miércoles, 11 de febrero de 2015

Las Dos Caras de la Prostitución - 1ra Parte






La prostitución en mi país, Guatemala, es algo inaudito:   la mayoría de las mujeres que ejercen lo hacen por extrema pobreza o porque fueron engañadas o robadas de otros países.   No tienen ningún control de parte de las autoridades estatales así que hay muchas menores de edad que tienen documentos falsos y son recluídas en prostíbulos clandestinos tratadas como esclavas. 

Las condiciones de higiene son precarias, muchas de ellas no usan condón o anticonceptivo.  Nadie controla si tienen enfermedades venéreas.  Ganan poco dinero y muchas de ellas tienen que darle todo el dinero al prostíbulo o a un proxeneta.  Son maltratadas físicamente.  No regresan a sus casas o pueblos por vergüenza.  Algunas de ellas dejaron sus hijos al cuidado de sus familias y no los vuelven a ver nunca.   Usan las drogas para disipar su pena y su tristeza y para aguantar el día a día. No tienen nadie que las represente o nadie que vele por ellas.  Están totalmente desamparadas en un mundo peligroso y hostil.

Hace una semana atendí una plática en Amsterdam para ver el otro lado de la moneda:  La prostitución que se hace a voluntad y que es controlada por las autoridades.   Las mujeres que dieron la plática son unas gemelas holandesas de nombre Louise y Martine Fokkens.  Ellas tienen 71 años y  han publicado tres libros (dos en holandés y uno en inglés) y han hecho dos documentales.  

Antes de entrar al tema de la prostitución quiero explicar qué es el Barrio Rojo en Amsterdam (también conocido como De Wallem).  Hace más de 800 años en el area conocida como el Barrio Rojo había un pueblo porteño que era la entrada al rio Amstel.  El pueblo era como cualquier otro con su iglesia (Oudekerk) y casas llena de habitantes pero al cuál llegaban marineros que habían pasado mucho tiempo sin una mujer.  Eso hizo que se proliferara la prostitución en el area.   En el tiempo actual, el Barrio Rojo consiste en un barrio que pertenece a la ciudad de Amsterdam y cuenta con más o menos 300 ventanas de trabajo para las prostitutas. 

Se llama Barrio Rojo porque la luz de las ventanas son rojas, con excepción de algunas luces azules que indican que en esas ventanas trabajan transexuales.  La prostitución en el Barrio Rojo es legal con excepción de las prostitutas que ejercen en la calle.  Las prostitutas son protegidas por la policía, pagan impuestos y si se encuentran en peligro cuentan con un botón de pánico que al tocarlo llega la policía de inmediato.  El Barrio Rojo es considerado parte de la atracción turística de la ciudad ya que miles de turistas lo visitan noche y día.  Es muy popular entre los destinos para despedidas de solteros sobre todo de ingleses.   En el area, a parte de prostitutas, hay espectáculos pagados para ver sexo en vivo, tiendas que venden artículos sexuales desde juguetes hasta elementos para sadomasoquismo, cuenta con “coffee shops” (lugares donde fumar legalmente la marihuana), bares y restaurantes.

Viven en el area familias y residentes que no tienen nada que ver con la prostitución y tienen sus profesiones en otras partes de la ciudad.


También hay un Centro de Información de la Prostitución donde se hacen giras dirigidas a grupos de turistas explicando todo lo concerniente a la profesión y al Barrio Rojo.  La fundadora de este Centro de Información es Mariska Majoor, una ex prostituta que conoce bien el barrio y el oficio.

La mayoría de las personas ven automáticamente la prostitución como algo malo y/o pecaminoso, como algo que debe esconderse por vergüenza en lugar de exponerse.   

Por eso decidí atender la plática ya que vivo en una ciudad donde la prostitución no se esconde sino que se legaliza, se exhibe y además se controla.  Tenía curiosidad de saber cuales eran las consecuencias de hacerlo de esa manera.

En la plática las gemelas Fokkens explicaron como era la prostitución cuando ellas comenzaron a ejercerla hace 50 años y los cambios que se han visto a través del tiempo.  Louise empezó a ejercer la prostitución a los 21 años.  Ella fue empujada a hacerlo por su esposo quién era una persona violenta y quería que ella llevara dinero a casa.  Ella amaba a su marido y decidió hacerle caso.

Ella explicó que en esa época había que inscribirse en Amsterdam como prostituta  y se hacían varios trámites:  Tenían que llegar a la policía con un proxeneta elegido y presentar su pasaporte.   La policía hacía una investigación para ver si el pasaporte no era falso y si en realidad la muchacha tenía 21 años.  Después de la investigación se inscribía a los dos en el registro.  Louise dice que el proxeneta en ese tiempo era como un representate legal.  Cualquier información o problema él representaba a la prostituta ante la policía.  También él administraba el dinero y las ganancias de la prostituta y declaraba los impuestos.   

En la época actual se tienen que inscribir en el registro mercantil de la Cámara de Comercio.  Habían bajado la edad a 18 años pero la subieron de nuevo a 21 en años recientes.  Prostitutas de otros países no pueden obtener el permiso del trabajo sino son residentes permanentes de Holanda.  

Después de la inscripción en la Cámara de Comercio tienen una entrevista con un operador que supervise si se tiene suficiente conocimiento del idioma holandés, inglés, alemán o español.  También para que las prostitutas conozcan sus derechos y obligaciones y si la persona es capaz de hacerle frente al trabajo de prostitución.  Si el operador después de la conversación tiene dudas que la persona pueda hacerle frente al trabajo de prostitución consulta con el Equipo de Asesoramiento de la Prostitución en Amsterdam y ellos se encargan de investigar más y tomar la decisión. 

Después de que Louise se inscribió en la policía y obtuvo el permiso para ejercer, entonces tenía que buscar un burdel.  En esos tiempos el proxeneta conocía los burdeles y sabía cuál era el más conveniente para la “novata”.    Louise dice que cuando se es novata, las prostitutas con experiencia la entrenaban.  La ponían a observar cómo ellas ejercían (con el consentimiento de sus clientes) o las ponían con clientes de confianza para que la entrenaran.    El estar en una ventana por primera vez es algo que lo pone a uno nervioso y con muchos sentimientos encontrados.  Ella dice que el primer día que estuvo en una puso la cortina medio cerrada y se presentaba un poco tímida.  A los tres días ya tenía la confianza suficiente para abrir enteramente la cortina.  Ella dijo: “Es increíble lo rápido que uno se puede acostumbrar al ambiente”.

Alguien preguntó en ese momento qué requisitos eran necesarios para ser una prostituta y ella contestó riendo: “¡Que sepas dar una buena mamada!  Realmente no se necesitan requisitos especiales para serlo.  Todo ser humano tiene experiencia en las artes del amor en algún momento de su vida”.

Los burdeles son los dueños de las ventanas que se ven en el Barrio Rojo.  Cada burdel se encarga de mantener limpia la habitación, proveer sábanas y toallas y tenerlo todo listo para que las prostitutas empiecen su trabajo.  Las ventanas se podían alquilar por horas o por día.   Las prostitutas eligen la cantidad de clientes primero que nada para cubrir los costos de la ventana y del proxeneta y después para obtener ganancias.  Pero es decisión de cada prostituta la cantidad de horas y los días de trabajo.   

La regla más importante de los burdeles:  es prohíbido trabajar bajo los efectos del alcohol y las drogas.  Esto es porque así están más alertas a la hora de correr peligro con un cliente.   En los tiempos en que Louise y Martine comenzaron su labor el proxeneta se encargaba de que sus prostitutas cumplieran con las reglas.  

En ese tiempo todas las prostitutas se conocían y formaban una hermandad.  Si alguna de ellas tenía una mala experiencia con algún cliente entonces ninguna lo atendía y era “expulsado”.  

También salían de “copas” en su tiempo libre.   Nos explicaron que algunas de ellas se casaron con algún cliente que le pidió dejara la prostitución o que era algún extranjero que se la llevó a vivir a otro país.  Ellas dejaron la profesión por amor y nunca más vieron a alguien regresar a ejercerla.

Louise dice que en cuanto comenzó a ejercer lo hizo a escondidas de su mamá.  Un día su madre vino a verla a la ventana.  Le empezó a gritar que la podía ver, que sabía lo que estaba haciendo.  Louise se escondió y temblaba del miedo porque creía que su mamá la iba a sacar del pelo.  Fue el único enfrentamiento que tuvo con su madre.   Un par de años después su hermana gemela, Martine, empezó a trabajar de limpieza en un burdel.   No fue mucho tiempo después que empezó a trabajar de prostituta y así fue como se convirtieron en las famosas prostitutas gemelas Fokkens.

Yo estaba impactada de escuchar lo bien organizada que era la prostitución en Holanda y como es que dos personas decidieron ejercerla por (casi) su propia voluntad.  Pero más me impacté cuando supe que ambas hermanas Fokkens eran casadas y ya tenían hijos al empezar a ejercer la prostitución.

Louise nos contó: “Yo alquilaba una ventana por día.  Así que iba a trabajar después de que iba a dejar a los chicos a la escuela.  Habían clientes que sabían en que tren yo llegaba y me esperaban a la salida del tren para ayudarme a llevar mis cosas y prepararme para empezar a trabajar.  A medio día cerraba la ventana para ir a traer a mis hijos a la escuela y almorzar con ellos.  Regresaba a trabajar por la tarde y llegaba de nuevo a la hora de la cena a casa para cenar con mi esposo e hijos.  Si la mañana y la tarde me habían dado suficientes ganancias entonces no regresaba a trabajar pero sino, regresaba a trabajar unas cuantas horas más después de la cena.

Aunque trabajara todo el día el lívido por mi marido no cambiaba y cumplía con mi papel de esposa.  Era muy distinto tener sexo con mis clientes que hacer el amor con mi esposo”.  

Pero hay un lado oscuro y confuso en la historia.  Ambas hermanas sufrieron violencia doméstica, abuso y explotación y algunos de los hijos estuvieron en orfanatorios .  Martine estuvo casada dos veces.  Se compenetraron como hermanas y en la época actual ambas están divorciadas y viven juntas en Almere.
En esa época el dinero que ganaban les alcanzaba para todo, inclusive para ahorrar.  Muchas ex-prostitutas de la época han puesto negocios después de dejar la prostitución.  Louise y Martine probaron tener una tienda de información y de arte (porque ellas también son pintoras) pero fracasaron en el intento.

Una de las primeras preguntas que les hicieron fue si seguían ejerciendo el oficio y Martine contestó: “Yo tengo que seguir trabajando porque el dinero de la pensión no alcanza para sobrevivir.  Louise tiene Artritis y no puede trabajar aunque a veces hace algunas excepciones”.   Ambas se ven en ese momento y se ríen demostrando una complicidad peculiar.   Louise agregó:  “ Pero ahora es distinto:  en lugar de darles a nuestros clientes solo 20 minutos detrás de una ventana salimos a comer, a beber o al cine. En otras palabras les dedicamos más tiempo y calidad”. 

 Alguien preguntó si sus clientes eran los mismos de antes o si tenían clientes jóvenes.  Louise contestó:  “ ¡Nuestros clientes son de todas las edades por supuesto!  El más joven tiene 20 años.” 

***La segunda parte de esta historia será publicada la próxima semana***


2 comentarios:

  1. Interesante articulo sobre un tema tan controversial en el mundo entero.
    Una realidad y tabu a la vez en la mayoria de nuestras culturas.
    Legalidad, profesionalismo, salubridad entre otras ventajas bien manejadas por las autoridades holandesas en su territorio y un exelente articulo informativo para el resto del mundo por parte de "LOS CUENTOS DE KUTZ".

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  2. Te agradezco mucho que escuches a las chicas porque la verdad es que esta visión más humana y directa la encontramos muy pocas veces en los medios de comunicación.

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