez de lo está sucediendo ahora mismo en Nicaragua con el tratado Ortega-Wang donde se concede al chino Wang Ying los derechos absolutos para construir "El Gran Canal Interoceánico" un proyecto tan o más ambicioso que el del Canal de Panamá;  de como Leonardo Padura describe lo que años de represión castrista ha generado  en los cubanos y la narración de John Lee Anderson sobre como Estados Unidos ha intervenido en el extranjero "donde y cuando quisieran".  No voy a escribir más sobre Crecer a Golpes porque los invito a que lean el libro.  Es uno de esos libros que al leerlo te da todas las piezas del rompecabezas de la Latinoamérica de hoy.   

Mi generación no puede hacer nada más que tratar de educar a nuestros hijos también en lo político.  Como concluye Leonardo Padura en su crónica sobre Cuba: “Al final del camino la generación escondida, sin rostro, obediente y complacida, la generación que soñó con el futuro y a la cuál pertenezco, ha vuelto a ser la perdedora. Sólo que esta no es una derrota coyuntural, del momento, sino una declave histórica de la que no saldremos ni siquiera más sabios, o más cínicos, porque ya no saldremos hacia ninguna parte”.  Padura es 20 años mayor que yo pero mi sentimiento es el mismo.

El futuro de Latinoamérica está ahora en manos de nuestros hijos. ¿Los hemos preparados a ellos para lo que van a enfrentar? ¿ O dejaremos que crezcan en la ignorancia como nosotros crecimos?

* leer en el libro quienes son "ellos"o en el link de "¿El Tercer Round?".