miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi querida Suegra



Cuando vi a Felipe la primera vez me enamoré de él a primera vista.  Lo conocí en la fiesta de cumpleaños de mi amiga Virginia. La atracción fue mutua porque él también me veía.  Nos presentaron y tratábamos de estar solos para poder hablar y conocernos mejor.  Bailamos esa noche y nos dimos el número de teléfono.

Al siguiente día recibí un mensaje de texto de él preguntándome si quería ir a cenar esa misma noche.  Yo pensé que a lo mejor íbamos muy rápido pero no podía contener mi emoción.  Como también deseaba verlo le dije que si.  Esa noche fuimos a cenar a un restaurante italiano.  Nos reíamos y hablábamos mucho de nuestras vidas. Al terminar la noche se despidió con un beso.  Yo sentía que flotaba por las nubes.  Sabía que Felipe era el hombre perfecto para mí.

En los siguientes días pasábamos casi todo el tiempo juntos, exceptuando cuando íbamos a estudiar o cuando él visitaba a su familia.  Mi familia vivía en otra ciudad así que no tenía ese inconveniente.  Cuando él no estaba conmigo nos extrañábamos y pasábamos todo el tiempo enviándonos mensajes de texto.

Así transcurrieron un par de meses hasta que me dijo que le gustaría que conociera a su familia.   La mamá de Felipe, Doña Marta, se había divorciado del padre de Felipe, Don Augusto, hacía diez años y se había casado con Don Tomás.   Don Augusto se había ido a vivir a otra ciudad y al poco tiempo había muerto de un infarto. 

Al conocer a Doña Marta, la primera impresión que me dio es que era una señora elegante e inteligente.   Don Tomás era un poco callado y retraído y solo se limitaba a confirmar las cosas que Doña Marta decía cuando ella se lo indicaba.  Doña Marta y Felipe tenían una conexión muy especial.  Felipe había sido hijo único.

Doña Marta me preguntó de la familia, del origen de mi apellido y a que se dedicaban mis padres.  Cuando le conté que mi padre era dueño de una tabaquería dijo “nada que ver con mi Tomás que es dueño de una cadena de supermercados”.   El resto de la velada la pasamos de maravilla y creí haber encontrado una segunda familia. 

Pronto éramos invitados a todo tipo de celebraciones familiares y pasábamos mucho tiempo con Doña Marta y Don Tomás.  A mi no me molestaba pero entre los estudios y estas celebraciones, casi no nos quedaba tiempo a Felipe y a mi de estar solos.

Felipe se graduó seis meses antes que yo de la Universidad y al nomás graduarme, como regalo de graduación me llevó al restaurante italiano donde estuvimos en la primera cita y me pidió la mano.  Yo estaba tan enamorada de él que lo acepté, sin pensarlo, entusiasmada.

A partir de ese momento mi vida cambió.   Empezaron los preparativos de la boda y Doña Marta quería encargarse de todos los detalles y ser la de la última palabra.   Si yo elegía rosas para la decoración ella quería claveles.  Si elegía los manteles de encaje blanco ella los quería de seda.  El vestido que yo había elegido le parecía muy escotado o muy adornado y me hacía probarme unos vestidos que a mí no me gustaban.  El lugar de la recepción lo había elegido ella, el traje que Felipe se iba a poner también. Poco a poco fue imponiendo su voluntad en todos los aspectos de la boda pero seguíamos discutiendo respecto al vestido que me debía poner.  El tiempo iba pasando y ya casi se venía la fecha de la boda encima y ni ella cedía ni yo tampoco.  Yo pensaba que ella podía elegir lo que quisiera pero lo que yo me pondría era muy mi decisión.

Como último recurso y para que  no terminara siendo el vestido de bodas de Doña Marta en lugar de mi vestido, le pedí a mi madre que viajara y me ayudara.  Entonces la batalla ya no fue conmigo sino con mi pobre madre que tenía la paciencia de un elefante y era firme como un juez dictando la sentencia.   Mi madre logró convencer a Doña Marta de dejarme usar el vestido que quería con la condición de que ella elegía el resto de lo que me iba a poner.  Me compró una ropa interior para el día de la boda que ni a mi abuela se le hubiera ocurrido ponerse.  Por supuesto le dije que la iba a usar refundiéndola en un cajón y poniéndome la ropa sexi que había comprado.  Los zapatos eran muy incómodos y aburridos.  También a último momento me puse unos que había comprado.  Lo único que le acepté a Doña Marta fue el collar y los aretes de perlas con los que ella se había casado.  Ella hablaba con tal intensidad de esas joyas que no quería menospreciarla.

El día soñado llegó y Felipe y yo nos casamos escuchando constantemente a Doña Marta ordenarnos como pararnos, qué decir,  a donde ir, que hacer.   Todo había sido arreglado por ella y daba órdenes aquí y allá a camareros, personal de limpieza, tíos, primos, etc. A pesar de que yo estaba molesta por que todo ello se había tornado “su” boda fui feliz de haberme casado con Felipe.  Lo amaba intensamente y quería estar con él para siempre.

Nos fuimos de luna de miel a Cancún, México y estaba contenta de, al fin, tener un tiempo solamente con Felipe. Cuando llegamos al hotel era medio día y después de una sesión de amor nos fuimos a instalar a la piscina.  Estábamos ahí disfrutando del sol, cuando escucho de repente una voz familiar y al voltear a ver Doña Marta y Don Tomás aparecen en traje de baño y se instalan en las sillas a la par de nosotros.  Del asombro, me quedé sin habla y Doña Marta dijo sonriendo:  “nosotros también necesitábamos unas vacaciones con tanto que tuvimos que arreglar para la boda y que mejor que pasarlas junto con ustedes”.   Don Tomás como siempre se limitó a no decir nada y mantenerse al margen de todo.

Yo no podía creer tal descaro mientras que Felipe abrazaba a su madre y padrastro dándoles la bienvenida mientras pedía unos cócteles para ellos.

He decir que los siguientes días fueron pocos los momentos que Felipe y yo pudimos estar solos y tranquilos.  Yo estaba de mal humor casi todo el tiempo y evitaba todo contacto con mis suegros ya fuera escuchando música con audífonos o leyendo apasionadamente un libro.

Cuando Felipe y yo regresamos teníamos que buscar casa para comprar.  No hace falta decir que también en eso Doña Marta se metió.  Ella quería que viviéramos en el mismo barrio que ella y después de muchas discusiones y enfrentamientos entre ella y yo, compramos una casa que quedaba a tres kilómetros de distancia de la de ella.  Ella protestaba que vivíamos muy lejos y yo estaba feliz de haber podido tener aunque sea un poco de distancia.

Yo le decía a Felipe que tenía que ponerle un alto a su madre, que se estaba metiendo mucho en nuestras vidas.  Él me decía que lo hacía por nuestro bien, que no era con mala intención y que cuando se pasara de la raya él iba a hablar con ella.

Cada tarde cinco minutos después de regresar del trabajo, ella llegaba a la casa.  Siempre llevaba comida y decía que era para que Felipe y yo comiéramos bien (aduciendo que yo no sabía cocinar).  Luego inspeccionaba la casa y movía algunas cosas de lugar o me decía qué debía poner o quitar.  Varias veces le dije que me gustaba mi casa como estaba y era como si estuviera hablando con una pared porque no me escuchaba mientras seguía en la inspección.

Los fines de semana siempre habían actividades que atender con ella y Don Tomás.  Varias veces le dije a Felipe que no fuéramos pero él me decía que si no íbamos tendríamos más problema con ella.  Así que yo iba de muy mala gana.

Después de un par de meses de tener constantemente a Doña Marta llegando a mi casa y haciéndonos que pasáramos casi todo el fin de semana con ellos le hablé a Felipe y le dije que esa situación tenía que cambiar.  Ya que ella no escuchaba mis protestas él tenía que hablar con ella.  Al parecer él habló con su madre pero de una manera que ella sabía que yo lo había pedido, porque cambió su estrategia: Llegaba a la casa cada dos o tres días y lo hacía cuando sabía que Felipe había regresado del trabajo.  No me saludaba y a él le daba la comida que le había traído. Llamaba a Felipe con cualquier excusa: porque ella tenía una crisis de nervios o para que fuera a reparar algo a la casa y hacía que él se pasara horas con ella en lugar de conmigo.

La situación se volvió muy tensa entre Felipe y yo ya que si yo protestaba, él se molestaba y me decía que no podía ponerse a elegir entre su madre y su esposa.  Intenté hablar con Doña Marta para ver si podíamos hacer las paces y en lugar de lograrlo, ella se puso a la defensiva de tal forma que terminamos peleando más de la cuenta.

En medio de esos problemas resulté embarazada.  Eso hizo que Doña Marta suavizara un poco su comportamiento conmigo y llegaba a la casa a indicarnos cómo debíamos de decorar el cuarto de bebé, que comprarle, etc.   Me invitaba a comer y me llevaba a lugares donde una mujer embarazada no podía comer. Por ejemplo me llevó a un restaurante hindú que era muy famoso porque la comida era picante.  Cuando yo le decía que no había nada en el menú que pudiera comer, ella se limitaba a decir: “que lo siento, yo si voy a ordenar algo” y comía enfrente de mí tan despacio mientras mi estómago se retorcía del hambre.  Después de tres o cuatro ocasiones empecé a rechazar sus invitaciones.

Mis vecinas me contaron que ella les había hablado mal de mí.  Le conté a Felipe y me dijo que la llamara y le preguntara.  Lo hice y en lugar de contestarme si sí o si no me colgó el teléfono.  A los dos segundos el celular de Felipe sonó y era ella quejándose de mí, diciendo que yo la había acusado falsamente y haciéndose la víctima llorando y con un ataque de nervios que se inventó.

La del ataque de nervios era yo.  Esta situación se estaba volviendo tan enfermiza que no sabía que hacer para contrarrestarla ya que mi esposo no hacía nada al respecto y se dejaba dominar por ella.  El resto de la familia no se metía tampoco.  Le conté a mi madre y ella me aconsejó que tratara de hacerle ver a Felipe el daño que su mamá estaba haciéndole a nuestra relación.

Y eso hice.  Le hablé en incontables ocasiones y le expuse varios ejemplos.  Él no decía nada mas yo creía que si me prestaba atención.

Cuando faltaban dos meses para dar a luz, Doña Marta nos anuncia que nos ha comprado boletos para un crucero y es precisamente por las fechas en las que yo voy a dar a luz.  Cuando le hago recordar me dice: “Que descuido querida, se me había olvidado.  Bueno, entonces Felipito será el único que se irá con nosotros”.  Ahí me enfurecí y dije que no, que como iba a creer, que yo necesitaba a mi esposo a mi lado para cuando diera a luz. 

Doña Marta, muy astuta, dijo: “Pues dejemos que Felipito elija donde quiere estar.  ¿Dónde prefieres estar cariño?  ¿En un crucero que te llevara a las islas mas exóticas del Caribe o viendo a tu mujer sangrando, sudorosa por horas y escuchar a una criatura llorando?”

En ese momento Felipe se nos quedó viendo a las dos.  Podía observársele en el rostro la angustia de tener que elegir entre las dos mujeres importantes de su vida.  Mi rostro suplicante imploraba en silencio que no eligiera mal.  Yo sabía que éste iba a ser el momento decisivo para el resto de nuestra vida.

Felipe empezó a temblar, se le salieron las lágrimas, se puso tan pálido que creí que se iba a desmayar.  Doña Marta tamborileaba los dedos en la mesa viéndolo con una cara de triunfo y una sonrisa maliciosa.  Ella estaba segura de lo que él iba a elegir.

En eso sucedió algo inesperado:  Don Tomás, el callado, el retraído, el que siempre aceptaba todo lo que doña Marta decía,  se levantó de su asiento, furioso, agarró a Doña Marta por los hombros y la empezó a sacudir mientras le decía: ¨ ¡PERO QUE MIERDA ES ESTA! ¡PONER A ELEGIR A TU HIJO ENTRE UN CRUCERO O EL NACIMIENTO DE SU HIJO!  ¿ES QUE ACASO NO TIENES ALMA MUJER? ¡ES DE TU NIETO QUE ESTAS HABLANDO! ¡DEJA YA DE CASTIGAR A TU NUERA PORQUE CREES QUE TE QUITO A TU HIJO!  ¡TU HIJO ES ADULTO! ¡ACEPTALO DE UNA BUENA VEZ!  ¡JODER!

Don Tomás soltó a Doña Marta y a zancadas se fue de la habitación.  Doña Marta cayó al suelo y empezó a llorar.  Felipe se quedó parado como una estatua de sal por unos minutos observando a su mamá, luego me tomó de la mano y me hizo salir de la casa.

Dos meses después nació José Ramón.  Su padre estuvo ahí para el parto y fue mi mayor apoyo.  Ese día fue la primera vez que volvimos a ver a Doña Marta y a Don Tomás después del incidente.  Doña Marta parecía otra, más sumisa, más tranquila.  Todo era armonía, paz y sonrisas por la llegada del nuevo miembro de la familia.  Creí que todo iba a ir mejor a partir de ese momento, hasta que escuché a Doña Marta decir: “ ¿Pero quién se llama José Ramón en estos días?  Yo diría que le cambiaran el nombre por...”

martes, 7 de agosto de 2012

Manifestación en Ámsterdam contra la imposición y por la democracia en México – 22 de julio 2012


El domingo 22 de julio acompañé a mis amigos mexicanos a una protesta que se iba a realizar en Beursplein, Ámsterdam.  La protesta era para hacer un llamado a la reina Beatriz y el primer ministro Mark Rutte (de Holanda) para que no reconozcan a Enrique Peña Nieto como Presidente electo de México.

Para mi fue muy interesante estar ahí apoyándolos ya que fue una protesta como no he visto ninguna.   La mayoría  llevaba colores de la bandera de México, máscaras de luchador libre, caras pintadas de calavera, sombreros de charro, etc.   Fue una protesta que se hizo de manera pacífica y ordenada.  Llegaron aproximadamente entre 75 a 100 personas.   Entre ellos se encontraban unos músicos que tocaron canciones mexicanas y las mezclaban con letra de protesta.  Los organizadores dieron discursos en español, inglés y holandés para que la gente comprendiera bien el mensaje que se les querían dar.  

Todo fue muy armonioso, no hubieron pleitos, ni insultos.    Llevaban pancartas con distintos mensajes en los tres idiomas: “México terug naar dictatuur” (México regresa a la dictadura)  “Democracia real ya México”,  “Tell everybody that in Mexico  the democracy doesn’t exist” (diles a todos que en México la democracia no existe).  

Habían mexicanos residentes en Holanda y se presentaron representantes de diferentes movimientos y organizaciones civiles como Mexicanos en Holanda por la paz de México, Morena Comité Holanda  y #Yo Soy 132 Holanda  .   

El movimiento  #Yo Soy 132 es un movimiento ciudadano mexicano global conformado en su mayoría por estudiantes  de educación superior  tanto de instituciones públicas como privadas que busca  la democratización de los medios de comunicación y evitar la imposición mediática del virtual ganador de las elecciones Presidenciales del 2012 de Enrique Peña Nieto.

¿Y por qué los mexicanos no quieren a Enrique Peña Nieto como Presidente?    Peña Nieto era el candidato presidencial del PRI (El Partido Revolucionario Institucional) y en las elecciones se comprueba un exceso de dinero en propaganda,  manipulación de encuestas como la compra y coacción de votos.  

El PRI y Televisa, el conglomerado mexicano líder de audiencia en televisión abierta en México y que apoya al PRI, lo niegan.  Eso hace que los mexicanos protesten y reclamen por sus derechos.

Con frases como “Peña entiende el pueblo no te quiere”, “México no se compra”, “Democracia ya”, “No al fraude” y “Mi historia y mi cultura no es telenovela”, la protesta de Ámsterdam se unió a las que hay en otras partes del mundo y en el mismísimo México.  También se ven protestas en las redes sociales como Facebook y Twitter.  

México está haciendo historia con estas protestas ya  que está cansado de los fraudes electorales.   Mi deseo es que logren reconstruir la democracia y la paz en su país y que no se dejen vencer por la corrupción y el fraude.   Es un ejemplo a seguir para los demás países latinoamericanos.

Aquí les comparto el comunicado que se leyó en la protesta así como algunas fotos y un video:

Comunicado:


Somos mexicanos residentes en Holanda, apartidistas, mas no apolíticos y en defensa de la democracia. México está viviendo con dolor la imposición de una dictadura. Estamos aquí haciendo un llamado internacional, un llamado a la Reina Beatriz y al primer ministro Mark Rutte para que no reconozcan a Enrique Peña Nieto como presidente de México. Les pedimos escuchen al pueblo de México que hoy se encuentra secuestrado por hombres y mujeres antidemocráticos. Hoy estamos reunidos #Yosoy132, Mexicanos en Holanda por la PAZ y la sociedad civil reclamando se anulen las elecciones del 1 de julio porque se violaron las leyes democráticas de cualquier país del mundo.

México es un país que anhela democracia, democracia que ha estado ausente durante prácticamente toda su historia. Las elecciones presidenciales del pasado 1 de julio muestran una vez más el carácter antidemocrático del régimen vigente: control absoluto de los medios de comunicación y de la prensa escrita, represión a los opositores mediante golpeadores pagados, asesinatos, amenazas, y compra masiva de al menos cinco millones de votos. ¿Cómo puede un gobierno autoproclamarse "democrático" cuando el candidato oficial, Enrique Peña Nieto ha sido designado como "el futuro presidente de México" varios meses antes de la puesta en marcha del proceso electoral?

El partido de Peña Nieto, llamado Partido Revolucionario institucional fue fundado en 1929 desde arriba, por la clase dirigente, sin ninguna base popular. Desde su fundación hasta el día de hoy, el PRI ha gobernado el país, con el poder central directamente en sus manos por 70 años, y por medio de partidos-títere durante los 12 últimos años

Ese partido, el PRI, tiene un largo expediente de corrupción, impunidad y todo tipo de violencia ejercida contra la población

Actividades habituales de dicho partido son:
-El lavado de dinero,
-Ccriminalización y brutal represión de cualquier protesta social y/o ecológica,
-Trata de personas
-Robo de los bienes públicos.

Ahora buscan imponer a su candidato Enrique Peña Nieto, quien ya ha mostrado su carácter violento y abusivo (como puede verificarse en los reportes de Amnistía Internacional respecto de su gestión como gobernador del Estado de México: en particular, la vengativa represión de ATENCO y la desatención cómplice de los feminicidios).

Múltiples violaciones a la ley electoral durante la elección presidencial debería ser suficientes para anular la elección en la que -supuestamente- Enrique Peña Nieto ha sido elegido. Los mexicanos exigimos democracia en nuestro país, no queremos el regreso oficial de la dictadura del PRI con un  candidato como Peña Nieto representando la ignorancia,  la violencia y la manipulación.

Pedimos al gobierno Holandés, a los holandeses y  toda la Unión Europa que, en nombre de la libertad, NO reconozca a un presidente impuesto, que no reconozca a un partido dictatorial como lo es el PRI, y que no establezca relación alguna con los verdugos de nuestra nación.

Mexicanos Unidos por la autentica democracia, por un México de PAZ.









jueves, 26 de julio de 2012

El Bullying Escolar


Este escrito lo dedico a Jorge Amílcar Ramírez Hernández niño de 10 años que se quitó la vida en su vivienda en Ciudad Peronia, zona 8 de Villa Nueva, Guatemala. Jorge Amílcar había dejado de estudiar hacía tres meses, debido a que sus compañeros de clase se burlaban de él porque su madre iba a trabajar en un bar y que su padre, ayudante de bus, lo había abandonado.  QDEP.



He leído un artículo en el periódico en el que decía que este año los casos de bullying en Guatemala se han incrementado.  Pero yo no creo que sea eso.  Los casos de bullying siempre han existido.  Lo que han aumentando son las denuncias.  Los niños están más dispuestos a hablar de ello porque ahora hay más información y se está más alerta al respecto a nivel nacional.

Recuerdo que cuando era niña y adolescente no teníamos conocimiento de ello.  Yo fui víctima de bullying como también fui una bully.   El bullying no se limita a gente de escasos recursos o escuelas públicas como se piensa.  También sucede en los colegios privados y de prestigio.

Yo nací en cuna pobre.  Gracias a que yo tenía un gran deseo de aprender a leer y a escribir y tuve una cuidadora que me enseñó, yo lo aprendí desde los 5 años.  Por eso mismo me gané una beca para estudiar en un prestigio colegio privado para niñas.  Ahí estudié toda la primaria hasta primero básico (primer año de secundaria).

En toda la primaria experimenté el bullying escolar.  Todas mis compañeras sabían que yo era pobre.  Se notaba porque mis zapatos casi siempre estaban rotos, tenía apenas una o dos blusas que se habían percudido con el uso.  Solo tenía un lápiz que gastaba hasta el final y no varios como ellas. Nunca tuve crayones de colores ni mochilas “a la moda”.   A la hora de recreo no contaba con una lonchera llena con panes con jamón y queso, galletas y fruta como la de ellas, sino que mi refacción se limitaba a panes con mantequilla. 

Así que por eso algunas compañeras me agredían verbalmente diciéndome cosas como que era lo que yo hacia en ese colegio tan prestigioso si yo no merecía estudiar ahí, o que no se juntaban conmigo porque se les iba a pegar lo pobre, o que yo les daba asco porque a lo mejor yo no me bañaba y les iba a pegar los piojos y las garrapatas (porque yo era lo más cercano a un perro).  He de decir que varias veces los comentarios hirientes me hicieron llorar y hasta pensé en no ir a estudiar para no escucharlos. 

Lo bueno era que a pesar de mi pobreza mi personalidad ha sido entusiasta y positiva y por ello también gané amigas que me aceptaban por lo que era como persona más que por lo que tenía.

Cuando llegué a la adolescencia cambié de colegio a otro menos conocido pero aún privado y de niñas y ahí era mejor aceptada.  Me juntaba con las chicas más populares y sobresalía por mis buenas calificaciones y mi participación en actividades extra escolares como el pertenecer al grupo de porristas y ganar varios concursos de ortografía y taquigrafía.  Así que ahí mi papel cambió de víctima de bullying a bully.  Empecé a acosar a compañeras del colegio por su apariencia, por su falta de personalidad o de inteligencia.  Siempre que hacia comentarios hirientes en contra de ellas tenía un público que aplaudía o confirmaba mis comentarios.  Así que considero que hacíamos el bullying en grupo.

¿Por qué lo hacia?  Al escribir este artículo me pregunté eso.  Y creo que era porque eso me daba mayor aceptación en mi grupo de amigas.  Es más, este mismo año me reuní con mis excompañeras del colegio y volví a hacer comentarios como toda una bully contra una excompañera que no se encontraba presente y todas nos volvimos a burlar de ella. No me explico por qué pero siento que lo volvimos a repetir como por costumbre. 

Si pienso más a profundidad del por qué yo fui una bully, en esa etapa de mi vida tenía problemas en casa.  Mi madre me pegaba y agredía  constantemente y no tenía padre.  En ese tiempo también fui una bully con mi hermano menor. 

Considero que el factor principal para criar a un bully es la situación que se vive en casa.  En mi caso yo estaba a la defensiva y mi agresión solía ser verbal.  Me hacía sentir bien porque al fin podía hacerle a alguien más lo que me solían hacer a mí.  Mi autoestima estaba por los suelos. Nunca llegué a los golpes pero si sé de algunas compañeras que también eran bullys y entraban a golpes a otras.

En mi caso, mi madre trabajaba todo el día pero cuando llegaba a casa en la noche lo primero que hacia era maltratarme ya sea física o verbalmente.  Algunas veces era por cosas que le habían sucedido en el trabajo y terminaba rematando conmigo.  Eso no era justo para mí como hija.  Y mi situación lamentablemente no era aislada.  En nuestra sociedad, varios padres de familia llegan cansados del trabajo, malhumorados, sin ganas de nada y rematan con los hijos. También la pobreza, divorcio, falta de educación, etc. pueden ser factores que hagan que los padres maltraten a sus hijos.

Como dije anteriormente, el bullying no se limita a la gente pobre porque yo fui testigo de ello.  Entre mis excompañeras más ricachonas habían casos de bullying también.  Recuerdo una vez que a una de ellas la agarraron entre cuatro chicas en el baño y la golpearon y aruñaron la cara tan solo porque su padre había ocupado un puesto en el gobierno.  ¿Qué tenía que ver eso con la chica?  Nada.  Era la pura envidia o recelo de las demás ricachonas (a lo mejor inculcados por los comentarios de los padres de ellas).

Pienso que para evitar criar hijos que practiquen el bullying o sean víctimas de ello es necesario tener el núcleo familiar unido.  No es necesario que los dos padres estén presentes pero al menos el que esté presente que tenga una buena relación y comunicación con los hijos.  Al castigarlos, que sean castigos sin agresión física o verbal pero que sea un castigo justo.  También hay que fortalecer la autoestima desde los primeros años ya que un niño seguro de si mismo tiene menos tendencia a ser víctima del bullying que uno que no lo sea, Inculcar el respecto por si mismos y por los demás (incluyendo el respecto a personas discapacitadas, gordas, flacas, viejas, etc.).   Como padre la mejor manera de enseñar a los hijos es con el ejemplo y amor. 

Castigar a los hijos que practiquen el bullying pero también preguntarse a si mismos: ¿por qué mi hijo lo está practicando?.  Cortar el problema de raíz y cambiar la manera en que se educa al hijo.  También apoyar al hijo que es víctima del bullying y ayudarle a recobrar la confianza en si mismo.  Hablar con las respectivas autoridades de la escuela y los niños (y talvez hasta con los padres) que estén causando el problema (decir “ignóralos” no va a ayudar a erradicar el problema).

Hay casos en que el bullying es practicado por algún maestro.  Esto también hay que confrontarlo hablando con la dirección y con el maestro si es necesario. 

Como padres tenemos la responsabilidad de brindar la mejor educación a nuestros hijos.  La educación no se limita en ponerlos a estudiar.  La educación también tiene que ser en casa, diariamente, para evitar que hayan más suicidios infantiles como el de Jorge Amílcar.

Y sé que más de algún lector me dirá:  "Pero Jorge Amílcar era un niño pobre, su mamá trabajaba en un bar, su papá se había ido".  Claro, si es cierto, pero también es cierto que los parientes estaban al tanto de la situación y no hicieron nada por ayudar a este niño.  Los maestros de la escuela pudieron haber preguntado por qué Jorge Amílcar no iba a estudiar más.  El vecino, la vecina, etc.  Nadie hizo nada por ayudarlo.  No se puede tener la información, saber como está la situación y no hacer nada.  Tenemos la obligación como sociedad de poner nuestro granito de arena para evitar que estos casos se den.  Somos responsables de como será el futuro de nuestros hijos con nuestras propias acciones.  No hacer nada es inaceptable. 

Otros casos de bullying escolar en Guatemala:

Menos sancionada por acoso escolar  

Niño de 6 años recibe golpiza

Nuevo caso de acoso escolar

De vuelta al acoso escolar

Bullying deja nueva víctima


Otros links de Interés:  

Entidades impulsa lucha contra el Bullying

Jóvenes buscan como prevenir la violencia

Como prevenir el bullying 

Descansa en paz Carlos Benedicto Sosa Pérez

martes, 17 de julio de 2012

Insomnio



Minoldo Gramajo y Silvia Titus


I
Esta noche soñaba con esa mirada tuya
Hechicera y profunda
Deseaba encontrar una respuesta
Ilusión casual de saber si me amas...

II
Y no lo vas a creer,
aún después de tanto tiempo
te sigo soñando, te sigo queriendo
el tiempo se detuvo en mi alma…

III
Aún siento tu perfume en mi lecho
Y el éxtasis de tus labios y tu cuerpo
Escucho tu voz llamar por mi nombre
Te recuerdo como éramos ayer…

IV
Sin quererlo, en el tiempo y la distancia,
Tu amor se me escapó como agua de rio
 Y aún sueño con esos besos que nos dimos
Aquella última tarde y eso es lo único mío.

V
Mío en el recuerdo, mío en la distancia
Mío en el anhelo…
De que algún día vuelva
A ser lo que fue.

VI
Esta noche,
dejaré a mi alma buscar el ayer
ese ayer de aquel campo en flor
que nos envolvió en un abrazo de amor…

VII
Ese ayer en el que fui feliz
en el que, tus brazos fueron mi mundo,
tu sonrisa mi sol
y tu cuerpo mi sustento

VIII
Ese ayer que en mi mente no quiere morir
Y aunque estás  ausente de mí
Tu recuerdo sigue atrapado aquí,
En esa red, que un día, tejió mi amor por ti.

IX
Y no sé qué hacer para regresar al ayer
Porque aunque lo deseo, no sería  igual
Y ambos estamos en el hoy,
hoy  que no será nunca el ayer.

X
Talvez deba conformarme y olvidarte, mi vida, sí.
Talvez deba alejarte de mi mente y de mi alma,
Pero aunque lo intento todo, tu recuerdo se agiganta
Y cual ola me alcanza, aunque no quiera pensar en ti.

XI
Talvez debería buscarte,
Talvez debería decirte lo que siento,
Talvez tú sientas lo mismo,
Talvez…

XII
El alba se acerca, la luz llega,
Yo te espero y sé que no vendrás,
Talvez deba resignarme
Al amor perdido, talvez, …



Este poema fue creado por Minoldo Gramajo en Guatemala y Silvia Titus en Holanda.  La distancia no impidió que dos escritores pudieran crear y dar forma al poema.   

Minoldo:  muchas gracias por tu colaboración.

lunes, 9 de julio de 2012

Ojos Hechiceros




En una foto.    Ahí vi tus ojos por primera vez.  Hechiceros, misteriosos y llamativos. Que mirada mas penetrante la que mostraba esa foto.  Tu ceja izquierda se levantaba en complicidad con tus ojos traviesos.  Como que si estuvieras a punto de revelar un secreto que hiciera caer a los mismísimos muros de la Basílica de San Pedro en Roma.

Me llamó la atención que fuera tu ceja izquierda la que se levantara y no la derecha.  Estaba casi segura que eras zurdo.

Tenias tu mano izquierda apoyada en la sien mientras la derecha se recostaba en una mesa.  Observé la foto tanto tiempo que parecía un niño contemplando el mar por primera vez. Quería saber quién eras, que hacias, donde vivías.  La información que venía con la foto no revelaba mucho.  Me llamó la atención que también eras escritor y disfrutabas del vino como yo.  No revelaba lo que quería saber pero al menos me motivaba a investigarlo.

Te busqué por toda la internet y encontré más información sobre ti y como hacerte saber que tus ojos me habían cautivado.  Pero por más escritora que yo fuera no sabía que escribirte.  Era tonto lo sé. Era una idea arrebatada pero quería que supieras de mi existencia.  Encontré que vivías al otro lado del mundo, que te gustaba la fotografía y que te gustaba la naturaleza o trabajas en ello.

¿Qué escribir?  “Me gustan tus ojos” ,“me encanta tu mirada” ,“oye...que bonitos ojos tienes”,  vaya si que era difícil.  Era mas fácil ir un bar y levantarme a alguien con ojos más bonitos que los tuyos.  No, pero yo de necia, quería saber más de tus ojos hechiceros.  Quería saber lo que había detrás de esa mirada.

Hubieron varios días de por medio antes de que lograra encontrar la frase perfecta.  Mire tu fotografía una y otra vez.  Una noche en un instante supe porqué tus ojos me habían cautivado.  Era una noche de tormenta y lluvia.  Era una noche de tormenta como aquella... diez años atrás.  

Diez años atrás yo caminaba sin rumbo en una calle de Paris.  Me había perdido y no encontraba mi hotel.  Había una tormenta inesperada y llovía sin parar.  Los rayos iluminaban el Siena y hacían parecer que las estatuas de los edificios a la orilla del río cobraban vida cada vez que un rayo las iluminaba.   Truenos y relámpagos como en un cuento encantado.

Yo caminaba a prisa con un paraguas pequeño y un abrigo adecuado para los días de septiembre, cuando el otoño se empieza a dejar ver. Era casi la media noche. Habia caminado todo el día cual turista y mis pies y piernas me pedía a gritos un descanso.  Al dar varias vueltas en diferentes callejuelas, siempre regresando al Siena sin poder encontrar mi hotel, me rendí.  Encontré en una callejuela un bar y entré tratando de sacudirme el agua de encima pero sin lograrlo.  

En el bar habían menos de diez personas, casi todos hombres.  Me senté en una mesa de dos sillas en el rincón más acogedor que había mientras me componía mis despeinados y mojados cabellos largos.  El camarero me preguntó que quería de beber y pedí un cognac.  Necesitaba calentarme el espíritu y el cuerpo.

Al quitarme el abrigo y sentarme de nuevo, ya el cognac estaba en la mesa.  Me tomé un sorbo y con la copa en la mano empecé a observar el lugar.  Tenía columnas de madera que combinaban con las mesas y sillas. Las lámparas del siglo XVIII le daban al lugar una luz tenue y apacible.  Las paredes eran de piedra.  El lugar era acogedor y romántico.  Tenía cuadros de las calles de Paris en siglos pasados.

Mientras la lluvia golpeaba las ventanas insistente, una música melódica se escuchaba al fondo.  Era una voz de mujer triste y solitaria.

En ese instante sentí una mirada que recorría de pies a cabeza mi ser.  Era tan penetrante que podía sentirla como un calor invicible que se posaba en cada parte de mi cuerpo.  

Con precaución y lentitud dirigí mi mirada hacia él.  Estaba sentado precisamente al lado opuesto de donde yo estaba.  Su mirada, como la tuya, era cautivadora desde el primer instante.  Su rostro impacible develaba una sonrisa casi nula.  Su mirada en cambio me revelaba todo un universo de sensualidad, misterio y fragilidad combinada con virilidad.

Nos observamos mutuamente por una hora aunque pareció una eternidad.  Ni él dio un paso a donde yo estaba ni yo lo di hacia él.  Ambos bebíamos de nuestras copas sin dejar de vernos.  Terminé mi cognac y el camarero interrumpió el hechizo de esos ojos penetrantes para preguntarme si quería beber más, posando su cuerpo obeso exactamente enfrente de donde él se encontraba. Pedí otro cognac.  Cuando el mesero se movió  y regresé la mirada hacia aquella mesa él ya no se encontraba.  Busqué por todos lados su silueta sin encontrarla.   Me sentía triste de que no me hablara y se fuera así como si nada.

Me bebí el otro cognac en media hora.  Ya para ese entonces la tormenta se había acabado y yo ya había encontrado en el mapa húmedo dónde estaba y a dónde dirigirme.

Pagué y salí del bar.  Comencé a caminar hacia la dirección correcta.  Las calles estaban solitarias y se oían tan solo las últimas gotas de lluvia que recorrían los tejados cayendo hacia los charcos.  

A escasos metros de donde caminaba vi la sombra de un hombre recostado en una puerta.  Me sobrecogí mientras me abrochaba el abrigo hasta el cuello.  Tenia que pasar a la par del hombre asi que procuraba observar cualquier movimiento extraño.  Al acercarme se empezó a revelar su rostro a cada paso.  De nuevo me encontré con esa misma mirada hechicera que me había cautivado momentos atrás.

La impresión de su mirada me hizo detener mis pasos.  Ahora nos observabamos a escasos centímetros de distancia.  Sin decir nada se apartó de la puerta y se me acercó.  Me ofreció su brazo.  Sin saber ni porque lo tomé confiada y caminamos juntos hasta la puerta de mi hotel sin decir palabra pero explorándonos con la mirada.                                           

Después de recordar lo que sucedió esa noche, con una sonrisa maliciosa te escribí:

“Esos ojos tuyos me recuerdan a una noche de tormenta pero fantástica”.

jueves, 5 de julio de 2012

Unas Vacaciones Inolvidables



Mis vacaciones en México ya estaban por terminar.  Había estado en Veracruz por una semana y quería pasar unos tres días en Puebla para luego proseguir a la ciudad de México.  Quería  quedarme en la ciudad por un par de días más y tomar el avión que me trajera de regreso a Ámsterdam. 

De Veracruz a Puebla me dijeron que lo mejor era tomar el bus nocturno ya que eran muchas horas de un viaje tedioso que era mejor aprovecharlas durmiendo.  Este viaje había sido maravilloso exceptuando que lo había hecho sola en lugar de haberlo hecho con el que había sido mi novio.  Un poco antes del viaje nos peleamos y separamos y yo no quise desperdiciar el boleto.

En Veracruz estuve meditando al respecto y aunque sola y triste disfruté de los días soleados,  de la playa, de la comida y de su gente.

Estaba entusiasmada de ir a Puebla.  Me habían dicho que era una ciudad espectacular.   

Se llegó la noche en la que tomé el referido bus , me puse los audífonos e intenté dormir.   Pasadas algunas horas el bus estaba a oscuras. El chófer con el ayudante charlaban y yo no podía dormir.  Acababamos de pasar a un comedor, de esos típicos de carretera.  Habíamos estirado los pies, charlamos, comimos y fuimos al baño.  Siempre ha sido difícil para mí dormir después de que algo me despierta así que estaba bien despierta pensando en lo bonito del viaje a pesar de haberlo hecho sola.  

El bus dio un frenazo repentino.  Se abrió la puerta y entraron varios hombres armados.  Le pidieron al chófer que encendiera las luces y un hombre con un pasamontañas que parecía ser el líder nos dijo:  “ ¡Esto es un asalto, queremos todas las cosas de valor!”.  Me llamó la atención que él era el único que tenía pasamontañas mientras que los otros se cubrían el rostro con un pañuelo y todos llevaban puesta una gorra. Los asaltantes comenzaron  a despojarnos de nuestras pertenencias.   Yo intenté rápidamente buscar mi pasaporte y esconderlo pero como estaba sentada en los primeros lugares no me dió tiempo a hacerlo.   Se llevaron mi bolso con todo:  dinero, tarjeta de crédito, tarjeta de débito, cámara, celular y pasaporte.  Me despojaron también de mi iPod con los audífonos y de un anillo que no tenía mucho valor.  

Luego le pidieron al chófer que abriera el compartimiento de las maletas y poco a poco descargaron nuestras maletas a un pick up que tenían en la parte de enfrente  del bus mientras a nosotros nos seguía apuntando el hombre con el pasamontañas.   Había gente llorando, otros estábamos callados sin decir nada viendo la escena.  El hombre con el pasamontañas nos callaba o nos amenazaba con matarnos.  

En menos de quince minutos acabó toda la operación  y a una señal  se subieron  algunos a una camionetilla que estaba parqueada frente al pickup y otros al pickup y se fueron dejándonos sin nada.   Faltaban todavía seis horas para llegar a nuestro destino.    Sin saber que hacer, el chófer nos calmó y nos dijo que a veces sucedía esto en México.  Nos indicó que podíamos ir a la estación de la policía en Puebla para poner una denuncia y obtener papeles temporales.   

Habíamos varios extranjeros en el bus y todos estabamos muy nerviosos y preocupados.  No tiene nada de gracia quedarse sin dinero ni pasaporte en un país que no es el nuestro.   Las próximas seis horas nos dedicamos a comentar lo sucedido y a tratar de obtener la mayor información posible de la gente local.  Me dijeron que se podía obtener un permiso de salida del país por la perdida del pasaporte y que era aceptado para entrar a Europa.  Esa era mi mayor preocupación.

Al llegar el bus a la estación me bajé sin saber que rumbo tomar.  El chófer nos indicó como llegar a la estación de la policía y un grupo se dirigió ahí inmediatamente.  Eran las ocho de la mañana y lo que menos me apetecía era estar en una estación de policía esperando por horas a que me atendieran.  Revisé las bolsas de mi pantalón y me encontré con 100 pesos.   Por lo menos podía comprarme un desayuno antes de decidir que hacer.  Caminé por las calles aventurando y sin dirección.  Encontré en una esquina un café bonito y sencillo.  Después de escudriñar los precios me senté y ordené un desayuno.    Tenía la mente en blanco, no sabía que hacer.  Al terminar de comer pedí un café y me quedé escudriñando a los demás comensales.  

Había un muchacho que me estaba observando.  Ya me había fijado antes pero no le había prestado atención hasta ahora.  Era un hombre de mi edad, alto, delgado y con un cabello rizado negro que hacia contraste con sus ojos color miel.   Me sonrió y le devolví la sonrisa y seguí viendo alrededor sin dejar de verlo disimuladamente.

Después de un rato nuestras miradas se encontraban a cada momento y no parabamos de sonreir.  Me gustaba su sonrisa sensual y su mirada traviesa.   Por un momento se me olvidó que estaba en problemas.
Se levantó y se dirigía hacía mí  cuando veo que al mismo tiempo se levantan dos hombres de distintas mesas pero iban atrás de él a cierta distancia.  Lo primero que pensé fue: “No puede ser ¡Otro asalto!”.   Se sentó en mi mesa y veo que los hombres se vuelven a sentar en distintas mesas .  Me sorprendí.  El al ver que yo veía a los hombres se río y me dijo: “No te preocupes, son mis guardaespaldas”.   

Su nombre era Eduardo y era el hijo del alcalde de la ciudad.  En un par de horas nos pusimos al día con nuestras vidas.  Le conté por lo que estaba pasando y me dijo:  “Mientras estés acá no te faltará ni casa, ni comida, ni ropa, ni dinero”.   Terminamos enrollándonos y tuve los días más fantásticos de mi vida.  Parecía una persona famosa o del jet set.   Eduardo me llevó a comprar ropa de lujo, zapatos, bolsas, todo lo que se me ocurriera y sin reparos de dinero.  Como su papá era el alcalde, le pidió a su secretaria que me arreglase los papeles que necesitaba para salir del país, sin necesidad de tenerme que presentar a la estación de policía.  Me llevó a restaurantes de lujo, fiestas fantásticas y hasta a su finca con caballerías, ganado y una piscina espectacular.

Sentía como que estaba viviendo un sueño.  A los tres días cuando me tocaba ir a la ciudad de México, Eduardo me rogó que me quedara un día más y que él mismo me llevaría a la ciudad de México.  Pasamos el día en un club haciéndonos un masaje, jugando golf y disfrutando del resto de las instalaciones. Esa noche tuvimos una cena romántica en un restaurante que abrió las puertas únicamente para nosotros.  Había un trío de cantantes de boleros amenizando la noche.   Eduardo me confesó entonces que se había enamorado de mí.   A mi me halagó su confesión pero a la vez me abrió los ojos y me di cuenta que yo no estaba enamorada de él.   Mi corazón todavía pertenecía al chico con el que me había peleado en Ámsterdam.   Aun con ese sentimiento escondido en lo más profundo de mi ser, pasé una noche maravillosa con Eduardo haciéndonos el amor como nunca.

Al siguiente día un helicóptero nos esperaba para trasladarnos a la ciudad de México y yo iba cargada con dos maletas de ropa.  Nos hospedamos en un hotel de lujo y Eduardo estaba muy triste por mi partida.  Yo me había pasado unos días fantásticos con él pero tenía muchos deseos de regresar a Holanda.  Me hacia falta mi vida normal.   Eduardo me llevó al aeropuerto y se le llenaron los ojos de lágrimas al tener que decirme adiós.  Yo me sentía mal porque no sentía tristeza de dejarlo.

Al regresar, por no haberme comunicado por una semana con nadie, mi ex estaba preocupado.  Al comentarle del robo se asustó y me confesó que no se hubiera perdonado si algo me hubiera pasado.  Regresamos en ese mismo instante.  Eduardo intentó comunicarse conmigo pero nunca le contesté sus correos electrónicos.  Pobre chico.  

Eduardo:  Por si me estás leyendo gracias por todo.